La Habana. Año X.
17 al 23 de MARZO
de 2012

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Roberto Fernández Retamar
(La Habana, 1930)
 

Qué veremos arder  

A Marcia Leiseca, conversando

hacia la Plaza de la Revolución 

Abel derramó su sangre en el comienzo.

No lo siguieron más que los humildes, los olvidados.

Y, luego de andar sobre el mar,

Quedaron doce, y todo empezó de nuevo.

Bajaron con barbas al romper el año,

Y tuvieron discípulos sobre la vasta tierra.

 

Esto lo sabía ya el libro.

 

Pero los símbolos que ellos hicieron

No tenían libro: los que hicieron las cosas

No tenían nombres, o al menos sus nombres

No los sabía nadie. Las fechas que llenaron

Estaban vacías como una casa vacía.

Ahora sabemos lo que significan Cuartel Moncada, 26,

Lo que significan Camilo, Che, Girón, Escambray, octubre.

Los libros lo recogen y lo proponen.

 

El viento inmenso que lo afirma barre las montañas

y los llanos.

Donde los que no tienen nombre,

O cuyos nombres no conoce nadie todavía,

Preparan en la sombra llamaradas

Para fechas vacías que veremos arder.

 


Esta tarde y su lluvia  

El día es claro y firme ahora. Ha llovido.

Hay un vago recuerdo de la lluvia en el aire.

Las grandes hojas guardan sus minúsculas ruinas

—Múltiples ojos claros, gotas limpias y débiles―

Pero ya el cielo está sencillamente azul

(También, es cierto, hay grandes nubes blancas

Que ondean su orgulloso algodón y sonríen),

Y el aire y su recuerdo se recuestan y duermen.

Esta tarde y su lluvia, he pensado en tus ojos.

 

Esta lluvia he pensado en tu piel, y esta tarde,

Con su cielo y sus nubes, he pensado en tus ojos.

Una tarde, me he dicho, lloverá frescamente,

Lloverá en nuestras flores, lloverá en nuestras hojas,

Nuestra casa será regida por la lluvia.

(Allí sus hilos largos, de cristal delgadísimo,

Se enredarán quizá en nuestros propios pasos.)

Una tarde tan clara como esta misma tarde,

Lloverá en nuestra casa.

Por eso hoy, inexplicablemente,

Mientras su red sin peces descendía la lluvia,

Mientras las grandes flores acercaban sus labios

Hacia ese largo beso, yo pensaba en tus ojos

Tan tristes como míos, y en tus manos, y en ti,

Y en otra tarde casi como esta.

 


Entre los claros milagros

Estoy entre los claros milagros de este día

Surgido azul, radiante, de la luz; baja el viento

Como una sencilla esperanza: aguarda

Todo una plenitud que se va dando

Entre los ciertos, claros milagros de este día.

 

Escucho cómo algo late en el fondo, arde

Como una seca música, como a la vuelta

De este sol y este cielo: pensar es ahora hundir

Las manos, conceder la palabra al silencio;

Es el viento, la sencilla esperanza.

 

Lanzo

Hacia las lentas palabras de los astros,

Como llamas, voraces deseos que regresan

De inútil vuelo. Hay una línea, un borde irónico

Donde encontramos y perdemos.

 

                                          (El día azul

Sigue ascendiendo, como una rosa de incendio.)

 


Uno escribe un poema 

En el agujero del silencio

O sobre la algarabía descuidada infantil,

Encontré un árbol solo con flor rosada

Abriendo su caudal sobre la acera:

Tenía la cresta contra la mañana del cielo,

Y era como una mano, era como

Un pensamiento amigo. Lo poseí

Con tanta fuerza, que nos quedamos aún más solos

El árbol de flor rosada y mi alegría.

Pero luego pensé: triste, acaso imposible

Era este príncipe hasta que yo vine,

Y mis ojos, que atestiguan su perfección,

También le dan realidad. Y esta felicidad

Mía, a solas, quizá es también imposible,

Es como un árbol de flor sin embargo necesaria

Que se desperdicia entre silencio y ruido,

Inexistiendo tal vez, sin el ojo

Que al mirarla, alegrándose,

La haga de veras. Entonces

Uno escribe un poema.


Roberto Fernández Retamar: Poeta, ensayista e investigador cubano. Exponente de lo más avanzado del pensamiento intelectual cubano. Alcanza en 1954 el Doctorado en Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana. En 1956 estudia Letras en Londres y en París con el lingüista André Martinet. En 1986, alcanza el Doctorado en Ciencias Filológicas y es Profesor Honorario de la Universidad Mayor de San Marcos, Lima, Perú. Desde 1995 es Miembro de la Academia Cubana de la Lengua. Ha colaborado y dirigido importantes publicaciones cubanas tales como: la Nueva Revista Cubana, de la cual fue director entre 1959-1960. Es fundador de la Revista Unión, director de la Revista Casa de las Américas y Premio Nacional de Literatura, 1989. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía por su libro Patrias, en 1951, el Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, el Premio Internacional de Poesía Nikola Vaptsarov de Bulgaria, el Premio Internacional de Poesía Pérez Bonalde, de Argentina, el Premio de la Crítica Literaria por Aquí, en 1996 y la Medalla oficial de las Artes y las Letras, otorgada en Francia, en 1998. Entre su numerosa obra literaria se cuenta, en poesía, Elegía como un himno (1950); Patrias (1952); Vuelta de la antigua esperanza (1959); Buena suerte viviendo (1967); Juana y otros temas personales (1981); Aquí (1995). Entre sus estudios y ensayos sociohistóricos de mayor relevancia se encuentran: Idea de la estilística (1958); Ensayo de otro mundo (1967); Caliban (1971) e Introducción a Martí (1978). Actualmente es Presidente de la Casa de las Américas.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.