La Habana. Año X.
5 al 11 de MAYO de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Siomara España: De frente a su realidad

Helen H. Hormilla • La Habana

Foto: Víctor Junco (La Jiribilla)

Que no se diga de esta agua no bebí/en esta tierra no viví/en esta cama no soplaron huracanes/y volaron como cartas los espejos (…) Porque fui nieve y serpiente/mujer y viento/y después de viento arado/después de arado tierra y su simiente./ Que no se diga nunca/se fue sin intentarlo/porque caí mil veces/ante el hondo/transitar de las palabras.

Con estos versos se confiesa la poetisa ecuatoriana Siomara España Muñoz, como si se tratase de un exorcismo devenido arte poética. Su voz es hoy una de las más sobresalientes dentro de la joven hornada literaria de su país, que distingue por el arrojo y la libertad al elegir los temas y formas con que se hará verso.  

Nacida en 1976, cuenta ya con varios premios como el de “Poesía Universitaria” de la Universidad de Guayaquil y el de los Juegos Florales de Ecuador, este 2012. Ha publicado los libros Concupiscencia (2007), Alivio demente (2008) y De cara al fuego (2011) e integra la nómina de varias antologías dentro y fuera de su país.

Junto a otros cinco poetas estuvo en La Habana durante la Semana Cultural de Ecuador en Cuba, celebrada del 26 al 29 de abril, donde ofreció recitales de poesía y una conferencia sobre la obra del escritor ecuatoriano Pablo Palacio.

La música la llevó hacia la poesía, cuando escuchaba los textos de poemas ecuatorianos musicalizados al ritmo del ritmo tradicional del pasillo, y poco a poco se fue acercando a las letras. Al principio le producía terror publicar porque en esos versos habitaba un pedazo de su intimidad. “Romper esa barrera y publicar lo logré en los primeros años de universidad, influida por el gran poeta y ensayista que es Rodrigo Pesantes Rodas. Él fue la persona que me incentivó a publicar después que conoció mis primeros escritos. Me dio el empujón que tal vez me hacía falta y con eso llegaron luego varias publicaciones de antologías y mi primer poemario Concupiscencias”.

La suya es una poesía que tiene mucho de riesgo, de desnudez espiritual

Siempre trato, a pesar de que tengo mucho acercamiento con el lenguaje porque acabé siendo maestra de literatura, de que mi norte sea la sencillez del decir. No me gusta “crucigramarme” porque se pierde el concepto de la poesía que es la universalidad. Me interesa que cualquier persona, sin importar condición, mentalidad o registros verbales pueda tener claridad cuando lee un texto mío. La característica es ser más frontal a la realidad pero de manera sencilla, siempre acompañada de la musicalidad como condición de mi poesía, para que guarde la armonía que la acerca a su primigeneidad: la lira.

Algunos de sus poemas se preocupan también por comunicar desde la visualidad.

La Casa vacía tiene forma de casa en letras y se trata también de un juego a la manera de los caligramas de Huidobro. En mi último libro llamado Construcción de los sombreros engalanados hay presencia de esos caligramas, como si fueran señales para dar la idea que quiere proyectar el poemario.

En el contexto de Ecuador, ¿es sencillo publicar poesía cuando se es joven?

En nuestro país el tema de la publicación es económico. Desafortunadamente si no tienes el dinero para publicar por medios propios, tu primer libro es casi imposible. De ahí la importancia de las antologías tanto de poesía joven, como de obras más consolidadas. Así, los que no han tenido la posibilidad de ver publicado un libro al menos están en las antologías. Pienso que cuando se conozca la poesía en sentido general cada quien tendrá su propio norte y será el lector quien diga si es bueno o no.

¿Existen caminos comunes en la nueva generación de poetas ecuatorianos?

Hace dos años, justamente en el Centro Dulce María Loynaz de La Habana, ofrecí una conferencia sobre la poesía anafórica, una vertiente de toda Sudamérica en lo últimos tiempos. Soy gran consumidora de la poesía joven y veo esa tendencia a la repetición por todo el continente, tal vez bastante marcada por la época en que vivimos, de tecnologías, de publicidades que nos hacen repetir mensajes mil veces en nuestras cabezas. Estoy convencida que de alguna manera esa repetición se ha trasladado a la poesía, usando la anáfora para concretar una idea y decir estoy presente. En el sentido ideotemático hay una amplitud absoluta. Cada quien desde su visión lanza el discurso de su poesía.

¿Cómo se recibe la literatura cubana en Ecuador?

Con mucha riqueza. Estamos cada día más involucrados con las letras cubanas, sobre todo por la calidad. Ustedes son un referente universal y hemos tenido la oportunidad de que nos lleguen muchos libros suyos. El intercambio se ha incrementado con este gobierno de Rafael Correa, que defiende una pluralidad impresionante y una visión más humana de la cultura.

Por primera vez, tenemos un Ministerio de Cultura y eso repercute en la presencia en las ferias del libro, en programas de intercambio de jóvenes escritores, festivales, etc. Entre los trabajos más hermosos de este Ministerio han estado dos antologías de poesía quichua escrita por mujeres y otra de mujeres afrodescendientes, que no habían estado visibilizadas. Ambas recogen la oralidad como patrimonio intangible.

¿Se vinculan los jóvenes a estas acciones de difusión cultural?

Estamos vinculados en la medida que la calidad de nuestro trabajo lo permita. Creo que se están tomando muy en cuenta a los jóvenes, algo que no se hacía antes porque tenemos cultura necrofílica. Se valora a los que están muertos o a punto de morir, pero también hay que intentarlo cuando la gente está en todo su esplendor para hacer lucir al país.

¿Hay elementos de contacto entre la poesía quichua y afroecuatoriana con la más difundida en el país?

Lamentablemente, estos han sido fenómenos aislados. Casi no se conocía la poesía en quichua, de ahí que el trabajo de ciertas entidades públicas deba recuperar ese legado importante. Tenemos muy pocos autores afro, pese a que existe una riqueza cultural tremenda en ese espacio. Por ejemplo, los arrullos, especie de versos musicalizados que se cantan en los velorios, tienen una gran calidad. La música afro, la marimba, todo eso se ve muy distante. Se han marcado territorios entre lo indígena, lo afro, y eso ha dañado mucho nuestra visión y la identidad que nos debería caracterizar como megadiversos que somos. Somos un país pequeño, pero lleno de riquezas, que no hemos valorado de una manera justa.

¿Se recibe igual la poesía en un contexto global tan marcado por los medios, por lo audiovisual?

En Ecuador se está leyendo más que antes y sobre todo poesía, pero no como debería leerse. El consumo de este arte tal vez esté en los campos culturales y tenemos mucha producción con antologías gracias a las que se está conociendo nuestra obra, pero debe llegar más a la gente.

¿Cómo aprecia el futuro de la difusión de las letras ecuatorianas?

Nos falta conocer mucho de nosotros mismos y eso dependerá en gran medida del estado, que tiene que proyectar políticas culturales serias y firmes para poder avanzar. De lo contrario, seguiremos a la retaguardia y nos seguirán llegando tarde todos los movimientos y relaciones que se puedan establecer con la cultura general. En una época donde la tecnología nos ayuda para estar a la par de cualquier evento cultural, también deberían existir estrategias que nos impulsen y apoyen, porque la literatura es parte de la identidad de un país.  

 
 
 
 
ARTÍCULOS RELACIONADOS:

Aleyda Quevedo: El erotismo, un ejercicio de la espiritualidad
Helen Hernández Hormilla

Poeta de la luz y de la dualidad
Marialuz Albuja Bayas

.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.