La Habana. Año X.
7 al 13 de ABRIL de 2012

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15 años de victorias
Tras las máscaras del ciervo
Norge Espinosa • La Habana
Fotos: Archivo de El ciervo encantado

A 15 años de haberse iniciado la aventura de El ciervo encantado en la escena cubana, comprendo que he sido un espectador constante en cada uno de sus principales estrenos. En la sala Antonin Artaud, en el noveno piso del Teatro Nacional, en el escenario que el grupo rescató y luego perdió en la Facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte (ISA), y en la sede actual y ojalá que definitiva en 5ta. y D; he presenciado las maneras en que este animal, elusivo y dado a las metamorfosis, se ha ido revelándonos durante década y media, bajo la guía persistente y obstinada de Nelda Castillo. Reconocer tal cosa también es algo más, porque al repasar los títulos que esta actriz-directora ha ido produciendo, tengo que volver la vista y la memoria a los días en que presenciaba Monigote en la arena, durante una esplendente mañana de domingo en el Teatro Buendía, y Un elefante ocupa mucho espacio y Las ruinas circulares, creadas durante el tiempo en que ella fue parte reconocible de ese núcleo al que no agradecemos aún lo suficiente el cambio que regaló al teatro cubano de los últimos 30 años. Espejos de lo que ella ha ido asegurándose como carta de vida, las puestas en escena en las que imprimió su búsqueda, componen un mapa intermitente de provocaciones e interrogantes, cada vez más ceñidas, más desligadas del concepto de espectáculo en tanto convención, y por ello es que resultan tan inquietantes y socorridas, como relecturas que se hacen al Libro de lo Cubano desde las tablas. O mejor, desde el revés de eso que llamamos, justamente, la escena. En el trasfondo, con los materiales que otros desecharían, con todo aquello con lo que otros, menos dados al entendimiento de ciertos símbolos secretos y al comprometimiento que ellos nos demandan, El ciervo encantado ha compuesto su imagen de Cuba: tan válida como otras acaso menos incómodas. Pero quizá nunca tan revulsivas, y por ende urgentes, como las que este grupo nos ha ido entregando.


Visiones de la Cubanosofía

II

Probablemente en ningún otro proyecto teatral del momento la obsesión: crear una imagen veraz de Cuba, sea tan palpable ni hiriente. A fuerza de ir al corazón secreto del país, El ciervo encantado ha ido localizando la médula de poesía que sostiene a la nación, cuando faltan alimentos en la mesa e ideas suficientemente provocadoras en las voces que deberían guiarnos a más sólidos estadios. Nunca han trabajado a partir de textos de Abilio Estévez y, sin embargo, no sería difícil entender cómo se hilvanan las ideas del dramaturgo y poeta con las visiones de algunas de sus puestas en escena, armadas desde la conciencia del tejido, de esa suerte de manto de Penélope que puede ser la memoria de la Patria, hecha y desecha y rehecha noche tras noche: las noches en las cuales ir al teatro, aún, abren invitaciones al ritual y al misterio.

Han edificado sus espectáculos-altares, para decirlo con Jaime Gómez Triana, a partir de Fernando Ortiz, los Diarios del Descubrimiento, José Martí (jamás tan vivo en la escena nacional como lo fue en la sombra fluida y silente de Visiones de Cubanosofía), Reinaldo Arenas, Severo Sarduy, Cabrera Infante, Lydia Cabrera, Virgilio Piñera, Lezama, Dulce María y Flor Loynaz, hasta llegar a los nombres más recientes de Reina María Rodríguez y otros poetas para canalizar la neurosis que sus páginas describen.

La Cuba no televisable, la Cuba que se revuelve en el sueño que puede generar pesadilla política, moral, ideológica, cultural, espiritual, artística, es el cardinal donde ocurren las puestas en escena de El ciervo encantado, exigiendo al espectador una mirada particularizada, libre de engaños al uso, de discursar previsible: incapaz de reflejar y refractar lo que arroja a la luz del día una realidad precisamente cada vez menos previsible. Un rango poético es lo que construye las representaciones de este grupo, libre de las preceptivas de lo poético mismo en tanto cliché, para encontrar en lo residual, en lo reciclable, en el borde de lo civil y lo marginal, las cartas que escribe a ese mapamundi soñado por uno de nuestros mejores pintores: un orbe poblado de Cubas, no importa el clima, el año o el océano que bañen sus costas.

III

Si el cabaret en tanto nación sedujo a El ciervo encantado en una breve secuencia de espectáculos, lo festivo como máscara ha ido retrocediendo en la serie que pueden conformar sus montajes más recientes. No es que ello falte (Cubalandia es un tributo cerrado a la commedia dell´arte, a la muy tropical y cubana commedia dell´arte), sino que ha encontrado modos menos palmarios de hacernos llegar a la carcajada ante el ridículo que acaso somos. Visiones de Cubanosofía apela a una metáfora concreta, visible en el escenario en tanto objeto: el andamio, para enfatizar la idea del país en construcción inacabada, a la que una virgen barbada, de manto plata y azul, sirve de pórtico. Variedades Galiano, la puesta más radical de los últimos diez años en la escena cubana, ni siquiera muestra eso: el cuerpo desnudo o semidesnudo de sus intérpretes tiene, como “introito”, el de una actriz que orina abundantemente en el escenario, envuelta en la penumbra que precede a todo misterio.


Variedades Galiano

El rol del actor como agente de provocación, como ruta en la que el personaje debe hallar “otra” manera de manifestarse, es el eje del intenso entrenamiento que son los espectáculos de El ciervo encantado: un ejemplo de training que implica conscientemente la presencia del espectador, y que solo ante él se completa y revela en la dimensión de sus máximas provocaciones. Ya era así en las escenas de El ciervo encantado, el espectáculo fundacional que despejó el sendero para que naciera el grupo bajo el título de ese cuento de Esteban Borrero; y ha seguido siéndolo, como muestrario de cubanidades posibles, a través de De dónde son los cantantes, Pájaros de la playa, la nueva versión de Un elefante…, y los demás estrenos que conforman su apretado curriculum.

Cada vez más cercano al fragmento, a lo fractal, el grupo apuesta por ir desmantelando lo que se esperaría de antemano en sus temporadas sucesivas. Creciendo hacia adentro, despojándose del oropel cabaretero que en su momento fue una elección sabiamente aprovechada, El ciervo encantado teje su madeja neobarroca golpeando obsesivamente sobre la frase minúscula, sobre el quejido, la protesta de “acción rápida” o el grito, para extraer de ahí la música inaudible que hace amanecer otra vez en la ciudad.

IV

Lo que tal vez me estremece con mayor fuerza ante los espectáculos de El ciervo encantado puede resumirse en una palabra venida hoy a menos, que anda de capa caída en nuestro momento social, según quien la pronuncie y quien la escuche: compromiso. Compromiso con una línea de indagación que sigue reclamando sacrificio al intérprete, a su cuerpo y a su memoria en tanto materia primordial sobre la cual, como ceniza revivificada, debe alentar la idea del teatro. Compromiso con la terquedad que impide caer en concesiones, y que ha llevado a sus integrantes, en diversas épocas, a tomar parte en el debate social del cual el teatro, no ingenuamente, ha sido apartado con mano cuidadosa. De su aparición, a través de máscaras como Chela: la esforzada representante sindical, o la dizque muda aunque muy locuaz Enriqueta, en foros de ideas, diálogos “abiertos” y fuegos cruzados entre posiciones que discuten el rol del intelectual en el teatro mismo de la nación, saltan otros hallazgos que no pueden desligarse del eje que son sus puestas en escena: esa, también es una forma de compromiso. Compromiso, cómo no, para poner en tela de juicio lo que esa misma palabra significa, en las descacharrantes parodias que los intérpretes hacen de la formalidad a la que hemos reducido esa manera de la participación en un contexto, en la explosividad de un contexto como el nuestro. Compromiso con un espectador que, tras diez años de ir a buscar los nuevos títulos de El ciervo… a las orillas del Quibú, cuando se radicaron en el ISA, ha seguido sus huellas hasta el Vedado, rebosando la exigua capacidad que en cada representación puede asumir la actual sede. Compromiso con el ideal de un teatro que desborde la platea, que ponga la cabeza mala, que desbarate con la misma intensidad con la que ha creado una imagen exuberante la mentira que esa visión puede ser, para recordarnos que todo es representación y, por ende, todo es parte de un teatro mucho más grande y grave. Compromiso con Cuba, con la angustia y la alegría de hacer teatro en Cuba. Aunque tantas otras cosas parezcan, o digan que son, mucho más importantes.

V

Razones de fuerza mayor me impidieron estar en la apertura de la exposición que aún puede verse en la Galería Raúl Oliva, titulada A la eterna memoria. Allí se acumulan los objetos de vida que ha sido El ciervo encantado durante 15 años. Pelucas de plástico reciclable, latas que sirven de reflectores, trajes de cabaret descolorido y una bandera negra en la que centellea una estrella roja. Para dejar que los espectadores llegaran a esa colección de objetos teatrales, el grupo quiso hacer una procesión, desde su sede hasta la galería misma. Y Nelda Castillo resucitó a ese doble, a ese fantasma que la acompaña siempre, desde los días en que nació como parte del taller de máscaras que dio vida a Las perlas de tu boca, aquella entrega esencial del mejor Teatro Buendía. Como homenaje y tributo a su maestra, y a sus otros líderes y guías, El Chivo renació ante un público joven que tal vez no lo descubrió en aquel espectáculo, pero que de seguro quedó hechizado ante la humanidad, la poesía en tanto actitud y estado de ánimo, que sigue emanando de esa encarnación. El Chivo entre las piezas de El ciervo encantado, llegando desde la memoria del Teatro Buendía para prolongarse en la actualidad y repaso de lo que es hoy el grupo donde puede respirar de otro modo y hallar nuevo cobijo. No sé si habrá entonado la canción de la calandria que le oí tantas veces, cada vez que pude ver Las perlas de tu boca. Tal vez, en alguna noche de café a la que me invite El ciervo encantado, le pida que la repita solo para mí.


Monólogo en homenaje por los 15 años de El ciervo encantado,
El Chivo, mítico personaje asumido por Nelda Castillo en
Las perlas de tu boca, obra de 1989, con el grupo Teatro Buendía. 

VI

A petición de Jaime Gómez Triana me propuse escribir unas pocas líneas para festejar los 15 años de El ciervo encantado. La memoria y la promesa no siempre cumplida de escribir sobre todos sus estrenos, me ha hecho extender estas páginas. Quince años, en la velocidad de lo que han sido esta década y media para la escena y la vida cubanas, no son cosa de juego. En ese tiempo, no me han convencido de igual modo todos los espectáculos del grupo, no he dejado de discutir con sus integrantes. Pero lo he sentido como parte de mí cada vez que se le amenaza, como cuando cerró su espacio en el ISA, o como cuando algún colega de la crítica convierte su incapacidad para entender algún código en frase que huele a veto recriminador.

Creo en El ciervo encantado como creo en la posibilidad flexible y solidaria de un teatro cubano inclusivo, que une en el mismo halo de celebración a Teatro de la Luna y Argos Teatro, nacidos también por esas fechas. Y de una Cuba inclusiva. Y le agradezco no pocas dudas, no pocas fuerzas en tensión que me hacen sentir al teatro de la Isla como eso: eco de un país que reclama maneras menos acomodadas de participar, de aparecer bajo la luz, escasa o potente, según se mire, de sus escenarios.

Hoy, El ciervo encantado son Nelda y Mariela, junto con un nuevo grupo de actores que siguen alzando el muro que muerde el salitre, junto al busto de Gómez y las fotos en las que Severo Sarduy estrena su mirada felina. Estoy con ellos como he estado junto a los que ya no aparecen en la foto: eso también es el país y es el teatro. Quince años. Se dice fácil. No caben en el aplauso que quisiera dejar al pie de lo que iban a ser unas muy breves palabras.

VII

De Norge Espinosa a la compañera Chela

Responsable Sindical y Encargada de la Atención al aguerrido colectivo

“El ciervo encantado”

Por cuanto

El grupo El ciervo encantado lleva 15 años de esforzada presencia, de cumplimiento de alto nivel estético y/o artístico entre lo mejor de la escena nacional.

Por cuanto

Tal cosa ha sido refrendada y/o corroborada activamente por El ciervo encantado mediante premios, diplomas, reconocimientos, estímulos varios durante esta década y media, incluidos, a saber: el Villanueva, la Avellaneda, e incluso el Caricato, pruebas irrefutables del alto valor de sus entregas artísticas.

Por cuanto

El colectivo de El ciervo encantado ha tomado como punto de partida a nombres esenciales de la cultura nacional, haciendo palpable el precepto martiano de “Injértese el mundo…”, etc. etc., etc., en tanto parte de su poética criolla, rellolla e indudablemente nuestra.

Por cuanto

El colectivo ha sido cantera generacional de jóvenes actores, actrices, diseñadores, teatrólogos, investigadores, y demás personal cercano a la idea del teatro como recreación sana e instructiva.

Por cuanto

El ciervo encantado ni se rinde ni se vende, haciendo frente a circunstancias de escasez material, insoslayables en nuestra realidad como efecto del cruel bloqueo imperialista, al que sin embargo ha hecho frente con creatividad, imaginación y uso siempre racional de los escasos recursos disponibles.

Propongo

En tanto Presidente de la Sección de Crítica e Investigación Escénica de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, nombrar a El ciervo encantado, como grupo merecedor de un aplauso cerrado, con vítores y cantos incluidos, para que la celebración por estos 15 años de victorias quede manifestada según lo previsto en nuestro manual de homenajes, tributos y rememoraciones. Y cuando las condiciones sean propicias para ello, conceder a sus actuales representantes (no tiene esta medida carácter retroactivo, valga aclarar) un fin de semana como estímulo en alguna dependencia de nuestro turismo para público nacional.

Y para que así conste, firma la presente,

Norge Espinosa Mendoza

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs

Aniversario 15 de
El ciervo encantado

TEATRO EN LA JIRIBILLA:

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.