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Un proceso de justicia histórica

La Jiribilla

Hace 200 años José Antonio Aponte fue ahorcado junto a un grupo de seguidores por intentar organizar la primera sublevación armada contra el gobierno colonial español. Durante años, aquellos que lo ejecutaron, denigraron su imagen al extremo de popularizar una frase que lo demonizaba.

Este lunes, en el mismo sitio donde una vez fuera exhibida su cabeza como escarmiento, la intersección de Reina y Belacoaín, finalmente se le hizo justicia. Pues en la mañana numerosos intelectuales rindieron homenaje a su memoria con “Un toque para Changó” ejecutado por el juego de batás Obba Ilú, del fallecido maestro Gregorio Hernández, “el Goyo”, y el coro del instituto preuniversitario Gerardo Abreu Fontán.

Felipe de Jesús Pérez Cruz, presidente de la Unión de Historiadores en La Habana, señaló que afortunadamente para la historiografía cubana se rescataba la figura de Aponte como un verdadero revolucionario de la época, de gran cultura autodidacta, luchador antiesclavista y líder del primer movimiento independentista y abolicionista.

Asistieron al acto, además, Jorge Risquet, miembro del Comité Central del Partido, Rafael Bernal, ministro de Cultura, y Fernando Martínez Heredia, premio nacional de Ciencias Sociales 2006.

Sin embargo, el evento más relevante tuvo lugar durante la noche en el teatro Mella. Allí la Comisión José Antonio Aponte de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba entregó una distinción que lleva el nombre del prócer a las investigadoras María del Carmen Barcia e Inés María Martiatu. También actuaron el africanista Rogelio Martínez Furé y el Conjunto Folclórico Nacional con “Toques y danza para Changó” y “La danza de los apalencados”.

Participaron en la velada Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Jorge Risquet y Rafael Bernal. Así como Abdula Gemeda, presidente del parlamento de Etiopía, y Andre Pool, vicepresidente del parlamento de Seychelles, ambos de visita en La Habana.

Aunque Aponte y su conspiración fueron utilizados por el poder colonial para incentivar el miedo al negro, sirviéndose también del recuerdo aún reciente de la Revolución Haitiana, a decir del historiador Eduardo Torres-Cuevas, en realidad, el suyo fue “un movimiento que buscaba integrar a diversos sectores sociales, con independencia de la raza y de la condición social, en los principios de abolición de la esclavitud, de la independencia política y de la igualdad social”. De ahí que rendirle tributo de recordación en el bicentenario de su muerte, más que una conmemoración, “es iniciar un proceso de justicia histórica”. 

 
 
 
 
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.