La Habana. Año X.
5 al 11 de MAYO de 2012

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Semana Cultural del Ecuador en cuba

Germen y posibilidad

Edel Morales • La Habana

Foto: Víctor Junco (La Jiribilla)

 

Un evento de particular significado para las letras y las artes ecuatorianas y cubanas tuvo lugar en La Habana entre el 25 y el 28 de abril de 2012. Su trascendencia puede significarse por lo que mostró en sus sesiones de trabajo acerca de las maneras de ser y de hacer en el Ecuador de hoy, por lo que tuvo de intercambio profundo, pero también —y es mi lectura más estricta— por lo que sembró de germen y posibilidad para contactos futuros entre artistas, escritores, lectores y públicos inteligentes de ambos países.

En una semana donde Los días de la danza y el Festival de cine francés —eventos de largo arraigo en el panorama cultural cubano— captaban la máxima atención de los habaneros, junto a los últimos juegos de la Serie Nacional de Béisbol, no escapó a la mirada de los más avezados escrutadores de la programación artística, la importancia de la realización de la Semana Cultural del Ecuador en Cuba, una iniciativa de acercamiento desde la creación artística que merece elogio y continuidad.

Organizada por el Ministerio de Cultura de Ecuador y la Embajada del Ecuador en Cuba, con la participación del Ministerio de Cultura de Cuba a través del Instituto Cubano del Libro, la Semana Cultural del Ecuador en Cuba centró su fuerte presencia en las letras, pero abarcó también la música, el cine, y puestas en escena de teatro y danza. Muchas de las actividades tuvieron lugar en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, principal institución coordinadora por la parte cubana, pero también en la Basílica Menor de San Francisco de Asís, el Multicine Infanta, la Sala Lumière, la Casa del Alba Cultural, la Casa de la Poesía y la Casa Guayasamín, donde se realizó el recital de clausura. Músicos como el maestro Palacios y Cecilia Tapia mostraron su clase, y un nuevo cine que puede mostrar películas y documentales como Abuelos, internacionalmente reconocido, mostró credenciales de lo que viene y lo que ya es.

En las letras, la presencia entre nosotros de seis autores ecuatorianos de los más contemporáneos, permitió confirmar algo que se viene oliendo en el ambiente literario latinoamericano: la emergencia en Ecuador de una literatura muy bien plantada, que no renuncia a su tradición, realiza nuevas lecturas de sus autores clásicos, y crea desde ella misma con rotundidad y soltura, en diálogo vivo con sus circunstancias, individuales y colectivas, nacionales, regionales y globales, y late con la emoción del momento de cambio en que vive inmersa. Una literatura diversa por sus temas, sus contenidos específicos, sus formas y su manera de proyectarse ante el público, con todo lo valioso que tiene esa diversidad cuando es auténtica en su expresión de lo particular y no renuncia sino que busca el diálogo con el otro.

Las conferencias sobre autores como Humberto Salvador, Jorge Carrera Andrade o Pablo Palacios permitieron palpar cómo se lee hoy una tradición que mezcla autores muy conocidos y reconocidos (Carrera Andrade, observado por la mirada altamente cómplice de Aleyda Quevedo y Marialuz Albuja); menos difundidos de lo que a primera vista parece (Palacios, bien  revelado por Siomara España); y alguien casi desconocido fuera de los más estrechos círculos de la ciudad letrada, quizá por ello mucho más llamativo para su reconsideración por los nuevos (Salvador, tan magistralmente presentado por Juan Secaira, probablemente su más consistente estudioso).

Muy significativas también y particularmente emotivas, fueron las presentaciones de Javier Cevallos en la Casa del Alba Cultural, en su homenaje desde la escena a Eloy Alfaro, y el performance danzario de Juan Carlos Miranda, en la Casa de la Poesía, para revelar la amplitud de mirar de estos artistas.

Intensas fueron las varias lecturas poéticas realizadas por estos seis escritores: Albuja, Ceballos, España, Miranda, Quevedo y Secaira mostraron cada uno y todos de conjunto la riqueza de sus voces poéticas, presentadas desde una variedad que expresa mejor que cualquier declaración su no filiación a grupos o tendencias artísticas específicas. La Habana fue, para varios de ellos, el primer lugar de encuentro personal, y supieron aprovecharlo: mostrando sus calidades, intercambiando con sus colegas, obsequiando libros, dejando ver su rasguño en la piedra. Algunos eran conocidos por los escritores y lectores cubanos de visitas anteriores pero la mayoría fueron revelaciones de estos días.

Como buena muestra de presencia colectiva y vía para la continuidad de lecturas más allá de sus presencias, siempre hubo a disposición del público asistente ejemplares del libro De la ligereza o velocidad que también es perfume. Seis poetas contemporáneos del Ecuador, publicado para la ocasión por el Fondo Editorial del Ministerio de Cultura del Ecuador, que muestra en su portada una hermosa acuarela de Miguel Betancourt, una expresión del esfuerzo editorial en los años más recientes y de los nuevos caminos que intenta transitar la cultura ecuatoriana, apostando también por su promoción desde el servicio institucional y el hacer ciudadano. 

Por la parte cubana, hubo presencia acogedora y solidaria en todas las sedes. La repercusión alcanzada en los medios de comunicación y espacios digitales fue favorable. Las revistas Amnios y La Letra del Escriba han publicado o preparan la publicación en sus páginas textos de estos autores, para ampliar el diálogo con los lectores del país. En varios de sus espacios de lecturas, los escritores ecuatorianos solicitaron la participación también de poetas cubanos, lo que permitió hacer más estrecho el intercambio artístico y la amistad personal, ampliando la posibilidad de que la imagen actúe, en su hacer infinito, y esta Semana de la Cultura Ecuatoriana en Cuba trascienda más allá de sus días, desde una clave establecida en la hermosa complicidad de estas jornadas, hacia un tiempo donde el arte y la poesía funden un mundo porvenir.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.