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La cultura cubana y la emigración

Jesús Arboleya Cervera • Progreso Semanal

En varios de los paneles celebrados durante la recién finalizada Feria del Libro de La Habana, fue tratado el tema de la cultura cubana en la emigración y la relación del país con los intelectuales y artistas que viven en el extranjero.

En realidad, desde hace años, este asunto ha despertado creciente interés teórico, primando una voluntad inclusiva que supera lo que Ambrosio Fornet describió como una especie de “nacionalismo excluyente”, el cual descartaba de la cultura nacional la producción artística y literaria que se realizara fuera de Cuba.

El problema, sin embargo, no se limita a rectificar la visión política que generaba esta actitud, sino también a reconocer que se trata de un fenómeno muy complejo, debido a la historia y las transformaciones de la cultura cubana, como resultado, entre otras causas, de las características que asume el proceso migratorio del país a partir del triunfo de la Revolución.

Está claro que, incluso antes de cuajar plenamente la nacionalidad cubana, hubo emigrados que difundieron esta cultura y contribuyeron a su consolidación. Es por ello que fue en la emigración donde se produjeron buena parte de las grandes obras de la época colonial y se expresaron muchos de los principales intelectuales y artistas cubanos de esta etapa, siendo José Martí el más destacado de ellos.

El proceso continuó durante la primera mitad del siglo XX. Muchos intelectuales y artistas cubanos vivieron parte de su formación en el extranjero y alcanzaron relevancia internacional fuera del país. En resumen, desde sus orígenes, la cultura cubana se ha desarrollado en contacto con el mundo y ha tenido expresión fuera de las fronteras nacionales. Sin embargo, el referente identitario siempre estuvo solo en Cuba, dado que en ninguna otra parte se articuló a escala social, como ocurre actualmente, debido a la existencia de los cubano-americanos.

Es evidente que no existen razones para excluir del concepto de cultura nacional a un intelectual cubano que vive en Francia y escribe en español, a un músico emigrado que toca rumba en Alemania o a un pintor cubano que radica en México. No obstante, el problema se complica cuando hablamos de EE.UU., dado que el cubano-americano implica la integración de los cubanos y sus descendientes a la sociedad estadounidense, dando forma a un grupo social específico, que alcanza su identidad norteamericana mediante una manera singular de expresarse la cultura cubana.

El contacto con Cuba alimenta esta identidad cubano-americana hasta el punto de constituir una necesidad existencial para la propia supervivencia cultural de esa minoría nacional estadounidense, pero no la define, y su evolución está más determinada por la realidad norteamericana que por la cubana. Incluso aspectos claves, como el bilingüismo, la diferencian ostensiblemente de las expresiones culturales existentes en Cuba, aunque otros muchos aspectos resulten similares.

La pregunta entonces es si estamos en presencia de cultura cubana. Yo creo que sí, pero de una expresión de la cultura cubana que existe a escala social fuera de las fronteras nacionales y se relaciona con otra ciudadanía, lo cual no es extraño para la mayor parte de las culturas, pero constituye una novedad en el caso de Cuba, donde la cultura nacional tuvo un referente exclusivo dentro del país, entre otras cosas, porque somos un pueblo nuevo e históricamente fuimos una sociedad de inmigrantes hasta la década del 30 del pasado siglo.

La otra pregunta es si la cultura cubano-americana es cultura norteamericana. También creo que sí, mirado desde la condición multiétnica y multinacional de esa cultura, una realidad que no quieren reconocer los fundamentalistas blancos en ese país, pero que cada día se acentúa como resultado, en especial, del crecimiento de la minoría étnica latina.

A través de los cubano-americanos, la cultura cubana ha alcanzado una presencia orgánica en la cultura norteamericana y ello constituye un reto inmenso para la manera en que la hemos concebido hasta el momento, obligando a un enfoque novedoso de este fenómeno.

Las características transnacionales de la emigración contemporánea se corresponden con esta lógica. Hoy día, cada vez es más frecuente el contacto sistemático de los emigrados con su país de origen, influyéndose mutuamente en el desarrollo de formas culturales que enriquecen, a la larga, las culturas nacionales respectivas. Los cubano-americanos no son, por tanto, una excepción a esta regla, aunque el conflicto político entre los dos países ha limitado estos contactos, limitando su desarrollo.

En tanto constituye un ente vivo en constante transformación, la cultura cubana no es la misma que existía hace medio siglo, al contrario, se ha transformado como pocas, debido a los cambios políticos y sociales ocurridos en el país, a la existencia de una emigración que reproduce la cultura nacional en un contexto distinto y a la relación de todos con un mundo que también ha cambiado.
 

Comprender esta realidad y asumirla en toda su complejidad tiene un valor estratégico para el futuro de la nacionalidad cubana y resulta esencial para conocernos mejor a nosotros mismos. Vale entonces la pena que lo abordemos sin prejuicios.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.