La Habana. Año XI.
12 al 18 de MAYO de 2012

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Luchar más allá de la homofobia

Norge Espinosa • La Habana

Fotos: Víctor (La Jiribilla)

A lo largo de todo el jueves 10 de este mayo caluroso, volvió a llenarse la sala Villena de la sede de la UNEAC con un grupo de artistas, creadores, especialistas, intelectuales y escritores convocados para dar fe de nuestro saludo al Día Mundial de Lucha contra la Homofobia.  
 

La fecha, que se celebra cada 17 de este mes, tiene ahora su adelanto en el diálogo febril que desde las primeras horas de la mañana nos mantuvo en dicho sitio, hasta la clausura que a las cinco de la tarde puso fin a la secuencia de poemas, presentaciones de libros, debates y proyecciones en los cuales lo erótico, y la defensa al derecho de una libre orientación sexual, respetado por todos y cada uno de los que hoy en este país anhelan un futuro donde la palabra cambio sea también el derecho a tantas otras cosas, era solo una parte de lo que en verdad allí se manifestó.  

Luchar más allá de la homofobia, con la perspectiva de señalar desde este enfrentamiento particular el rechazo a otras actitudes no menos regresivas en pos de una imagen que nos integre cabalmente como Nación y alcance a hacer entender que la diversidad no basta como simple consigna o aspiración inmediata, es lo que sucedió verdaderamente en esta sala, en este día que combinó voces y pareceres, criterios y polémicas, desde la intensidad con la cual los cubanos debiéramos discutir y abrazar ciertas cuestiones, desde la pasión que pareciera exclusiva del último juego de béisbol, y que ya, sin embargo, pueden entenderse como demandas mucho más importantes.  

Desde las paredes de la sala Villena, nos miraban los rostros nocturnos fotografiados por Eduardo Hernández para su serie The wall, en la que se enlazan fragmentos de esas noches habaneras con líneas de “La isla en peso”, el fundamental poema de Virgilio Piñera. A esa figura mayor, incómoda y progresiva, cuyo centenario el país ahora alcanza mediante ediciones de sus obras, un próximo evento internacional alrededor de su legado y permanencia, y puestas teatrales, se dedicó toda la jornada. Un panel acerca de su relación con las claves de la sexualidad y lo cubano tuvo entre sus miembros a Antón Arrufat, esencial en la recuperación de lo piñeriano, y a los investigadores David Leyva y Abel Sierra Madero. Este último habló de la isla, en los conceptos de Virgilio, como un closet del cual el poeta, narrador y dramaturgo no exigía salir para encontrar un país verdadero, libre de atavismos y convenciones relacionadas no solo con lo erótico. Desde esa voluntad se produjeron la mayoría de los gestos y las conversaciones que tuvieron lugar en la Villena, mediante la proyección de cortometrajes de ficción o documentalísticos, como AM y El evangelio según Ramiro o Camionero, que presentara su director Sebastián Miló.  

Enrique Pineda Barnet, Nancy Morejón, Miguel Barnet estuvieron en la mesa central durante distintos momentos, junto a creadores y especialistas más jóvenes, que con su pujanza, irreverencia y ánimos demostraron la variedad de juicios y pensamientos que esta batalla contra la homofobia y otros males semejantes puede activar entre nosotros aún de modo más contundente. 

Un instante de particular interés lo fue la presencia del escritor cubano, radicado hace algunos años en Madrid, Julián Martínez; acompañado por la poeta, investigadora y activista española María Castrejón. Amén de presentar sus libros (Erótica de los nombres y Volveré mucho más tarde de las doce, respectivamente), ofrecieron un vistazo a cómo se debaten las cuestiones de política y estudios de género en la nación ibérica, movilizando ideas y conceptos a manera de provechoso intercambio sin dejar de ser personas que, desde la creación artística y literaria, pueden discutir con ese mismo proceder.  

Es la primera vez que en estos encuentros organizados en la UNEAC desde hace ya cinco años, podemos contar con voces que, desde otras latitudes, nos aportan otra clase de caudal informativo, en un acto que no solo nos relacionó con lo que ellos aportaron, sino que además nos permitió cruzar palabras que sirvieron a todos de retroalimentación. Como responsable de estas acciones, confieso la alegría que tal coloquio me produjo, pues creo que el reflujo de datos, volúmenes, textos, anécdotas incluso, debe multiplicarse para dejarnos saber de qué manera este batallar se produce en otros sitios, culturas y realidades, a fin de darnos recursos para entender de manera más amplia y activa algo en lo que vamos dando los primeros pasos. 

Con la presencia de Mariela Castro y otros representantes del CENSEX y el Centro Nacional de Prevención, se lanzaron las publicaciones de estas entidades. Desde la cultura, el juego reside en lanzar interrogantes más complejas y agudas al ámbito de la salud y la legalidad, para que se entienda que no se trata solo de una lidia por cuestiones de sanidad o logros civiles, sino que, partiendo de ello, logre dilatar el mapa de concepciones y retos en procesos que no deben darse por cerrados jamás. El ser humano, el cuerpo humano, es una metáfora que devora mitos, que los produce y segrega desde una dinámica veloz con todo lo que interactúa. Las libertades de ese cuerpo, los símbolos que emanan de él y lo convierten en un concepto político, moral, erótico, cultural, ético, son el motor de otras tantas libertades en términos de grupo, comunidad, sociedad, nación.  

Los debates alrededor de lo que una voluntad personal y específica anima en relación con todo ello, deben rebasar las convenciones que el machismo, la homofobia y otros obstáculos semejantes aún imponen entre nosotros. Apostar por ello desde la cultura, polemizando con todo ello desde la dignidad y la veracidad del talento, es la labor primordial de escritores, artistas, gente de pensamiento en nuestro país. No para provocar la aparición una tolerancia oficializada, sino para dar visibilidad al rostro cada vez más auténtico de un país que, en su inmediata agenda de cambios y progreso, no debe olvidar que ello implica la asunción de rostros y cuestiones que, desde lo sexual y el deseo, también “son” el país. Lo definen en muchas otras dimensiones.  

Cada vez que culmino un día como este, el único estado de ánimo que me embarga es el agotamiento. Agradezco desde aquí a todos y cada uno de los nombres que aparecieron en el programa de acciones que ocupó la sala Villena de la UNEAC en este 10 de mayo. La calidad y sinceridad de sus palabras son el mejor alivio para el cansancio que aún me embarga y contra el cual lucho ahora mismo para redactar estas palabras. Y del que tendré que sacar fuerzas secretas para no dejar de estar en la noche del viernes durante la gala de transformistas que inundará el escenario del Karl Marx, a fin de corroborar o ampliar lo que sobre ese arte del disfraz y la seducción discutimos en uno de los paneles organizado aquí por el proyecto Mirar desde la sospecha. E irme el sábado en la mañana con la conga que subirá Rampa arriba hasta el Pabellón Cuba, para presenciar allí durante buena parte del día cómo gays y lesbianas, heteros- y trans-, gente de cualquier raza, edad, noción política, etc., comparten un mismo espacio sin que por ello, a pesar de lo que otros temen, se caiga el país o se reblandezcan ciertos muros.  

Estar y participar es otra manera de luchar y discutir, no para seguir ciegamente el ritmo de la música que nos lleva de un punto a otro, sino para querer organizar desde esa sintonía nuevas maneras de repensarlo todo, debatiendo el proyecto, sacudiéndolo de vez en vez para no creernos cercanos a un triunfo engañoso. Habría que luchar mejor para evitar esa sensación a ratos doliente de que solo hablamos de estas cuestiones con la intensidad necesaria al acercarse el mes de mayo, o conseguir que la prensa y sobre todo la televisión fuesen más consecuentes con estas demandas, dejándonos ver lo que se hace a favor de una concepción más plena no solo a través de las advertencias que, como dictadas por una voz superior en tono admonitorio, nos advierten del peligro de una u otra enfermedad de transmisión sexual.  

Lo que digo y repito: se avanza y no es aún bastante. Falta mucho por hacer, muchas manos y mentes por atraer a este proyecto. Porque no se trata, insisto, de luchar solo contra la homofobia. La batalla es aún mayor, en pos de cambios mucho más grandes. Por eso no me dejo arrastrar por el cansancio, y sigo levantándome para continuar. A mi manera, tal y como lo son muchos de los que compartieron ese día en la sala Villena, todos somos soldados de una causa que cada día se nos vuelve más necesaria.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.