La Habana. Año XI.
12 al 18 de MAYO de 2012

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Fátima Patterson, directora de Teatro Macubá
Honrar la memoria
Helen H. Hormilla • La Habana
Fotos: Cortesía de la autora

Desde los extremos opuestos del escenario, dos mujeres lanzan interrogantes, posibles trayectos hacia destinos verdaderamente justos. Bien pueden ser una misma, mitades en las que inevitablemente se debate el ser femenino como parte de una herencia que pone cotos, dispone y estandariza la libertad y los sentidos. Frente a ellas, cuatro recogedoras de café intentan encontrar un camino con el que, tal vez, logren superar aquellas barreras que debieron enfrentar sus antepasadas. Y cuentan historias, las suyas y las de otras muchas impuestas para llegar al lugar esperado.   

Iniciación en blanco y negro para mujeres sin color, la más reciente puesta en escena de Teatro Macubá, dirigido por Fátima Patterson, resulta una provocación, un enigma. La directora se sumerge en los dilemas de la identidad femenina, construida sobre la base de una exclusión social y a la vez en relación con otras muchas dominaciones y símbolos.

El colectivo escénico de Santiago de Cuba llega con esto a sus 20 años de trabajo y lo celebra como parte del evento Mayo Teatral, que convoca de manera bienal la Casa de las Américas. Desde hace varios años, el grupo cuenta con una sede en la calle Enramada de la ciudad, en la cual, además de presentar cada fin de semana su repertorio, dan cabida a otras propuestas artísticas a manera de café-teatro. “Aquí estamos desde 1999, trabajando sostenidamente para construir nuestra casa, con nuestras propias manos, y eso nos da la seguridad de poder presentarnos con regularidad y hacer lo que queramos”, sostiene la teatrista.

Macubá, cuenta Patterson, quiere decir Madre Cuba, y esa fue la razón por la que eligieron el nombre para el grupo fundado en mayo de 1992 por dos hombres y cuatro mujeres. Los antecedentes pueden hallarse en el Cabildo Santiago y el Conjunto Dramático de Oriente, a los que pertenecían los integrantes del conjunto, que hoy ya suma 15 miembros.  

Patterson, procedente de la radio y la televisión, siguió una estética que bebe del teatro popular, con presencia de componentes del folclor cubano, los patakines y las tradiciones orales del palo monte, el panteón vudú y la poesía caribeña. Imprescindible para la formación de los actores ha sido su entrenamiento en la música, la danza y la narración oral, presentes en todas las puestas. Fueron de este colectivo las primeras mujeres que tocaron en la Isla los tambores batá, sin importar las críticas de las personas aferradas a las prohibiciones de que manos femeninas interpreten desde este instrumento sagrado para la religión yoruba.

Macubá sigue dos temas fundamentales: la mujer y la muerte. La religiosidad popular, vista desde el sincretismo que prima en la sociedad cubana, es otro de sus elementos distintivos. “He trabajado con la tradición de la religiosidad popular desde la teatralidad”, asegura la directora. “Nosotros pertenecemos a una determinada zona del mundo, estamos en el Caribe, en Cuba, en Santiago, y la cultura popular es muy rica como para renunciar a ella”.

La temática de la mujer llega desde una de sus primeras obras, Repique por Mafifa, interpretada y escrita por Patterson a partir de la vida de Gladys Linares Acuña, la última campanera de la centenaria conga de Los Hoyos, de Santiago de Cuba. “Era una mujer de la cultura popular, negra, pobre, y llegó a trabajar en una agrupación totalmente machista. Se fabuló mucho sobre su vida, pero ella se hizo respetar y cuando murió, en 1984, hicieron una ceremonia muy emotiva con la conga y la banda municipal. Por primera vez la agrupación acompañó a uno de los suyos hasta su última morada”, cuenta la creadora.

Desde las narraciones orales presentadas por el grupo, también se sumergían en cuestionamientos de género. Sobre todo al trabajar alguno de los patakines, privilegiaba y reconceptualizaba aquellos referidos a las mujeres diosas. Sin embargo, no es hasta Iniciación en Blanco y negro para mujeres sin color, estrenada en julio de 2011 durante el Festival del Caribe, que cristalizan de manera consciente esas inquietudes.

“En esta obra se concretó todo el pensamiento y el discurso que venía teniendo sobre el tema de la mujer. Si te dijera que mi intención fue hacer una obra de teatro feminista te estaría mintiendo. Fueron coincidencias, casualidades, la vida misma que te va planteando retos y la visión de lo que va pasando a tu alrededor que nos hace ir creciendo. Quisimos establecer un diálogo con la mujer y con los otros seres humanos que pueblan el universo, sobre todo para hacernos preguntas que están sin respuesta. ¿Los conceptos que manejamos son realmente los que nos sirven para definir las cosas cotidianas? ¿No hay conceptos y definiciones que pueden estar distorsionados? ¿Yo sé lo que quiero ser? ¿En qué momento me di cuenta de cuál es el camino? ¿Era recto, no hubo obstáculos?”.

Salvar la memoria, desenterrar pasados dolorosos es una manera de rendir homenajes a una estirpe. “No quiero permitir que se olviden ciertas cosas. Mi madre me contó que su abuela esclava le cortó la cabeza al mayoral porque la había violado y la golpeaba. Un día él vino con el látigo y ella no se dejó golpear, le cortó la cabeza. ¿Esa mujer es honrada? ¿Quién honraría a esa mujer? La honro yo, porque esa es mi memoria”, reivindica.

“Mi carrera se definió cuando comencé a darme cuenta de quién era: una mujer nacida en el centro de Los Hoyos, negra, pobre, hija de una serie de circunstancias a las que me debía. Descubrir mi raigambre fue importante para aportar una visión de la mujer en nuestro país, pues, aunque estamos privilegiadas, debemos hablar de los problemas que se mantienen. Esta discusión nos la debemos en toda su profundidad, aunque se está acometiendo ahora, se está yendo a la raíz de las problemáticas para que visibilicemos nuestros conflictos, porque a veces no nos percatamos de que somos agredidas, atacadas, no solo de manera física, sino psicológicamente. Pasamos por la vida sin reparar en esta situación y sin tratar de detenerla.”

Para Patterson, una de sus contribuciones es justamente escribir la obra, llevarla a escena y lograr que muchas mujeres la vean. El trabajo comunitario, asentado en elementos de la cultura popular, los ha trasladado a los barrios, los parques, las calles. “Por las comunidades llevamos problemáticas de todo tipo, porque el teatro tiene una incidencia social muy fuerte. No siempre tenemos las soluciones, pero planteamos el problema para que la gente se de cuenta de que algo está funcionando mal”.

A las cuestiones de género la teatrista entrelaza todo un sistema de discriminaciones que tienen que ver también con la raza o la posición social. “En Santiago no estamos excluidos de ese fenómeno, porque es una provincia muy mestiza y a la vez muy machista. El problema negro existe todavía y solo se resolverá cuando lo podamos discutir abiertamente. Ese será siempre mi teatro, porque lo siento como una responsabilidad social y obligación”.

Fátima prepara ahora una nueva puesta llamada Ropa de plancha, inspirada en la vida de su madre, quien fue lavandera y planchadora. “Con ese trabajo sostenía a la familia, queriendo siempre sobresalir sobre las miserias y las desgracias. Ella se quedó huérfana con 3 años y aunque pasó muchos avatares insistía en no ser tragada por la marginalidad. Tuvo un interés por estudiar y aunque no lo pudo lograr, era una lectora infatigable. La obra trata de esa resistencia de algunas mujeres, resueltas pese a todo a uno perecer”.

Trabajar con el legado cultural cubano es para Patterson su principal premisa. “Soy una mujer que respeta su cultura y conozco que solo esta me permite volar, expresarme con mayor libertad y liberarme de muchos prejuicios que todavía subsisten en la sociedad”.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.