La Habana. Año X.
3 al 9 de MARZO de 2012

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         III Evento Internacional de Pantomima Teatro del Cuerpo Fusión Habana 2012

Cosas que pueden decirse con el silencio

A. S. Yhanes • La Habana

Fotos: R. A. Hdez. (La Jiribilla)

Son más de una veintena. Llevan trajes negros ceñidos al cuerpo que solo en la parte superior y en las medias alternan con rayas blancas. Algunos usan máscaras que recuerdan a las de la Commedia dell’Arte, otros simplemente sonríen, ninguno pasa los 20. Sus movimientos son estilizados, coordinados, precisos. Se trata de los estudiantes de la Escuela de Formación de Mimos, los verdaderos protagonistas del III Evento Internacional de Pantomima Teatro del Cuerpo Fusión Habana 2012.

Digo verdaderos protagonistas, porque a pesar de que todas las conferencias y la mayoría de las puestas en escena fueron suscritas por profesores e invitados extranjeros; los alumnos, de una u otra forma, participaron en cada una. Colaboraron en las demostraciones, actuaron, rieron, lloraron e hicieron, de más está decirlo, mímica.

A veces, incluso tuvieron que olvidar que eran mimos. Como el momento en que Maikel Chávez, profesor de Teoría del Teatro, les hizo escenificar fragmentos de Que el diablo te acompañe, de Abelardo Estorino. Era una rutina que ya conocían en clases, el grupo se dividía en tres: de un lado los directores, del otro los asesores y en el centro los actores que interpretan la obra, o al menos un segmento. Una vez terminada la representación, comienza el debate. Aunque a esa edad, más bien se discute, en el buen sentido. Allí, hacen un desmontaje de la puesta en escena: el argumento, la caracterización de los personajes, el espacio. El objetivo del ejercicio es sencillo: entender cómo funciona el teatro.

Tiene que ver con algo de lo que también habló otro profesor, Carlos Moreno. Se refirió a que a cada uno de esos muchachos y muchachas, que en ese momento espiaban tras bambalinas, había que asumirlos como un cuerpo cultivado. Es decir, más allá de enseñarles los imprescindibles elementos técnicos, hay que proporcionarles, además, una formación artística completa. De modo que sean capaces de utilizar ese sustrato cultural para superar cualquier reto y lleguen a pensar proyectos propios. Se trata de convertirlos en sujetos del arte. Para ello, explicó, había que superar la noción del cuerpo tecnificado para concebir un cuerpo cultivado, aquel que está preparado artísticamente para cumplir su función expresiva y comunicativa.

Rachel, una muchacha de unos 16 años, fue capaz de materializarlo mejor que cualquiera; esto, desde luego, sin decir una palabra. Interpretó a una mujer que padece una obsesión, no quiere que la suciedad, las bacterias o el aire contaminado la toquen. Por eso, comienza a protegerse con nylon, hasta que queda completamente aislada del mundo dentro de una jaba estéril que, en lugar de protegerla, la ahoga. A partir de este drama individual, Rachel supo apuntar otro que lo trasciende: la asfixia del planeta.

Sin proponérselo, esta metáfora gestual sirvió para que, minutos más tarde, el mimo ecuatoriano Luis Cáceres iniciara su ponencia sobre la capacidad que tienen los gestos para alcanzar imágenes poéticas. Es decir, al igual que la literatura, emplea figuras retóricas, los gestos pueden desarrollar recursos expresivos que sirvan para expresar pensamientos complejos.

“Creo que ahí está lo rico del mimo: poder hacer visible lo invisible —me explicó mucho después, bajo la mirada curiosa de los estudiantes que nos pasaban por el lado—. Pero no solo graficándolo, sino también haciéndolo entendible para el espectador. Este es el trabajo de la metáfora, de la poesía, permite hacer visible lo invisible. Tal vez requiera más tiempo, porque una palabra puede decir mil cosas. Por ejemplo, digo muerte y todo el mundo lo entiende, pero en escena puedes demorar 20 minutos representando lo que es la muerte. Pero de todos modos la gente llega a entenderlo.”

Luego agregó: “La propuesta que traemos —habla de él y su padre, el mimo Petronio Cáceres— es la de formar un actor inteligente. Queremos que el actor conozca todas las herramientas para que desde su actuación haga propuestas, eso sí, siguiendo la línea estética del director. No queremos restarle al director protagonismo como artista, sino conferirle uno mayor al mimo. Porque de lo contrario se vuelve un obrero y el artista solamente es el director. El teatro es autopoiético es una membrana que encierra fuerzas que están jugando, que se alimentan entre ellas y siguen creciendo. Por eso, me gustó mucho el concurso de talentos jóvenes que hicieron aquí, lo que presentan es fantástico, son actores inteligentes, la Escuela les está dando todas estas herramientas”.

Otro mimo, el colombiano Julio Ferro, miraba de soslayo a los muchachos cuando hablaba de la nueva generación: “Hay un problema muy fuerte y es que las nuevas generaciones muchas veces desconocen a los viejos, no siempre hay esa fusión entre el conocimiento que da la experiencia y el nuevo que tiene muchas virtudes para crecer. En Colombia, y creo que en toda Latinoamérica, en ocasiones, se echa a un lado a los viejos, mientras que en otras culturas hay sabiduría y se tiene en cuenta para fusionar con esa sabiduría y esa vitalidad de la gente joven”.

Sin embargo, poco después apuntaba: “Me encanta lo que está pasando acá, con esta escuela tendremos una generación muy hermosa, con muchas herramientas. Esta compañía en tres o cuatro años va a dar mucho de qué hablar a nivel mundial”.

Nadie quita que dentro de tres o cuatro años, quizá menos, estos muchachos den mucho de qué hablar. Pero ahora definitivamente conquistaron el evento. Incluso, cuando en la clausura casi todos los premios del primer Concurso de Creación para Mimos iban a parar a manos de sus profesores, autores de las piezas ejecutadas, fueron ellos quienes compartieron el abrazo; pues, a fin de cuentas, los premios también eran suyos.

Tal vez por eso Maritza Acosta, directora de la Escuela y de la Compañía Teatro del Cuerpo Fusión —a quien ni siquiera una lesión en el tobillo le impidió participar en las conferencias e incluso actuar—, les agradecía especialmente a ellos, a los estudiantes, por su trabajo durante esos tres días. Tres días en los que, sin necesidad de palabras, demostraron que el escenario no es más que una extensión de la vida.

 
 
 
 


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III Evento Internacional
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.