La Habana. Año X.
5 al 11 de MAYO de 2012

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Entrevista con el director de cine Christophe Barratier

En Cuba me siento como en mi casa

Yinett Polanco • La Habana

“Estoy muy contento de presentar en el Festival de cine francés en Cuba una película que ha sido producida en este contexto, La nueva guerra de los botones”, declaró el realizador Christophe Barratier ante el repleto cine Charles Chaplin el martes 1ro. de mayo. Muy recordado en nuestro país por su ópera prima, Los coristas, Barratier ha dirigido además el cortometraje de 2001 Les Tombales, con Lambert Wilson y Carole Weiss y la cinta Faubourg 36, estrenada en 2008. Unas horas antes que Barratier recibiese junto con Nouredine Essadi la Distinción por la Cultura Nacional, La Jiribilla conversó con este reconocido productor de cine del país galo sobre su más reciente largometraje  y sobre el Festival que este año arriba a sus 15 ediciones.

En Los coristas, explora las relaciones que se establecen en el mundo infantil, mundo al que regresa con La nueva guerra de los botones. ¿Por qué le interesa tanto este período de la vida de los seres humanos?

Tengo el sentimiento de ser todavía un niño, es muy difícil darme cuenta de que tengo 48 años porque cuando era joven era muy solitario, con un mundo de mucha imaginación. Imaginaba guiones, historias, estaba escribiendo historias siempre. Hacer películas es algo serio pero para mí es casi un juego. Quizá es para mantenerme en mi niñez que hago películas con los niños. Por otro lado, es algo extraordinario encontrar un chico o una chica de ocho o diez años y convertirte un poco en un escultor, al inicio tienes un niño y al final tienes un actor. Es algo que me encanta.

¿No influye en ese hacer viable la carrera de alguien también su mirada como productor, no solo como realizador?

Sí, por supuesto, es verdad que en todas mis películas hay actores debutantes, pero también actores experimentados como Gerard Jugnot, muy reconocido en Francia, y es un placer trabajar con actores de gran nivel, de mucha experiencia y el encuentro con los debutantes hace saltar chispas, como un fuego artificial.

Se refería a que para La nueva guerra de los botones había recurrido a la novela original y no a la versión anterior de la película, ¿qué importancia tiene que el cine mantenga este permanente diálogo con la literatura?

En el caso de La guerra de los botones es un libro de gran calidad, pero para la adaptación nos faltaba un conflicto. Como libro se lee muy bien, es muy divertido, sin embargo, faltaba un nudo dramático. He trasladado la época a la Segunda Guerra Mundial porque con la Guerra Mundial teníamos un peligro en los alrededores que no hay en la novela. Esos chicos viven un período de conflicto pero en el campo de Francia los alemanes estaban un poco lejos, estaban fundamentalmente en las ciudades y quizá en el sur había pequeños pueblos que no habían visto muchos alemanes, pero se siente que hay un conflicto, un ambiente de tragedia. Cuando hacemos una adaptación, hacemos una traición y si tienes un libro que es una obra maestra es muy difícil hacer una buena película porque la novela tienen una importancia con la cual es muy difícil competir; mas cuando tenemos un libro simpático que no es considerado una obra maestra, es más fácil intentarlo, porque no estamos paralizados por la importancia del texto.


 La nueva guerra de los botones

Este año se celebra el aniversario 15 del Festival de Cine Francés en Cuba, ¿cuánto se ha enriquecido la idea original de aquel primer Festival?

El nacimiento del Festival fue una casualidad. Fui invitado en 1997 a presentar una película, Microcosmos, que había producido y no sabía nada de Cuba ni de su público. A menudo cuando viajábamos con las películas a Sudamérica, por ejemplo a Chile o Argentina, había cien personas en la sala, de estas 50 eran franceses y era una experiencia simpática, pero recuerdo que cuando entré en el Chaplin vi mil 500 personas lo cual era una locura para una película francesa, sobre todo para un documental. Estaba sorprendido. Le dije entonces a Nouredine Essadi —quien estaba a cargo de esta semana de cine francés— que podíamos volver con actores. Al principio era una pequeña experimentación, y uno de los primeros invitados fue Pierre Richard. Poco a poco esta experiencia se fue transmitiendo en Francia, encontramos financiamiento y se convirtió en este Festival.

¿Cuánto cree que ha servido este evento para el conocimiento mutuo de ambos pueblos?

Hay 150 talentos franceses (actores, directores) que han venido aquí y cada una de esas personas tienen un recuerdo extraordinario porque conocen gran parte del mundo, pero cuando se habla de Cuba rememoran las salas de cine, el ambiente, la recepción increíble del público y ellos tienen una imagen muy positiva, aunque sean capaces de percibir a este país en su complejidad. Nunca digo cuando se trata de Cuba, “Cuba es un paraíso del turismo, es para divertirse solamente o para ir a la playa de Varadero”. Hay muchos viajes que hemos hecho a otros sitios para presentar películas y luego para recomendarlos hablo de la playa; en Cuba los artistas invitados van a la playa pero sobre todo vienen a ver a la gente, es un viaje totalmente excepcional para ellos. Para los cubanos representa la posibilidad de conocer a los actores y de ver películas extranjeras en buenas condiciones técnicas.

Después de tantos viajes de ida y vuelta, ¿qué representa Cuba en lo personal para Christophe Barratier?

Vengo aquí una vez al año, en Francia tengo mi trabajo, mi vida, así que no puedo decir que me siento cubano, pero cada vez que salgo del avión, cuando siento el olor especial de La Habana, me siento relajado, puedo pensar en muchas cosas y, definitivamente, en Cuba me siento como en mi casa.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.