La Habana. Año X.
17 al 23 de MARZO
de 2012

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Para enfrentar con éxito los desafíos
Fernando Martínez Heredia • México

Estamos ante un acontecimiento muy importante para la cultura que quiere acompañar a los pueblos en las luchas por la liberación, y volverse un factor activo e indispensable en el desarrollo de los seres humanos y sus relaciones. Nuestro deber es luchar. Fidel Castro con los intelectuales, el libro que estamos presentando hoy en 12 ciudades al mismo tiempo, contiene un repertorio extraordinario de criterios de esclarecidos intelectuales acerca de temas que son fundamentales para la humanidad y para la vida en el planeta, y es un testimonio excepcional de la profundidad y la agudeza del pensamiento de Fidel, de su capacidad de convocar y conducir, y de su compromiso con los cambios que necesita la humanidad. Esas cualidades lo convierten en el líder político más descollante del mundo actual.

El Encuentro de intelectuales por la paz y la preservación del medio ambiente, convocado por la Red en Defensa de la Humanidad, fue el marco para la reunión con Fidel, en la que participaron 69 intelectuales de 21 países que asistían a la 21a Feria Internacional del Libro de La Habana, junto con 48 escritores, pensadores y científicos cubanos. Se celebró en el Palacio de Convenciones el pasado 10 de febrero, y duró nueve horas. Esta reunión había sido propuesta por Fidel un año antes, cuando en las mismas circunstancias nos reunimos con él a lo largo del día 11 de febrero. Fidel planteó entonces que estaba dispuesto a sostener un encuentro igual al inicio de la Feria del Libro de este año.

En la reunión del año pasado, Fidel había profundizado mucho en las gravísimas amenazas que se ciernen sobre la especie humana, tema central de aquel encuentro. En principio, ahora se continuaría debatiendo ese problema que pone a la humanidad ante una disyuntiva crucial. El capitalismo se empecina en ver al planeta solamente como el lugar donde obtiene sus ganancias, y su actuación implica una depredación ingente, al mismo tiempo que su desprecio por la vida humana hace crecer el hambre masiva al poner los precios de los alimentos en manos del capital financiero. La reunión próxima de Río + 20 nos encuentra en una situación peor que la denunciada por Fidel en su famoso discurso en la Cumbre de la Tierra, de 1992. Pero el encuentro con los intelectuales de 2012 iría mucho más allá en su diversidad de temas, en correspondencia con las necesidades de los movimientos y las ideas avanzadas frente a los desafíos actuales.

Entre otros destacados intelectuales, estaban presentes Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz; el mexicano Sergio Pitol, Premio Cervantes 2005; Frei Betto, François Houtart, Stella Calloni, Ignacio Ramonet, Atilio Borón, Miguel Bonasso, Norman Girvan y Carlo Frabetti. También participaron algunas ministras de Cultura de América Latina y África. El ministro cubano de Cultura, Abel Prieto, y Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, acompañaron en la mesa a Fidel.

Al inicio, Zuleica presentó un texto, extraordinario según Fidel, en el que aludió al inmenso arsenal nuclear que podría destruir a un planeta que duerme confiado todavía. Recorrió, en apretada síntesis de elegante forma, el hambre en África, la resistencia palestina contra el sionismo criminal, los niños de la calle que luchan por sobrevivir, las desventajas que confrontamos afroamericanos y los inmigrantes latinos, y otros males del mundo actual. Abordó el peligro de la guerra en un mundo cada vez más injusto e inseguro. Y recordó una idea del líder cubano: “La mayor contradicción en nuestra época es la capacidad de la especie para autodestruirse y su incapacidad para gobernarse”.

A continuación, Fidel les pidió a todos los presentes que expresaran libremente sus opiniones sobre los temas que consideraran importantes. Con paciencia y buen humor los fue escuchando, estableció el diálogo, apostilló a veces alguna intervención, e hizo un gran número de preguntas. “Vine a escucharlos a ustedes, a aprender de ustedes”, insistía. Fidel propuso que, como un producto de la reunión, debía salir un libro que recogiera todas las intervenciones, revisadas por sus autores y con los añadidos que quisiesen hacerles.

Paso a referir brevemente algunas de las intervenciones, sin ánimo de seleccionarlas por considerarlas mejores que otras, sino para ilustrar la riqueza de ideas, matices y perspectivas que contuvo la reunión.

Ignacio Ramonet denunció las prácticas del sistema mediático global, donde la información funciona como una rara mercancía que puede ser gratuita debido a que por intermedio de ella “el comercio de la información no consiste en vender información a la gente, sino en vender gente a los anunciantes”. Sus productos, dijo, son triviales, maniqueos, breves, muy simples. El poder mediático es gemelo del poder financiero. El primero tiene la función de domesticar a las sociedades, y el binomio es más poderoso que el poder político, que ha perdido fuerza hasta el punto de que literalmente las transnacionales barren el piso con los políticos. Los medios son peones del poder financiero.

Sin embargo, planteó Ramonet, Internet nos brinda hoy la posibilidad de construir redes sociales para elaborar y difundir nuestra propia información. “Hoy tenemos herramientas —dijo— que nos permiten intervenir, modificar, dar una opinión y no solo pasiva, interna, sino participando a nivel general. Nos permiten dirigirnos como ciudadanos, como quinto poder, capaces de hacer contrapeso a ese súper poder que se ha constituido”.

Sus tesis alentaron una rica discusión en torno a lo que pueden y deben hacer los intelectuales para enfrentar el inmenso poder del sistema prácticamente totalitario de información y formación de opinión pública que pretende controlar a todos. Actuar, pensar y divulgar, aunque los esfuerzos choquen, como dijo Abel Prieto, “contra la manipulación o el silencio”.

Adolfo Pérez Esquivel afirmó que la dominación no empieza por lo económico; empieza por lo cultural. Frente al intento de establecer un “monocultivo de las mentes”, llamó a la resistencia frente a la dominación cultural. “No tenemos recetas, pero tenemos formas de construir, de pensar y de hacer”. Reivindicó la indignación “frente a las injusticias, al hambre, a la pobreza, a la explotación”, citando palabras del francés Merleau Ponty. La pregunta es, dijo, “¿qué hacemos frente a todo esto?”.

El científico social argentino Atilio Borón, al mismo tiempo que se sumaba al reclamo de que el campo popular utilice las redes sociales, aclaró que la idea tan repetida de que el Internet fue el dinamizador social fundamental de los procesos recientes del norte de África, choca con el dato de que apenas el 20 por ciento de la población tiene acceso a la red en esa región. Recordó, además, el origen militar de Internet. Fidel comentó en ese momento que “han acabado con la privacidad de la gente. Se meten en todo. Todos los seres humanos son vigilados por aquellos que se consideran a sí mismos campeones de los derechos individuales”.

La escritora y periodista argentina Stella Calloni expresó su angustia ante el silencio de los medios y de una parte de la izquierda frente a las guerras coloniales desatadas por los imperialistas desde 2001. “Tenemos un tema ante nosotros: la información como arma. Ella es la que lleva a la guerra”, declaró. Y añadió: “Si no podemos parar esas guerras, ellos vendrán después sobre nosotros... El silencio de los intelectuales, nunca más...” Stella demandó una urgente reactivación de la Red En Defensa de la Humanidad.  Como ustedes saben, la Red se creó en 2003, en los días sombríos en que se consumaba la invasión norteamericana en Irak y parecía que el imperialismo podía hacer todo lo que quisiera. Mexicanos como Pablo González Casanova tuvieron un papel protagónico en el inicio de la Red, que hoy existe en numerosos países. Este último planteo de Stella provocó una animada controversia, que está recogida en el libro.

El Comandante sometió a Santiago Alba Rico, intelectual español que vive en Túnez, a un interrogatorio acerca de la situación en el norte de África y datos de sus países. Santiago tiene una posición muy interesante respecto a los movimientos sociales y políticos que han conmovido a la región, y todos ganamos mucho con sus respuestas.

Fidel le pidió al escritor y fraile brasileño Frei Betto que hablara también. Betto agradeció a Fidel “por su paciencia, su diálogo, su capacidad para escuchar…” En Cuba se hacen los cambios para mejorar la obra social de la Revolución, dijo, que es evangélica, además de política e ideológica, por “darle comida al que pasa hambre, salud a quien está enfermo, amparo a quien está desamparado, ocupación a quien está desocupado”. Sobre el estado actual del movimiento popular, dijo que es necesario “hacer una autocrítica, preguntarnos cómo está nuestra inserción social para la movilización política y qué proyecto de sociedad estamos elaborando junto con este pueblo, junto con los indignados, los campesinos, los desocupados”. ¿Por qué no hay movimientos progresistas en el mundo, con excepción de los de América Latina? Ante la crisis financiera en Europa, ¿qué propuesta tenemos? Se habla de ocupación de Wall Street, que es un movimiento de indignación, pero mucha gente no se da cuenta de que Wall Street significa “La calle del muro”, y mientras ese muro no se venga abajo, nuestra indignación no va a resultar en nada. Va a ser buena para nosotros, no para el pueblo.

Dos cosas son fundamentales, continuó Betto, y ambas se han practicado en la historia de la Revolución Cubana. Primero: tener un proyecto, no solamente la indignación. Tener una propuesta, metas. Y, segundo, raíces populares, contacto con el pueblo. Gramsci decía: “El pueblo tiene las vivencias, pero muchas veces no comprende su situación”. Nosotros, intelectuales —añadió Betto—, comprendemos la realidad, pero no la vivenciamos.

A lo largo de sus breves intervenciones, Fidel les recalcó a los intelectuales que el mundo está viviendo una coyuntura muy dura y difícil. En una de ellas afirmó que lo más peligroso es que los imperialistas controlan cada vez menos las fuerzas terribles y los procesos que han desatado, lo cual ilustró con la situación de norteamericanos y europeos en Afganistán e Irak, donde no pueden quedarse ni pueden irse. También expuso el grave peligro de guerra que se cierne en el caso de Irán.

En otra intervención, el líder revolucionario abordó el espíritu solidario e internacionalista que ha primado desde el inicio de la Revolución Cubana. Cuando se iba la mitad de los médicos, dijo, hubo médicos dispuestos a ir a ayudar a Argelia. “…en los viejos aviones Britannia que teníamos se trasladó la primera ayuda a Angola. Lo hacíamos sin buscar ningún protagonismo”. A estos principios, y a “una política honrada, no exenta de errores, pero honrada”, se unió la experiencia. Sin esa unión, “no habríamos podido resistir”. Y concluyó: “Las ideas que defendemos han partido de la experiencia, no son simplemente imaginaciones. Lo hemos vivido”.

En la fase final del encuentro, y después de hacer caso omiso a médicos y familiares preocupados por tantas horas que llevaba en él, Fidel tomó un paquete de cables de prensa con noticias solo de los tres últimos días, como les informó a todos, y leyó y comentó un buen número de cables. Esto le sirvió para someter a análisis un grupo de temas agudos que concurren a la situación del mundo actual, y brindar sus reflexiones sobre ellos, durante casi una hora; en los 20 minutos finales que siguieron, brindó ideas iluminadoras acerca de las realidades actuales y los caminos de su superación. Permítanme repetir unas palabras suyas, de las cuales se ha tomado el título de este libro: “nuestro deber es luchar. Aunque nos digan que el mundo está por acabarse en una hora, nuestro deber es luchar”.

Es difícil transmitir la carga de emociones que conlleva un encuentro como este. Los intelectuales visitantes incluían a unos que han estado muchas veces en Cuba, conocen en un alto grado a su gente y sus problemas, y mantienen vínculos entrañables con nosotros. Otros han estado poco y nos conocen menos, aunque también practican una solidaridad ejemplar con Cuba. Pero unos y otros eran subyugados por la presencia y la palabra de Fidel, por su vitalidad y su entusiasmo, por la cortesía con que recibía las más disímiles manifestaciones y por la agudeza de sus comentarios, que unas veces abrían camino a las profundizaciones y garantizaban los disensos, y otras ayudaban a mantener encausado el diálogo ante los floreos de algunos dialogantes. Todos estábamos pendientes de sus gestos y a la espera de que hiciera más intervenciones, pero el líder de la Revolución Cubana cultivaba una gran contención y estimulaba las participaciones.

Otra vez pensé que hay varios mundos dentro del que creemos que es uno, en torno a los ideales de la emancipación humana. La teoría más afín a la izquierda explica el condicionamiento social de las actuaciones humanas y de los designios individuales, incluidos los de las personalidades más destacadas. La condición de intelectual parece exigir una guardia permanente frente al influjo de los poderosos y los líderes carismáticos. Pero una y otra desaparecían ante Fidel. Aunque con matices diversos, todos reconocíamos la grandeza de aquel ser humano, la superioridad que no viene de que se tenga una jerarquía, ni de la pertenencia a una casta.

Es obvia la trascendencia del libro que estamos presentando. El mundo actual está abocado a encrucijadas tremendas, y se presenta muy compleja y llena de obstáculos la actuación de los que pueden plantearse y sacar adelante soluciones que sirvan al bienestar de la humanidad, a las liberaciones de los oprimidos y la conservación y nuevas relaciones con el medio en que vivimos. Pero existe una colosal acumulación cultural que proporciona un potencial a favor de las resistencias y las rebeldías, de los cambios y las creaciones. Entonces saltan interrogantes fundamentales, como la de si el capitalismo podrá o no impedir que ese potencial se convierta en realidades, o si los oprimidos serán capaces de asumir y utilizar ese cúmulo de experiencias e ideas para ponerse en marcha, hacerse conscientes, organizarse y atreverse a vencer.

Los intelectuales y artistas que estén dispuestos a poner sus capacidades y sensibilidades en la balanza, del lado de los pueblos, podrán desempeñar papeles muy importantes para que se logre enfrentar con éxito aquellos desafíos. Esto hace más relevante el esfuerzo desplegado por Fidel al convocar a los intelectuales reunidos en el Encuentro y en el libro Nuestro deber es luchar, compartir sus ideas con ellos y poner el fruto al abrigo de su enorme prestigio. Y, al mismo tiempo, hace más relevante el rico conjunto de contribuciones que hicieron docenas de los convocados, puesto ahora al alcance de tantos miles de lectores que sabrán sacarle provecho. Muchas gracias.

Palabras en la presentación del libro Nuestro deber es luchar en la Embajada de Cuba en México, D.F. 14 de marzo de 2012.

• Descargue Nuestro deber es luchar (en español) En PDF 5,8 Mb

• Descargue Nuestro deber es luchar (en INGLES) En PDF 5,8 Mb

 
 
 
 


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Presentación del libro Nuestro deber es luchar

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