La Habana. Año X.
10 al 16 de MARZO
de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Editorial En Vivo del ICRT

Para satisfacer lectores voraces

Víctor Fowler • La Habana


La sala Rubén Martinez Villena de la UNEAC se llenó. Fue el primer éxito de la presentación de los diez libros preparados para la 21 Feria Internacional del libro por la Editorial En Vivo del ICRT. Allí estaban los autores, algunos entrevistados, editores y público interesado en las nuevas entregas de este sello en su segundo año de existencia.

Pedro Amezaga, director de la editorial, esbozó los objetivos futuros: libros que continuarán la línea abierta en temáticas, además de incorporar textos con investigaciones que doten a los creadores de argumentos para sustentar mejor sus obras.

En Vivo pretende llegar a ser un proyecto que una a los libros, el portal y revista impresa homónimos como una suerte de centro para pensar la televisión.

En tal sentido, Miguel Barnet, presidente de la UNEAC expresó que hoy la televisión sigue siendo una fuente de debates en diversos escenarios por la importancia que reviste para la difusión cultural.

Destacó que la mayoría de los teleplays y telenovelas transmitidas en los últimos tiempos, son muy útiles al reflejar diversas facetas de la vida cubana actual, criticando el racismo, la homofobia, la corrupción y otros males que lastran la sociedad.

El miembro del Comité Central sostuvo que encarar esos temas con arte, han posibilitado que dejen de ser tabú como en alguna época los fueron.

La presentación de los textos estuvo a cargo del reconocido crítico e investigador Víctor Fowler, de  quien reproducimos sus palabras.

 

Amigos y colegas:

I

No son muchos los que tienen la oportunidad que ahora mismo estoy disfrutando; la oportunidad de presentar un sueño y también la de regresar agradecimiento a quienes de niño, a su vez, me hicieron soñar. Cuando veía las “Aventuras” de entonces —aquellos míticos programas de piratas, mambises y hasta vikingos—, siempre me llamaba la atención una escena particular; sin importar la geografía o el siglo, el jefe de “los malos”, al frente de una escuálida tropa (de apenas cinco o seis soldados) llegaba a una encrucijada, se detenía a descansar debajo de un evidente árbol de atrezzo y daba la siguiente orden: “¡Ustedes, vayan por allá… ustedes, síganme!”.

Me encantaba que los pequeños todos —en mi casa, el barrio o la escuela— supiéramos que esos árboles eran “de mentira” (como entonces se decía), pero más aún me maravillaba el convenio implícito entre espectadores y programa; un convenio según el cual la tropa de “los malos” de turno era tan numerosa como para ser dividida en grupos delante de nuestros ojos. De tal modo, a pesar de la imposibilidad evidente, nos complacía creer que encima de “los buenos” se cernía un peligro terrible.

A medida que crecí tanto la televisión, como la radio han quedado en mi cabeza unidas a la existencia de esa suerte de contrato no escrito —según el cual aceptamos como real mucho que es ilusorio— y a la plasmación —en todo tipo de efectos: sonoros, de fotografía, de montaje, de los decorados, etc. — de una creatividad extraordinaria, única, que posibilita la ilusión. A este propósito, todavía me fascina la magia de La comedia silente, aquel programa donde Armando Calderón imitaba sonidos e incluso creaba diálogos y hasta tramas inexistentes en la película muda que transmitía, o imaginar que los personajes a los que seguía en cualquier historia de mosqueteros tal vez llevaban horas bajo el sol con aquellas ropas de época. Lo que a primera vista parece magia es resultado de largas horas de estudio e invención, de la pasión y el profesionalismo.

Cuando, años más tarde, pude sentarme detrás de un micrófono —las pocas ocasiones en las cuales hice una sección sobre “poesía y música rock” en Somos Jóvenes, en la COCO— y aprendí a entender el valor de una palabra, del silencio, la placentera noticia de que los oyentes escriben agradeciendo a un programa, aprendí que los escuchas están donde uno menos los espera o, simplemente, que es necesaria una enorme capacidad de entrega y amor en un medio en el cual después de un programa viene otro y las palabras se las lleva el viento.

II

Si de algún lugar surgió la Editorial En Vivo, fue del último Congreso de la UNEAC, de la cantidad de ocasiones en las que allí se habló del ICRT y del deseo de estimular una crítica de muy alto nivel para la radio y la televisión en nuestro país. A la propia vez, puesto que proyectos como este no surgen un día exacto, sino que resultan de una larga acumulación de voluntades, En Vivo también surge de los eventos anuales del Caracol, del trabajo de los críticos cubanos, así como de las demandas de superación o representación dentro del propio ICRT.

Me tocó el privilegio no solo de haber sido parte de los primeros momentos de la editorial, sino la posibilidad (y responsabilidad) de ser quien propuso la existencia —dentro de una estrategia de mayor amplitud— de la editorial misma. En aquellos días, soñábamos en plural Magda González, Waldo Ramírez, Pedro Amézaga y yo. En Vivo comenzó como una revista electrónica que debía funcionar en paralelo a los Portales de la Radio y de la Televisión cubanas; tomando en cuenta semejante acompañamiento, desde el inicio propuse que la revista tuviese un perfil orientado hacia lo académico. De esta manera era posible estimular el desarrollo del estudio profesional de la Radio y la TV cubanas, con trabajos de mayor densidad y extensión que textos periodísticos; aquí no se trataba de minimizar los reportajes, reseñas, artículos breves, entrevistas de actualización informativa u otros materiales de tal corte, sino de establecer niveles de trabajo diferentes calculados para públicos diferenciados.

Convencidos de la centralidad de la radio y la televisión en la vida contemporánea nos interesaba, repito, dar impulso al estudio profesional y académico de ambas. Por una parte, estábamos dispuestos a publicar, siempre que valiese la pena y sin eliminar una frase, una larga y densa entrevista a un realizador, director, actor o técnico que tuviese cosas que enseñarnos; por la otra, queríamos conectar con los amplios sectores que, más allá del consumo, desean conocer y es así que la revista incluía secciones permanentes para presentar al público (para aumentar sus herramientas crítico-analíticas) artículos sobre cuestiones técnicas, así como secciones para homenajear a grandes personalidades de ambos medios. Por lo anterior es que el primer número de En Vivo contiene lo mismo un artículo sobre el tránsito de la televisión analógica a la digital que textos de homenaje y recordación para Cuqui Ponce de León y Gladys Goizueta.

Por ambicioso que parezca, esto era solo el inicio, pues el proyecto editorial global incluía —además de la revista electrónica— la publicación de una versión en papel, la publicación de una serie de libros de contenido mayormente académico, la publicación de un anuario de la Radio y la TV cubanas, la creación de un programa televisivo que presentara al público nacional (utilizando la estructura de revista) los mismos contenidos que aparecieran en la versión electrónica (de esta manera, la televisión utilizaría su potencial para extender cultura por el país, pero esta vez cultura sobre la televisión misma) y, finalmente, En Vivo también debía de generar una “peña artístico-cultural y de debate”, abierta a la población, para propiciar un nuevo contacto entre artistas y público.

Más allá de lo anterior, en el último de los sueños, queríamos que la sede de la revista (al menos esa es mi concepción) se transformase en un centro para conversar y discutir sobre la radio y la televisión del pasado, las del presente, que nos contásemos lo mejor que habíamos visto o leído, que nos mandasen a callar. Pero todo eso, sobre todo, porque estábamos discutiendo la radio y la televisión del futuro.

III

La presentación de estos diez libros que En Vivo ha hecho para la Feria Internacional del presente año, es una contribución fuerte a los estudios sobre radio y TV en nuestro país; esfuerzo que viene a sumarse a los ocho pequeños volúmenes presentados el año anterior. Recuérdese entonces que, en solo dos años, han visto la luz nada menos que 18 volúmenes en esta editorial pequeña. Lo segundo que se debe destacar es que En Vivo ha mejorado los productos que presenta; esta vez la impresión tiene mejor calidad, los libros un tamaño más digno, contienen fotografías visibles, algunas portadas muestran diseños hermosos.

Son aciertos absolutos libros como Las muchas cuerdas de la cultura, de Guille Vilar; Protagonistas de amores contrariados, de Paquita Armas Fonseca; Grandes de la radio, de Norma Gálvez; así como los guiones para radio de Nersys Felipe, equivocadamente publicados bajo el título Román Elé y otros relatos o esa sorpresa de disfrute para la inteligencia que es Entevenimiento y Confesiones de grandes, de Aurelio Prieto Alemán, donde el entrevistador insiste en revelar el lado humano más íntimo de aquellos a quienes entrevista (sus dolores, sus fracasos, incluso los momentos en que han sido víctimas de injusticia) y así enseñarnos de qué sustancia están hechos los grandes campeones.

Es muy difícil donde no ha existido nada, o solo muy poco, crear un gran proyecto editorial, pero hay que intentar siempre que esa vocación de alcanzar lo extraordinario no desaparezca como guía permanente del trabajo. Una editorial de la radio y la televisión justifica su existencia en tanto nos brinde productos que celebren las mejores tradiciones de ambos medios, difundan el estudio y el análisis crítico de programas o problemáticas; esta segunda parte, la que profundiza en el estudio, la investigación y el análisis crítico necesita ser desarrollada con mayor fuerza.

Como lectores sedientos que somos, deseamos que En Vivo nos adentre en esos mundos.

 
 
 
 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.