La Habana. Año X.
5 al 11 de MAYO de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

De Francia y sus contornos en un nuevo festival

Frank Padrón • La Habana

Vestido de largo, celebrando sus “15”, el Festival de cine francés en Cuba emprende su periplo cubano de 2012 en medio de un excelente momento para la producción gala: más de 270 películas, 200 millones de espectadores en Francia y amplios reconocimientos internacionales, incluyendo cinco Oscar para El artista.

Como era de esperar, la obra de Michel Hazanavicius descorrió las cortinas de este, uno de los eventos más esperados y concurridos por los cinéfilos del patio.

El Hollywood de 1927 contempla temeroso el arribo del cine sonoro, con gran peligro para los triunfadores del silente, quienes ven amenazados sus éxitos de hasta ahora; así ocurre al protagonista de The artist, Georges Valentin, mientras su joven colega, Peppy Miller —que empezó como extra a su lado— lo reemplaza en el suceso.

Si bien es cierto que buena parte de la batalla ganada dentro de una sonada recepción estribaba en el método asumido por el director (en una época en que todo el mundo apuesta por las más avanzadas tecnologías, el hombre se aparece con esta vuelta al cine mudo) no lo es menos que sin la exquisitez conseguida poco hubiera logrado El artista: obra de artista donde los hubo: la (re)significación de los códigos principales de esta etapa y esa estética —gestualidad como principal recurso expresivo, la música ocupando toda la banda sonora y protagonizando no solo la ambientación, sino la principal voz narrativo-dramática, la fotografía en blanco y negro sugiriendo y sintetizando, los intertítulos imprescindibles para aclarar detalles adonde no llegan aquellos— es, sin lugar a duda, el principal y rotundo mérito del filme, que constantemente está aludiendo, mediante sutiles señas, al gran conflicto del personaje central: la llegada aplastante y desplazante del cine hablado.

Entre homenajes a esos actores (del cual el protagonista es más que un símbolo incluso desde su apellido referente a uno de los galanes emblemáticos: Valentín) y al cine todo, con sus cuotas repartidas de maravilla y desgarramiento, la insuperable reconstrucción epocal y las excelentes actuaciones (Jean Dujardin y Bérenice Bejo son los campeones  de un equipo no menos virtuoso que incluye a Jammes Cromwell, Penélope Ann Miller, Malcolm McDowell y hasta ese perrito que también apunta a las reverencias), El artista es, ni más ni menos, una obra de arte.      

Mejor película en el Festival de Comedias (Monte-Carlo), la coproducción franco-belga La oportunidad de mi vida (2010, Nicolas Cuche) es una de esas cintas sobre (dis)parejas que al final, tras muchas peripecias y desencuentros, terminan por supuesto, resolviendo sus conflictos, en este caso, la presunta mala suerte que un exitoso consejero matrimonial, inyecta en las mujeres de su vida, hasta que conoce a Joana, que al parecer tampoco es la excepción, pero eso: tan solo en apariencia.

Con el humor de todo tipo (incluyendo el negro) de eficaz herramienta, Cuche diseña un periplo grato, ingenioso y casi siempre feliz; claro que también predecible y no exento de lugares comunes, pero que resuelve desde el guion hasta una puesta en pantalla que amarra sus elementos fundamentales, y se apoya notablemente en el carisma y el sólido desempeño de sus protagonistas, sobre los hombros de la exconductora televisual Virgine Efira (premiada en el aludido festival) y François Xavier Demaison (quien pudo compartir el lauro) —ambos presentes en la Habana— así como grupo de no menos brillantes secundarios (Arnelle Deustch, Rafael Personnaz, Brigitte Roüan…)

En una línea diametralmente opuesta, Carlos (Francia-Alemania) realizada en 2010 por Olivier Assayas (director de amplia y reconocida trayectoria, con títulos como Rendez-vous, El dorado, Noise, Clean, y uno que se incluye este año, en la retrospectiva de la actriz Isabelle Huppert: Los destinos sentimentales), sigue a ese personaje apodado El Chacal, como se sabe, figura clave del terrorismo internacional en las décadas 70-80 del pasado siglo, responsable de atentados que causaron no pocas muertes, y del secuestro de los representantes de la OPEP en Viena, quien ahora mismo cumple cadena perpetua en Francia por el asesinato de tres personas.


Carlos

La biopic —resumen de 165 minutos de una miniserie con el doble de duración que fuera presentada en Cannes—  detenta, como atractivo inicial, el referirse a un individuo no solo famoso sino “vivo y coleando”, luego Assayas ha seguido la figura con paso firme, dentro de un montaje dinámico y bien armado, que contribuye a una diégesis sin descensos de ritmo, morfológicamente cercana al documental y que presenta un retrato suficientemente objetivo y analítico del ser humano, más allá del (anti)héroe: su transición de una postura, sin duda, errada en sus métodos pero auténtica en sus convicciones, a un acomodamiento oportunista y aburguesado que justamente era uno de sus blancos; su ascenso, decadencia y caída a la par de una Historia que le “pasa la cuenta” y la relación estrecha entre vidas privada y pública, lo cual implica también una mirada a quienes lo rodearon (colegas, compañeras sentimentales, víctimas…).

El actor venezolano Edgar Ramírez, quien además de cine de la región (Punto y raya, Elipsis, Plan B)  ha extendido ya su carrera con cierto éxito a Hollywood (Domino, El ultimátum de Bourne, Che el argentino…)  recibió por su representación del personaje un merecido César (Oscar francés) a la revelación masculina del año.

La fuente de las mujeres —coproducida entre Francia, Bélgica, Italia y Marruecos— es la más reciente obra del singular cineasta de origen rumano Radu Mihaileanu (El tren de la vida, Concierto…)  y se (nos) ubica en una aldea rural del Oriente Medio en el que las mujeres, siguiendo la tradición, deben ir a buscar agua a un encrespado y peligroso camino en la montaña, lo cual provoca caídas que les hacen perder las criaturas a las embarazadas; a una de ellas, Leila, de entre las de pensamiento más avanzado, se le ocurre organizar una “huelga de amor”: no permitirán a sus esposos relaciones sexuales hasta que no las ayuden en tan arriesgada labor.


La fuente de las mujeres

Fiel a un estilo que se ha ido imponiendo, Mihaileanu elige un tono difícil a la hora de desarrollar el relato: el transitar por una cuerda floja que se desdoble entre el humor y la gravedad, y debe admitirse que en ello radica el mérito inicial de esta fuente, que lo es también de personajes que trascienden el pintoresquismo para erigirse en recios caracteres (la propia Leila, quien tiene que arrostrar su condición de “extranjera”; la amargada y tradicionalista suegra; el marido, profesor de una sensibilidad y delicadeza que aventaja las —generalmente ausentes— de sus coetáneos, o el “alma”, pudiera decirse, del dramatis personae: la sin par Rifle Viejo) así como de rubros que “sazonan” espléndidamente el texto fílmico: la peculiar y rica música, intradiegética, verdadero paratexto que en las interpretaciones de las mujeres, basadas en ritmos locales, va comentando los sucesos y reforzando el dramatismo del sujet; el vestuario, otro eficaz colaborador de la ambientación y la ubicación espacial; y claro que los desempeños, con excelentes actrices que dan vida a los ya vigorosos personajes (Leila Bekhti, Hafsia Hertzi, Zinedine Soualem…)

Por último, en este primer corte, nos topamos con dos títulos que, orientados fundamentalmente al público infantil, despiden ese encanto y esa magia que los hacen igualmente disfrutables por los adultos: el animado Una vida de gato (2010; Francia/Holanda/Suiza/Bélgica) y el esperado largo La guerra de los botones  (2011).


Una vida de gato

El primero, dirigido por Jean Loup Felicioli y Alain Gagnol despliega, en 70 bien aprovechados minutos, una divertida parodia del “cine de género”: el noir, la aventura y el suspense combinan admirablemente con la comedia en trazos ágiles y dinámicos que siguen a Dino, un gato de “doble vida” y las peripecias que comparte con un peligroso ladrón y la pequeña hija de una comisaria de policía que ha perdido a su esposo a manos de aquel: secuestro, persecuciones, identidades ocultas, una gigantesca estatua y otros tantos motivos de este tipo de cine, son admirablemente recreados (animados) por los directores imitando la iluminación turbia de tales historias, los movimientos de cámara rápidos y atrevidos y el habitual clima de peligro y zozobra, que en los márgenes del humor genera una grata combinación.

Respecto a La guerra…, es la más reciente labor del coordinador general del Festival francés, el realizador Christophe Barratier (El coro) quien según declaró entre nosotros, no se trata exactamente de un remake de aquel popular filme realizado en 1962 por Yves Robert, sino que parte directamente de la novela escrita por Louis Pergaud en 1912.

Como ya lo ha demostrado en sus filmes anteriores, el director sabe cómo manejar el melodrama evitando, generalmente, los excesos; en este caso, niños simpáticos, protagónicos, en pugna, el nazismo como fantasma gravitando en un contexto rural que, fuera de ello, sería casi paradisíaco, hermosos pasajes y acción, suman una fórmula eficaz para lograr comunicación segura, como demostró el amplio público que asistió a la première, con la presencia de Barratier.


La guerra de los botones

Esta vez, la gran mancha de La guerra… es la partitura creada por Philippe Rombi, no solo excesivamente melosa hasta la repugnancia, sino deficientemente empleada ante su excesivo descriptivismo y sus énfasis absolutamente superfluos; en medio de un festival que privilegia este rubro (como ya comentáramos a propósito de El artista y La fuente de las mujeres)  resulta un defecto mucho más visible.

 
 
 
 
ARTÍCULOS RELACIONADOS:

Entrevista con el director
de cine Christophe Barratier

En Cuba me siento como en mi casa

Yinett Polanco

La oportunidad de mi vida
Comedia francesa en códigos universales

José Ernesto González

Impresiones sobre el Festival de cine francés en La Habana

.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.