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Asghar Farhadi

“Hago cine para reflexionar”

Mabel Machado • La Habana

Fotos: Yander Zamora

Asghar Farhadi no parece tener pelos en la lengua y mucho menos delirios de grandeza, a pesar de que a sus 40 años ya le ha tocado cumplir con el protocolo y los compromisos de las celebridades del cine. El 26 de febrero la Academia le otorgó a su última película (Una separación) el Oscar a la mejor cinta extranjera entre las presentadas a la edición 84. Esa noche, en el teatro Kodak, el director caminó sereno por la alfombra roja hasta el micrófono para pronunciar un discurso con no pocas líneas políticas. Artista en la mira de la farándula y todo lo que se quiera, Farhadi es iraní e inteligente, con lo cual no se habría permitido quedar en la nulidad del agradecimiento ante el auditorio de Los Ángeles y las cámaras de televisión de todo el mundo. En la ceremonia dijo alegrarse de que el nombre de su país estuviera en boca de todos en sentido positivo gracias a un acontecimiento cultural.
 

Alrededor de un mes y medio más tarde, al tiempo que The Washington Post develaba un informe sobre el espionaje secreto de EE.UU. contra el programa nuclear de Irán, el cineasta persa volvía a expresar su orgullo porque el éxito Una separación permita un acercamiento menos alarmista a la realidad de su país difundida por los periódicos y telediarios. Las nuevas declaraciones de Farhadi han sido ofrecidas justamente en Cuba, otra de las naciones que el gobierno norteamericano mantiene en su “lista negra” de amenazas. Un convenio de intercambio cultural entre la Isla y el país asiático ha propiciado la presencia aquí de quien afirma haber tenido siempre interés por la música cubana, la figura del Che y los sucesos políticos acontecidos en la Isla luego del triunfo de la Revolución. 

Los ambiciosos se han atrevido a preguntarle al director iraní si de su presencia en Cuba se derivará una nueva película. Farhadi, quien estuvo poco más de 72 horas en la Isla para presentar Una separación en el cine Chaplin e intercambiar con los estudiantes de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, ha tenido la amabilidad de dejar el tema en suspenso: “Para emprender un proyecto cinematográfico aquí tendría que conocer a fondo la cultura del país, una de las que siempre me han interesado más en el mundo. Durante mi presencia he notado su riqueza y lo interesante de la personalidad de los cubanos”.

Por el momento, lo que sí queda anunciado con rotundidad es que el persa trabaja en su próximo filme, cuyo guion, escrito antes de que se anunciara el Oscar, no ha cambiado “en lo más mínimo” los planes para la nueva cinta. En todo caso, aseveró Farhadi, la estatuilla de la Academia, los Osos y Globo de Oro, el César y el resto de los premios, le obligan a fortalecer sus métodos de trabajo, que hasta ahora no han sido determinados por los lauros ni por los festivales: “Le doy una gran importancia al cine, estoy enamorado de él, por eso intentaré continuar el camino que hasta el momento he recorrido con mis películas”.

La carrera cinematográfica del director iraní, iniciada a finales de la década de los 80 con la realización de cortometrajes, cuenta hasta la fecha con cinco películas de larga duración reconocidas dentro y fuera de su país por su universalidad, a pesar de que todas transcurren en la nación persa y son el resultado de las vivencias cotidianas de los coterráneos de Farhadi: “Mostrar la realidad de Irán no es el único objetivo de mis filmes, sino solo uno de ellos. Me preocupan las relaciones humanas y sobre todo la moral, temas que me he propuesto abordar desde diferentes ángulos”.

No exentos de crítica social, los filmes de Farhadi que se exhiben durante la Semana de Cine Iraní en La Habana (Fiesta del fuego, A propósito de Elly y Una separación), se enfocan en los personajes, quienes invitan a leer entre líneas, al borde de la trama, las consecuencias de determinadas prácticas y normas que afectan al pueblo de ese país. Las tres películas, sin embargo, se centran en las reacciones de los seres humanos ante situaciones imprevistas o cambios abruptos en sus vidas, algo que hace de los conflictos materia extrapolable a cualquier otra región del mundo.

Por el momento, el realizador ha preferido situar su punto de vista en hombres y mujeres de edad adulta, insistiendo en la temática del matrimonio, un asunto que considera altamente estereotipado por el cine de su país. Alrededor de sus parejas, Farhadi desata una maraña de intrigas que demuestra una fuerte influencia de la filosofía del thriller. Sin embargo, el director se cuida de dejar siempre margen para que el espectador, luego de haber conocido a los protagonistas, se forme una opinión por sí mismo sobre la calidad humana de cada uno de ellos y decida cuál podría ser la solución más justa a sus conflictos.

La escena en que queda congelado el final de Una separación resulta un ejemplo ilustrativo de esta libertad de lectura que propone el cineasta persa, algo que también se expresa con el extrañamiento de la cámara ante los fenómenos y la imposibilidad de definir claramente un narrador dentro del filme. No hay prolepsis ni flash backs, el montaje clásico permite al director mantener una posición de neutralidad ante lo que va descubriendo, pues no considera oportuno juzgar a sus personajes como realizador.

En Una separación —como en A propósito de Elly—, el iraní demuestra su desasosiego por la degradación de los valores humanos y el quebrantamiento de los principios éticos que deben regir en el ámbito familiar, e incluso en el terreno de la fe religiosa. Explora los detonantes y las consecuencias de la mentira y la convierte en el vicio de sus personajes, en la chispa que desata los conflictos y en la conductora fundamental de la trama. Farhadi parece aprovecharse de que “una mentira repetida mil veces puede convertirse en verdad” para confundir no solo a los protagonistas de sus filmes, sino también a los espectadores que, imposibilitados de ir hacia adelante o atrás por el rigor del montaje, llegan a dudar si fueron reales o no algunos sucesos comprometedores de  la historia.

Para reforzar el suspense, el persa se apoya en los roles femeninos, otra forma de expresar sus cuestionamientos hacia una sociedad donde las mujeres permanecieron por mucho tiempo invisibles detrás del velo y la hegemonía masculina. Aunque ha declarado que no hace películas sobre las distinciones de género  —porque “el ser humano es único, y separarlo por géneros debe entenderse como una ofensa”—, Farhadi otorga a las mujeres la responsabilidad de desencadenar las intrigas, sobre todo porque reconoce en ellas una actitud enigmática que no se manifiesta de igual manera en los hombres.

“Hago cine para reflexionar”, ha expresado el iraní resumiendo su experiencia en la pantalla. Él mismo explica el concepto en oposición a la cinematografía del entretenimiento: mientras esta última produce cintas que uno olvida cuando acaban los créditos, las que identifica como películas  “cuestionadoras” deben dejarnos siempre alguna pregunta. “Aunque parezca simple porque cuenta la vida diaria de las personas —señala Farhadi—, este cine es en realidad muy profundo, su realización es más compleja y la recepción ínfima. El espectador está habituado a no detenerse para pensar; y cambiar ese hábito es muy difícil, pero los cineastas tenemos que ser capaces de subvertir los patrones”.  

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.