La Habana. Año X.
28 de ABRIL al 4 de MAYO de 2012

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XVII Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos
Habana Vieja: Ciudad en Movimiento

El ritmo de las calles

Abel Sánchez • La Habana

Fotos: Anaray Lorenzo

Las ciudades tienen vida, eso lo sabe todo el mundo. Son un organismo vivo con sistema circulatorio, respiración y metabolismo. Todo ser necesita del movimiento, aunque algunos no lo evidencien desde fuera, por dentro, ninguno se detiene. Lo mismo que las ciudades, algunas lo hacen tan despacio que parecen inmóviles, pero todas se mueven. Son un juego de fuerzas y ondulaciones que lo arrastran todo a su paso. Y uno no puede escapar a eso, por mucho que nos parapetemos en el espejismo de la inactividad.


Espectáculo Retazos en el tiempo. Compañía Retazos

Pongamos, por ejemplo, este mimo que tengo delante en una esquina de la Habana Vieja. Como todo buen mimo, permanece inmóvil bajo el sombrero de colores, el pintarrajeo de la cara, el pulóver a rayas y el pantalón rojo. Su actitud tiene algo de desafiante, anacrónica, patética, casi romántica. Es tan antinatural que muchos se detienen a mirarlo. Apuesto a que si me quedo inmóvil mirando un punto en el vacío, a los pocos minutos también se formaría un corro junto a mí.

El mimo todavía no lo sabe, pero está a punto de ser tragado ineluctablemente por el torrente de la ciudad. O quizá sí lo sabe y de todos modos se resiste, obstinado como los viejos soldados. Es inútil. Nadie escapa a la circulación, aunque no conduzca a ninguna parte o lo haga siempre al mismo lugar, allí donde van a morir todas las calles de La Habana: el mar.

Ya se acerca, con la certeza de lo inevitable, haciendo que todo tiemble con redoble de tambores. Tambores, cornetas llegan a paso de conga. Dobla por aquella esquina, tan parecida a esta. Aparece un zanco, luego otro y otro… Seis o siete hombres y mujeres de más de tres metros arrean a la multitud y marcan el ritmo. Son miembros del grupo Gigantería y serán ellos quienes guíen a los espectadores entre las presentaciones de este XVII Festival de Internacional Danza en Paisajes Urbanos Habana Vieja: Ciudad en Movimiento.

El nombre, además de ser desmesuradamente largo, es una redundancia, pues, como ya dije, todas las ciudades se mueven por naturaleza. Sin embargo, ayuda a hacerse una idea bastante gráfica de lo que ocurre aquí durante cinco días. No hay proscenios ni butacas ni taquillas ni palcos, solo la calle. Todo lo que se necesita.

Ahora, por ejemplo, el escenario está hecho con pedazos de cartón sobre el asfalto. Encima, una pareja. Ambos son miembros de Danza Fragmentada y la historia que van a contar todos la hemos visto alguna vez, pero pocas narrada de esta manera: a través del movimiento. Un niño y una niña que acaban de conocerse, visten uniformes de primaria y hacen lo que todos los niños: juegan con inocencia un juego que no tiene nada de inocente y sí mucho de instintivo.

A medida que crecen, representado por el cambio de uniformes de los niveles de enseñanza, el juego, como la vida, se hace más complejo. Cambian sus códigos y rituales, pero en esencia sigue siendo el mismo. Los dos se miran, se tocan, se exploran, se descubren y se reconocen en el otro o como algo diferente del otro, lo mismo da. Dejan atrás la pubertad, con todas sus incertidumbres, y al final se unen en el más universal de todos los juegos —sin ser muy explícitos, que hay niños— para terminar dejando su huella en la tierra. Ley natural, simplemente eso.

La complejidad de las relaciones humanas nos atormenta y obsesiona a todos, sin importar donde hayamos nacido. Por eso, no es casual que el espectáculo de Quiero ser agua, un grupo formado por Tamara Kronhein y Rosalia Wanka, dos muchachas divinamente austriacas, tratase sobre lo mismo.

La escena ahora tiene lugar en el patio de la Casa Museo Benito Juárez, bajo la mirada de bronce de la estatua del presidente. Amontonada junto a las columnas, de una tonalidad rosada que en nada recuerda al árido México, la gente sigue los movimientos de las muchachas. Pero aquí la interacción es mucho menos cándida, ingenua. Se trata de un duelo de fuerzas, de poder y sumisión, de dominación y resistencia. También hay ternura, quién lo niega, pero solo como preámbulo de lo que luego vendrá: la necesidad de control y posesión del otro, o la otra en este caso.


Pasacalle

“El público cubano es muy diferente de todo lo que conocemos allá —me confiesa Tamara al terminar la presentación, con un inconcebible acento argentino—, mucho más vivo, una puede apreciar las reacciones. Eso en Austria no siempre lo encuentras, a veces parece que bailamos para momias. Acá tienen menos prejuicios, la gente es más abierta a aceptar lo que venga, en Austria, y en Europa, en general, hay diferentes corrientes y en función de ellas te aceptan o no.”

“Para nosotros es muy hermoso tener más que un cuadrado vacío —apostilla Rosalia, quien no habla español, pero su amiga traduce—, bailar para gente que puedes palpar. Además, estar en otra cultura te aporta mucho, te hace ver las cosas desde otra perspectiva. Me parece que aquí hay mucha más gente que baila, no existen tantos prejuicios ni exigencias con determinadas características físicas, sino que el baile es parte de la cultura cotidiana. En Austria solo consigues que la gente baile cuando están muy borrachos, sobre todo los hombres.”

El dúo es uno de los más de 20 participantes extranjeros en el evento, venidos de Francia, España, Canadá, Brasil, México, Argentina, Chile, Uruguay, Venezuela, Ecuador, Irlanda, Angola, Suiza y, desde luego, Austria. Las compañías cubanas son casi el doble, además de las de La Habana, vinieron desde Pinar del Río, Matanzas, Villa Clara, Las Tunas, Camagüey, Granma y Guantánamo.


Compañía Danza del Alma, Villa Clara

Precisamente desde Guantánamo, en una rastra, viajó Yoel González, bailarín y coreógrafo de Danza Libre. Quien en este momento dirige una presentación entre las plantas del patio de la Casa Oswaldo Guayasamín. Les indica a sus bailarines, hombres y mujeres, lo que deben hacer, a tiempo que narra a los espectadores lo que están viendo en escena. Es lo que tiene el estilo de danza contemporánea, los movimientos son libres, muy expresivos y siempre comunican algo, no hay nada gratuito.

Al final, todos los bailarines se agrupan en un semicírculo cerrado. Yoel les pide que rían, luego que lloren, después que vuelvan a reír y así alternativamente. Hasta que de pronto una muchacha, la del centro, comienza a vomitar sangre, tiene convulsiones y el líquido rojo que sale de su boca le mancha el vestido blanco, después se desploma en el piso. Nadie sabe cómo llegó allí, pero del interior del semicírculo, aparece un muchacho con un cuchillo ensangrentado.

“Simplemente quería contar una historia y que los bailarines la siguieran —me explica Yoel—, pero era una improvisación, no había nada preconcebido, excepto el final. En ese momento traté de confundir al público. La clave está en que cuando trabajo el semicírculo y hago que los bailarines se rían y luego lloren, el espectador centra la atención en eso, fue ahí cuando el muchacho aprovechó y entró.”

Luego agrega: “Llevo tres años como coreógrafo, lo único que se necesita para hacer esto es coraje, fe y conocimientos. Es un reto estar aquí, porque hay muchos bailarines buenos y uno trata de hacerlo lo mejor posible, por eso me concentro para que todo quede bien”.

Ya es de noche. Al fondo, la Casa Museo de África está en penumbras, cinco mujeres bailan la danza del vientre. El grupo se llama Watke Tribal. No son árabes ni africanas ni siquiera parecen moriscas, son de México. Y no de la parte exótico-selvático-azteca, sino del DF, así no más. Algunas se ven demasiado rellenas para ser bailarinas, pero eso no impide que dominen el antiguo arte de contonear las caderas. Desde el público se escucha una especie de aullido que se repite sobre el escenario. Luego Livia Animas y Jesica Ortiz, dos de las bailarinas, me explicarían que esos gritos se llaman sagarits, vienen de la danza propiamente árabe y se utilizan para dar ánimo a quienes bailan:


Ballet Folclórico de Campeche, México

“Este baile se llama danza del vientre estilo tribal y es un tipo de danza que crearon en EE.UU. fusionando diversos estilos, desde elementos del flamenco, danzas egipcias, árabes, hindúes. Este estilo se caracteriza porque aprendes un lenguaje que puedes bailarlo con cualquier bailarina del mundo, todo lo que hacemos es improvisado, por eso cada presentación es distinta de la otra y eso es parte de la magia. Por eso, nos gusta este tipo de baile, porque es fresco, cada vez que bailas ocurre algo especial, el público que vea lo que estás bailando solo puede verlo esa vez.

“Cualquier persona puede hacerlo, de la complexión corporal que sea, desde las más flaquitas hasta las más gorditas, eso es maravilloso porque no te exige un estándar de belleza ni de edad. Eso nos llamó mucho la atención porque en otras danzas tienes un tiempo como bailarín, en cambio, en esta puedes ser bailarín hasta que seas viejo. Lleva práctica, cuesta mucho, pero con constancia llegas a dominarlo, como todo.

“El año pasado estuve por acá —cuenta Livia—, di una clase de este estilo y una de las asistentes, una bailarina de Retazos, me comentó sobre este festival y mandamos nuestros datos para inscribirnos y en cuanto nos dijeron que éramos participantes, compramos nuestros boletos y vinimos. La verdad, no sabíamos qué íbamos a encontrar acá, ni siquiera cómo iba a ser el festival. La verdad es que está muy bien organizado y el público hoy, que fue nuestra primera vez, fue maravilloso porque gritan, aplauden, sonríen, es muy cálido. Es sorprendente porque es la primera vez que llega este estilo al festival y no sabíamos si les iba a gustar o no, pero al ver la reacción parece que les encantó y ver la atención que prestó el público fue un shock para nosotras. Es hermoso estar en esta ciudad, que es muy bella, y bailar en este tipo de espacios con toda esta vegetación y el aire libre. Nos gusta muchísimo La Habana.”

Precisamente todo esto: el baile en las calles, la música, los patios, los zancos, tiene que ver con la Compañía Retazos o, más concretamente, con su directora, la Premio Nacional de Danza 2012 y chilena cubanizada, Isabel Bustos. Fue ella quien fundó este festival hace 17 años pensando en el gran escenario que podría ser el Centro Histórico de la ciudad y no se equivocó, basta mirar el número de participantes de esta edición para notarlo. Todo se planea desde el cuartel general de Retazos, en el antiguo convento de Las Carolinas, de forma tal que sea un evento no solo espontáneo, sino también diverso.


Coreógrafa chilena Isabel Bustos

Se trata sobre todo de eso, de la diversidad. Diversidad de bailes, estilos, culturas. En las calles angostas, tanto que a veces se llega a sentir asfixia, uno puede encontrar a la Compañía de Danzas Tradicionales “JJ” con tambores y guaguancó. O a un grupo de abuelitos canadienses con faldas escocesas enseñando a los cubanos los pasos celtas —se llaman Tam O’ Shanter Dancers en honor al personaje de aquel poema de Robert Burns—. O a unos chilenos, Atilina Colectivo, que hacen danza contemporánea pegados a las fachadas de las casas coloniales. No importa de dónde seas, cómo bailas o, incluso, si no sabes, lo importante es que estés aquí y sientas el movimiento.

Aunque, en realidad, los bailarines no mueven la ciudad. Por paradójico que resulte hacen exactamente lo contrario. Toman su circulación, su flujo natural, su energía, y la utilizan en sus presentaciones. Durante unos minutos, el tiempo que dure el espectáculo, se apropian del ritmo de la ciudad y lo usan. Mientras a su alrededor la vida se detiene.

Ahí vuelve la conga en zancos. Es inútil resistirse, así que me dejo llevar. No bailo, de eso que se encarguen otros, pero sigo la corriente. El mimo está a mi lado y ya no lo es, porque camina igual que el resto, glóbulo rojo perdido en la multitud. Se repiten las esquinas, los balcones volados, los guardacantones, las rejas, los faroles, las luces. O quizá sean los mismos que también se mueven al compás de la música. No sé a dónde me llevan, tampoco importa. Al final, todos iremos a parar al mismo sitio. Ahí a donde conducen todos los caminos.
 

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENES

Habana Vieja:
Ciudad en Movimiento

 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.