La Habana. Año X.
18 al 24 de FEBRERO
de 2012

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El año de Virgilio
Dainerys Machado, Jorge Marcos Calañas y Abel Sánchez • La Habana
Fotos: Yaima Amador (La Jiribilla)

El próximo 4 de agosto cumpliría Virgilio, de no haberse convertido en isla, cien años. De una forma u otra, lo que vaticinaba en aquel poema se cumplió: sus piernas se hicieron tierra y mar, árboles brotaron de sus brazos, rosas de los ojos y arena del pecho; y ya tendido, como suelen estarlo las islas, se volvió parte esencial de lo que somos.

Por ello, este será su año. Se ha publicado gran parte de su obra y la que aún falta aparecerá en los próximos meses; su teatro absurdo y frío vuelve a las tablas; y en la 21a Feria Internacional del Libro fueron dedicadas varias actividades a su memoria.

El sentido de lo grotesco

En la sala Nicolás Guillén, de la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, se realizó el coloquio Un poco de Piñera. Allí, el joven investigador David Leyva, a un tiempo entusiasmado y nervioso, se refirió a la estética de lo grotesco en la obra de Virgilio. Mucho se habla del absurdo o el existencialismo, pero de su capacidad para ver lo deformado, lo irreal que puede llegar a ser la realidad, esa manera de responder con imperfecciones a la vida imperfecta, apenas se habla. El grotesco piñeriano, explica, tiene lugar en el centro de la acción, evitando el regodeo lezamiano en el detallismo descriptivo. En ambos se evidencia un neobarroco antagónico: de un lado, Lezama, émulo de Luis de Góngora o, lo que es lo mismo, el culteranismo; y del otro, Piñera, seguidor del conceptismo de Francisco de Quevedo.

Al decir de Leyva, tras Quevedo, inevitablemente, se llega a Martí. Pues, por contradictorio que parezca, la influencia del cojo de la Torre de Juan Abad no fue lo único que tuvieron en común él y Virgilio. Ambos, además, cultivaron un grotesco que le debe mucho a Baudelaire, aunque el de las Escenas Norteamericanas es eminentemente descriptivo y el de Muecas para escribientes se enfoca, ya está dicho, en la acción.

Luego el poeta y ensayista Víctor Fowler, provocativo y sardónico, como lo fue Virgilio, reflexionó sobre ese poema que carga sobre sus hombros a todo un país: “La isla en peso”. Un texto que arroja al lector una serie de imágenes apoyadas, efectivamente, en lo grotesco; las cuales, al mismo tiempo, nos muestran un camino para repensar lo que pudiéramos ser como país, lo que fue nuestro pasado y abrió una alternativa al encerramiento que implica la idea de un destino fatal. Más que respuestas, Fowler dejó preguntas, invitó al panel a conceptualizar una noción más sintetizada de lo que podría ser lo grotesco.

El escritor Antón Arrufat, con voz grave, casi gutural, intervino a propósito de esa relación ambivalente que tuvo Piñera con Martí, esa manera desenfadada en que se acercó a él en la crítica de Amistad funesta, tratándolo simplemente como un escritor que ha hecho una novela no muy feliz. En cambio, otra de las sorpresas de un Virgilio siempre impredecible, es cuando compara a Martí y a Casal; a pesar de que la noción que tenía el último de la poesía autónoma era más afín a la del propio Virgilio, Piñera privilegia al primero, pues Martí tiende a la concentración poética, mientras Casal es más disperso, simplemente llora por las ruinas de un mundo que ya se ha ido. Al final, en su poesía última, Piñera se acercó a Martí de una manera más personal y secreta, sin estridencias, afirmó el también reconocido dramaturgo.

Pero hablar de Virgilio sin mencionar su teatro sería una negligencia imperdonable. Precisamente en esa faceta se concentró el teatrólogo Norge Espinosa, quien en una intervención rápida y precisa, sin renunciar a la calidad formal, como le hubiese gustado a Piñera, analizó el último elemento que integra la tríada teatral de Virgilio: Dos viejos pánicos, junto con Electra Garrigó y Aire frío. Sin olvidar, desde luego, que fue el último dramaturgo cubano en salir del ostracismo gris de los 70.

“Piñera —concluyó— es capaz de azuzar, de acosar, de hacer temblar muchos de los cimientos sobre los cuales creíamos, cómodamente, que la casa estaba levantada. Luego, esa casa se ha estremecido, se han caído algunos muros, otros se han derrumbado, y la obra de Piñera sigue aquí. Creo que una obra como Dos viejos pánicos nos dice eso: que la persistencia en el hecho de vivir y jugar a la muerte en el hecho de vivir, sigue siendo una clave esencial para entendernos en Cuba, por encima de crisis, obstáculos y silencios. Los que no han estado cerca de este centenario insisten en que Piñera aún no se ha rehabilitado, insisten en que Piñera debería ser una figura por la cual algunas personas deberían pedir perdón. Creo que él hubiera pasado por encima de eso, en tanto quería en vida que le dieran todo lo que le anunciaron en muerte. Por eso, quiero pensar que su centenario lo hacemos en vida y no desde la comodidad de quien divisa la sombra de una lápida. Piñera, de alguna manera está aquí, está diciendo que a través de los versos de Baudelaire todo puede ser reimaginado para la literatura, lo cual en su caso quiere decir, también, para la vida.”

Virgilio Piñera y la danza en Cuba

Otro coloquio, Virgilio Piñera en la danza, efectuado esta vez en la sala José Lezama Lima, reunió a los panelistas Ahmed Piñeiro, Ivette Fuentes, Pablo Argüelles y Ricardo Reymena.

Pedro Simón, moderador del encuentro, resaltó la versatilidad del “gran narrador, dramaturgo, poeta y ensayista que fuera Virgilio” y comentó las relaciones del escritor con el arte danzario. “La danza no fue muy frecuente en su obra, si lo comparamos con otros miembros del grupo Orígenes. Aparece poco, pero de una manera notabilísima”.

El poema “La caída del danzante”, el cual ha despertado un gran interés en los últimos años, fue analizado por los panelistas. Recordaron que “el danzante” fue negado por el propio Virgilio y las causas que lo llevaron a esto, no están libres de polémica. Fuentes enfatizó la particular utilización de “la metáfora de la caída” en el poema, “poco frecuente en la literatura cubana y manejada magistralmente en el danzante”.

Ricardo Reymena comentó sus experiencias en la adaptación de la pieza teatral Electra Garrigó, de Virgilio, que se presentó en el Décimo Festival de Ballet de La Habana. La obra homónima formó, desde entonces, parte del repertorio del Ballet Nacional de Cuba y fue representada en varias ocasiones. “Fue un trabajo gratificante, recibimos innumerables críticas que lo trataban como un encuentro valioso entre el teatro y el ballet”. 

Ahmed Piñeiro se refirió a la admiración del escritor cubano por Alicia Alonso. En su intervención, Piñeiro realizó un recorrido por las adaptaciones que se han hecho de la obra virgiliana y partió del impacto de Electra Garrigó. “Después de esta presentación varias compañías comienzan a crear piezas sobre la obra de Virgilio. A principio de los años 90, nuevas compañías enriquecieron el panorama cultural con estas propuestas. Surgió en esos años CoDanza, dirigida desde entonces por la bailarina, profesora y coreógrafa Maricel Godoy y una de sus piezas mejor lograda fue “El banco que murió de amor”, obra sui generis basada en el poema homónimo de Virgilio y que se acerca mucho más al ballet teatral”. Igualmente resaltó los valores de “El peso de una isla”, ballet inspirado en el poema de Virgilio “La isla en peso”.

Los encuentros con la creación del intelectual cubano, en el marco de los festejos por su centenario, serán igualmente favorables para el debate de las últimas jornadas habaneras de esta Feria del Libro.

El no y el sí de un Piñera siempre teatral

La recurrencia de extraños personajes, teorías existenciales, y esa mirada crítica al “ridículo nacional” en el imaginario de lo cubano, permiten asegurar que la obra de Virgilio Piñera es, en realidad, todo un sistema literario. Su construcción creativa nace, para muchos, justamente en su teatro, y se extiende al resto de sus expresiones desde diálogos y rupturas continuas, con estilo y estética muy bien definidos.

“Cuba se reconoce a sí misma desde lo que dicen la mayoría de las obras piñerianas”, aseguró el escritor Norge Espinosa durante su intervención en el panel La dramaturgia de Virgilio Piñera que tuvo lugar en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Con la presencia además del Premio Nacional de Literatura Antón Arrufat, y del joven dramaturgo Yunior García, el encuentro sondeó cómo, diferentes generaciones de intelectuales cubanos, reconocen la existencia de un corpus dramático piñeriano, y no pueden desprenderse de él en su escritura, ya sea desde la negación o la asunción de sus cánones dramáticos.

Como expresiones de la universalidad del mito Piñera, se debatió sobre la naturalidad o antinaturalidad de sus creaciones, su “desencanto” como filosofía de la vida, y la ironía, el absurdo y lo grotesco como nomenclaturas más o menos acertadas de sus recursos de expresión.

Además de analizar los principales presupuestos de su teatro y cómo se entroncan estos con los otros géneros que cultivó, el espacio fue propicio para que Arrufat comentara la amplia presencia de académicos, profesores e intelectuales que se espera en el Coloquio Internacional Virgilio Piñera, que debe celebrarse del 19 al 22 de junio próximos en homenaje al centenario del escritor.

 
 
 
 



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La Feria en La Cabaña


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Inauguración de la 21 Feria Internacional del Libro

LA JIRIBILLA EN LAS FERIAS DEL LIBRO

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.