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18 al 24 de FEBRERO
de 2012

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Literatura en la diáspora:
Tender puentes entre las orillas
Helen H. Hormilla • La Habana
Fotos: Yaima Amador (La Jiribilla)

La literatura cubana producida fuera de la Isla ha sido por muchos años distanciada del canon nacional. Las razones tocan credos y argumentos de índole político e ideológico y se vinculan además con las circunstancias económicas del país. Sin embargo, ninguna resulta justificante, de ahí que en las dos últimas décadas se ha intentado acercar a los lectores cubanos esa otra zona de su cultura nacional, un proceso que no está exento de tensiones provocadas por añejas heridas y dogmatismos.

Ha sido la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), desde la Editorial UNIÓN y la revista La Gaceta de Cuba, una de las instituciones precursoras en este acercamiento. Por eso no extraña que en su sede nacional se gestara el panel “Tan cerca y tan lejos”, dedicado a analizar la presencia editorial en Cuba de la literatura de la emigración durante la 21a Feria Internacional de Libro de La Habana.

Los escritores Reynaldo González, Leonardo Padura y Senel Paz partieron del convencimiento de que la literatura nacional la escriben los cubanos y cubanas desde dondequiera que se encuentren. La historia de nuestras letras tiene una larga tradición de diásporas sucesivas, comenzando por el siglo XIX con autores como José María Heredia, José Martí y Cirilo Villaverde.

“En Cuba la diáspora ha sido parte consustancial de la cultura”, sostuvo González, quien desde la revista La Siempreviva se ha preocupado en publicar autores emigrados: “una cultura formada y sólida debe tomar con cierta ecuanimidad y serenidad este asunto de tener escritores dentro y fuera”.

Por varias décadas, se excluyó de los estudios y periodizaciones de la literatura cubana los nombres de autores emigrados. Los saldos de estas lagunas se manifiestan en el desconocimiento por parte de un sector considerable de la población cubana de figuras significativas de su tradición cultural.

Padura considera inadmisible desde cualquier punto de vista que la política o la filiación política de un escritor pueda ser invalidante para su inclusión nacional. “La pertenencia a una cultura y una nación está por encima de las coyunturas políticas que existan en momentos específicos. Hemos sido testigos de una ruptura política de parte y parte con respecto a la literatura que se ha escrito en los últimos 50 años dentro y fuera de la Isla, pero la literatura escrita fuera de Cuba es literatura cubana. El problema ha sido la manera en que se ha asumido por los centros receptores y emisores”, añadió.

El escritor explicó que la polarización política de los primeros años de la Revolución ha complicado la revisión sistemática de la literatura escrita fuera de Cuba o de los escritores emigrados. En su opinión, lo peor es que en los estudios científicos de las primeras décadas de la Revolución, estas figuras no existían y eso significó una pérdida cultural muy grave.

Padura recordó que cuando figuró como jefe de redacción de la revista La Gaceta de Cuba en los años 90 del siglo XX procuró de manera intencionada, “lenta pero indetenible”, la recuperación de esa literatura, música y artes plásticas realizadas fuera, poco difundidas en el país.

Efectivamente, en los últimos años se ha ido logrando una interrelación sobre todo desde el teatro, y luego en la literatura. “Lo que hay es que tender puentes, que van a estar obligadamente condicionados por las circunstancias”, coincidió González.

Cuando en el año 2009 se le dedicó la Feria Internacional del Libro, el también Premio Nacional de Literatura incluyó en su discurso una preocupación por esta problemática: “La grandeza de la cultura cubana es innegable, pero sin un diálogo diáfano y directo con todas las partes que la integran, dentro o fuera del territorio, está incompleta”.

Al debate llevó la polémica sobre si podemos llamar cubana a una literatura que se escribe en un idioma distinto al que hablan la totalidad de los habitantes del país. Para Padura, una cultura se funda sobre una lengua y la de Cuba es el español, de modo que si no se escribe desde ella se pierde una parte de la comunicación con los lectores principales.

Este es el mismo criterio de Ambrosio Fornet, uno de los principales críticos que se han preocupado por unir al canon de la literatura nacional lo que se produce y publica fuera de Cuba. “Desde la óptica del crítico, la identidad cultural de la obra está determinada por el idioma en que está escrita. Escritor cubano es todo aquel que esté donde esté haya hecho su fe de identidad cubana, elección que convalida lo que decía Ortiz de que cubano es quien quiera serlo”.

La problemática no es privativa de Cuba. Otros países marcados por la emigración se enfrentan a la realidad de obras redactadas en otra lengua. A criterio del ensayista Rogelio Rodríguez Coronel, si no se observa de una manera dilatada el concepto de literatura nacional, va quedando atrás porque no sirve para describir las condiciones actuales del mundo. Ejemplo de ello es Achy Ovejas, quien escribe en inglés en EE.UU. pero se considera cubana. “Hay categorías que comienzan a perder toda su lucidez y tendrán que surgir otras”, sentenció Rodríguez Coronel.

Para alcanzar una sostenida publicación de escritores de la diáspora en Cuba habrá que sortear temas como la cesión de los derechos de autor, muchas veces en manos de editoriales que no permiten la reproducción de las obras. Cuba no está en condiciones de ofrecer una recompensa económica a los autores equiparables a las de editoriales internacionales y esto puede limitar la presencia de obras de la emigración en nuestros catálogos.

Para el autor de la tetralogía de novelas Las cuatro estaciones. “La razón económica contiene un efecto cultural mucho más grave”.

Según Padura, la mayoría de los escritores que escriben fuera de Cuba están de acuerdo en ceder sus derechos a las ediciones cubanas. “Lo que se impone es la voluntad de mantener desde Cuba un espacio abierto. Si hay otros que son fundamentalistas es problema de ellos. Nosotros, en tanto sede y espacio de la nación cubana no tenemos derechos a ese fundamentalismo que nos impida a los cubanos tener contacto con algo que se está haciendo en otra parte del mundo, pero que es parte de la cultura cubana”, resumió.

Lo inclusivo, lo respetuoso y la calidad son los tres puntos de vista que en opinión de González han de seguirse para publicar en cualquier lugar del mundo. La pregunta, añadió Senel, debe ser si es buena o mala literatura, si es interesante o no, y dejar atrás los criterios sobre dónde radica quien escribe.
 

 
 
 
 



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La Feria en La Cabaña


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Inauguración de la 21 Feria Internacional del Libro

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.