La Habana. Año XI.
19 al 25 de MAYO de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Entrevista con Ana Laura Barros,
directora del grupo Traslapuerta Títeres, de España
Ana Laura Barros: aureliotiterías de papel
Norge Espinosa • La Habana

De vuelta a Matanzas está la argentina Ana Laura Barros, quien ya nos había visitado en el Noveno Taller con su trabajo dedicado al arte singular del teatro de papel. Traslapuerta Títeres, fundado en 1999, y radicado en España, vuelve para presentar Aureliotiterías y otros cuentos, en el que se vale de la inspiración en el mundo de la plástica para devolvernos el ingenio de Julio Cortázar mediante su mundo de cronopios y famas. El montaje, desplegado sobre una mesa a partir de las múltiples formas que una pirámide de cartón puede mostrar, abriéndose y cerrándose según quiera la actriz y directora, funciona como un retablo surrealista en el que estos personajes dicen sus verdades, y dejan oír, incluso, la voz del autor de Rayuela. Sobre esta propuesta, que demuestra la calidad y las búsquedas nuevas de una artista ya conocida entre nosotros, hablamos con ella en el patio del Museo Farmacéutico, donde se representaron las Aureliotiterías

Cuando presentabas tu espectáculo lo definías como un resultado menos convencional que el otro montaje tuyo que hace dos años se pudo ver acá. ¿En qué medida te atrae la idea de experimentar y romper las convenciones de algo a lo que guardas, como actriz y directora, tanta fidelidad: el teatro de papel?

Como sabes, el teatro de papel tradicional es demasiado rígido, permite muy poca posibilidad de movimiento aunque se pueden contar historias como lo hacen otras compañías. Solo hice así mi primer espectáculo, y a partir de ahí, siempre trabajando con papel y cartón y con personajes planos, he ido a otras búsquedas. Aquí, en Aureliotiterías traigo una escultura y no un teatro como soporte de las pequeñas historias. Es que creo que si nos quedamos solo con los retablos convencionales estamos negando que la técnica crezca, lo cual es más problemático si piensas en que hay poca gente haciendo este tipo de trabajo.

¿Cómo creaste el diálogo con la obra de Aurelio Suárez, combinándola con los famosos textos de famas, esperanzas y cronopios de Julio Cortázar?

La figura del cronopio principal surge de una obra de Aurelio que ya conocía, desde antes de que me encargaran el espectáculo, y que se llama “Amador de flores”. He leído mucho esos textos de Cortázar y cuando vi la pintura me dije: “ese es el cronopio”, lo visualicé y está ahora en el espectáculo, es la sexta historia. Luego, he buscado en el resto de las obras de Aurelio, que están en el fondo del museo para el que hicimos la puesta. Ahí hay 34 piezas suyas, que son las únicas suyas en exhibición porque las demás están en colecciones privadas. De todo eso escogí cuatro, leyendo los textos de Cortázar para ver quiénes podrían ser los otros personajes. Tuve bastante para escoger y también tuve que desechar en función de lo que quería en el espectáculo. Pero el punto de partida fue ese, el “Amador de flores”.

Ya por último, ¿cómo te ves hoy a ti misma, en tanto parte de este pequeño grupo de personas devotas al teatro de papel, tras la experiencia que has tenido con maestros tan notables como Alain Lecouq: como una continuadora, una experimentadora ansiosa de más rupturas, con la vista y el pensamiento ya en el futuro del teatro de papel?

Vengo de trabajar con varios maestros, como Toto Villarroel, al que conocí en Argentina, y después ya otros fueron apareciendo y me fueron formando, entre ellos, claro, Alain Lecucq, que es muy importante, sobre todo porque creo que sus espectáculos son más tradicionales, no así su discurso. Fue muy bueno estar con él, compartir ideas, y luego participar en el encuentro que tuvimos en la zona de Francia donde él vive varios de los que estamos haciendo esta técnica resultó muy estimulante, en el 2010. Ahí nos juntamos gente de distintos países y eso resultó muy positivo, porque como te digo somos pocos, y al trabajar en esto solo o sola, puedes tener buenas ideas y mucha imaginación, pero lo confrontas únicamente contigo mismo.

Hablar con otros que tienen este mismo interés, ver lo que hacen, incluso cuando no te interese ese camino, también es muy estimulante.  Necesitas ver eso, y te hace pensarlo todo de otra manera. Lo mismo me ocurre con los talleres, en los que también sigo experimentando y aprendiendo, porque los niños, los jóvenes y adultos hacen cosas asombrosas, que te provocan, y que te ayudan a rehuir esas convenciones acerca de cómo recortar, o qué tipo de texturas puedes emplear en tu trabajo, y que los acerca a una técnica que han visto poco, que no conocen, o que algunos recuerdan de los viejos teatritos, pero que generalmente les seduce, y les gusta.
 
 
 
 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.