La Habana. Año XI.
12 al 18 de MAYO de 2012

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Muestra expositiva en el pabellón cuba:

Espacios compartidos

Abel Sánchez • La Habana

Fotos: Kike (La Jiribilla)

La sede de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), el Pabellón Cuba, acoge una de las muestras oficiales de la Oncena Bienal de La Habana, con una exposición dedicada, por supuesto, al arte joven. Creaciones compartidas fue inaugurada el pasado domingo y agrupa a 19 jóvenes de 11 países.

José Manuel Noceda, curador de la muestra junto con el artista Rewell Altunaga, explicó que esta propuesta tiene lecturas un tanto diferentes de otras anteriores hechas en el mismo lugar, porque aquí se juega con elementos constitutivos o funcionales del espacio y se exploran los distintos niveles de comunicación del arte con el público.

Esto uno lo aprecia desde la entrada principal, donde el espectador tiene que transitar bajo una estructura de madera de la que cuelgan cientos de cucharas mecidas por el viento. O cuando sube las escaleras y sufre un sobresalto “Sospechosos”, con la obra de Cuco Suárez, varios marcos metálicos, parecidos a los detectores de los aeropuertos, en los que se activa una alarma al paso de las personas y una voz metálica les asegura: “Sabemos quién eres, te tenemos controlado”.


"Sospechosos", Cuco Suárez

Una vez dentro, se llega a un pasillo tenebroso, a oscuras, con un olor a rosas que no deja de ser inquietante. En medio del camino, alumbrado por una sola luz, aparece “El Príncipe” (2007), de Naivy Pérez, un príncipe negro sembrado sobre un solitario montículo de tierra.

Al volver a la luz, a medida que desaparece la ceguera inicial, uno va descubriendo, poco a poco, que el Pabellón Cuba se ha transformado en una inmensa galería de arte, aunque no en el sentido tradicional. A su derecha, por ejemplo, en el mismo lugar desde donde muchas bandas jóvenes han ofrecido conciertos, verá un graderío. Este mira a Cuba, por así decirlo, una mesa de billar que, en lugar de ser rectangular como dictan las reglas, tiene la forma de la Isla. La pieza es “Encuentro irregular: Nivelación del campo” (2012), de Tony Labat.

Luego, al bajar, el espectador descubre que las columnas han dejado de serlo para transformarse en cuadros. Una serie de cuadros en los que aparece uno mismo con fragmentos encima de “Escritura y temblor”, de Patricio Marchant. Obviamente, son nueve espejos con textos autoadhesivos que reflexionan sobre el cuerpo o sobre nosotros mismos. Los trajo Nury González desde Chile, quien le asegura a todo el que se asome a su obra: “Cuerpo hay ahí” (2012).

Un poco más allá, llegamos a una cocina. Las cazuelas están listas y reverberando, pero en ellas no se prepara sopa, sino arte. La pintura que hierve en esos calderos, es una metáfora de la vida en común, o “Common life” (2012), de Beatriz Lecuona y Óscar Hernández.


"Common life" (2012), de Beatriz Lecuona y Óscar Hernández

Muy cerca, está la bicicleta traída por Lin Shin de China, un artefacto que recuerda a los limpiabotas de La Habana, pero, en este caso, sirve para lavar los pies. Junto a ella se encuentra el televisor autorreferencial de Maksaens Denis, de Haití, en el que aparece un hombre mirando otro televisor y autoflagelándose, metáfora bastante evidente de cuánto puede embrutecernos.

Justo en medio del pabellón, uno puede entrar a la casa invertida de Haubitz-Zoche y observar, con los pies en el techo, el video de dos mujeres haciendo nado sincronizado de cabeza, como la casa. Luego, muchos salen tambaleándose a causa del vértigo que ya vaticinaba el título de la obra.

A un costado, han implementado una serie de cabinas en las que se muestran diferentes instalaciones. En la de Aluán Argüelles, por ejemplo, un hombre nos juzga con su mirada desde la pantalla. El Colectivo Quintapata, de República Dominicana, invita a los visitantes a mascar chicle y dejar la goma, y estos, obedientes, los pegan sobre las caras de cuatro individuos que advierten por qué no se debe masticar chicle.


"ADN", Colectivo Quinta Pata

Iván Capote, por su parte, grafica el sonido de unas claves de madera con los propios instrumentos. Mientras Mauricio Abad nos asegura que “existe el silencio, pero si gritas, la vida se llenará de color”, y al hacerlo, en efecto, la pantalla se ilumina, pero aparece una serie de personas a las que uno difícilmente podrá escuchar a causa de sus propios gritos.

Afuera, la brasileña Lia Chaia incita al espectador a que se atreva a caminar usando sus chancletas de madera en forma de flechas que apuntan hacia todas direcciones. Luego, cuando este lo hace, descubre que hay una mirilla siempre apuntándole.

Obviamente, estas no son todas las obras, pero la idea queda bastante clara: la exposición se integra al espacio, a sus pasillos y concavidades, columnas y vigas. De forma tal que el pabellón, en sí, se convierte en una sola pieza. Y el espectador, a medida que se adentra, vive una experiencia única e irrepetible, de esas que solo puede provocar el arte.
 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENES

Oncena Bienal
de La Habana

 


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Exposiciones colaterales de Arte cubano contemporáneo

 


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CIFO: Una mirada múltiple

 


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Muestra colectiva:
Detrás del muro

 


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País de gigantes, escultura y performance de Kcho

 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.