La Habana. Año X.
18 al 24 de FEBRERO
de 2012

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Entrevista con el periodista, investigador y analista político Ignacio Ramonet
Internet está dinamitando
el periodismo de hoy
Aylee V. Ibáñez y Salvador Salazar • La Habana
Fotos: Yohandry Leyva (La Jiribilla)

El periodista e investigador europeo Ignacio Ramonet, director de la página en español del periódico Le Monde Diplomatique, presentó en La Habana su más reciente libro titulado La explosión del periodismo, de los medios de masa a la masa de medios. El texto, que publicó la editorial José Martí, aborda el impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el ejercicio de la profesión periodística. Ramonet, conocido en Cuba por obras como Cien horas con Fidel y Propagandas silenciosas, considera que Internet está cambiando las dinámicas tradicionales a partir de las cuales habían funcionado los medios de comunicación masiva, en especial se han desdibujado los límites entre emisor y receptor. En su opinión, al mismo tiempo que desaparecen los medios tradicionales van surgiendo otros espacios con una manera mucho más horizontal de hacer periodismo. Conversamos acerca de este y otros temas con Ramonet, quien está considerado uno de los críticos más lúcidos del proyecto globalizador occidental.

Se ha debatido mucho sobre el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación, y en especial de Internet, como agentes dinamizadores y transformadores de la sociedad. ¿Hasta qué punto es posible hablar de la influencia de estas tecnologías en naciones periféricas con poco acceso a las mismas?

Esas tecnologías existen o no en un país. Evidentemente, si no existen en el país, su influencia es mínima. Pongamos a Cuba como ejemplo, tiene una situación muy particular porque es víctima de un bloqueo informático y electrónico por parte de EE.UU., y efectivamente no tiene acceso a la banda ancha en términos de Internet. Por consiguiente, las nuevas tecnologías no tienen en la situación cubana la influencia que pueden tener en otras zonas, y también hay otros países que tienen algunas dificultades. Pero en los países donde las tecnologías se están desarrollando sin ningún tipo de traba tecnológica o política, entonces en ese caso se está produciendo una gran transformación que, evidentemente, tiene un impacto central en el campo de la información y de la comunicación. Es una revolución de la comunicación, por consiguiente, de todas las actividades vinculadas a ella: la prensa, la radio, la televisión, el cine, todo esto se ve afectado por las nuevas tecnologías. Pero no solo esto, también la informática, la telefonía, todo el universo de Internet se ve modificado por las nuevas tecnologías.

¿Qué tienen de particular esas tecnologías? Tienen de particular que son muy sencillas de utilizar y que son muy baratas y, por otra parte, que hacen converger, sencillamente, lo que antes estaba repartido en tres dispositivos tecnológicos diferentes: el sonido, el texto y la imagen, que antes necesitaban sus máquinas especializadas para el texto, para el sonido, para la imagen. Hoy la misma máquina, la misma tecnología sirve para las tres, y se añade Internet. La Red de Redes es una gran revolución, esto no es nuevo, esto lleva ya más de 20 años, pero lo que sí estamos constatando es que Internet sigue innovando, el impacto de Internet aún no se ha terminado. Evidentemente, Internet tiene, digamos, todo lo que se le pueda reprochar, pero no se le puede acusar de ser inmóvil, Internet está avanzando.

Por ejemplo, hoy se habla de las redes sociales como Facebook, Twitter, Youtube. La mayoría de estas redes no existían hace apenas dos o tres años, y es posible que dentro de tres años ya no tengan ningún interés. Hace tres años, por ejemplo, la red social de la que más se hablaba era MySpace, y hoy día casi nadie habla de ella, aparte de los músicos porque tiene un interés especial para esta comunidad.

Hay muchas cosas que están cambiando, entre ellas el periodismo está siendo totalmente dinamitado por esta situación, sencillamente porque hoy los ciudadanos no dependen de los periodistas, no dependen del monopolio de un grupo principal. No quiere decir que no siga habiendo grupos principales mediáticos, siguen existiendo, pero hoy casi todos los grupos mediáticos están en crisis, algo que no era realidad hace apenas diez años. Actualmente los grupos mediáticos están perdiendo poder, audiencia y dinero, y el caso más emblemático es el de Rupert Murdoch, que es el grupo mediático más importante del mundo, el que posee en una multitud de países, periódicos, radios, televisiones, satélite, editoriales, revistas… Con la crisis de News of the World que ha habido en Inglaterra, se ha podido ver que el grupo Murdoch había constituido una especie de técnica de periodismo de muy mala calidad articulando la complicidad entre los periodistas, los policías y los políticos. De esa complicidad había surgido una especie de intimidación sobre la sociedad, que hace que muchos dirigentes políticos de izquierda y de derecha mantengan una relación de protección con dicho grupo, y hoy se ve que este grupo abusaba de esta situación, del hecho de que intimidaba, es decir, sembraba el terror entre los políticos para mantener la docilidad de estos y mantener los apoyos para agrandar su propio grupo.

Esto es sintomático de lo que está pasando a escala internacional, que tiene como consecuencia que los grandes periódicos, si hablamos solo de la prensa escrita, por una parte están en crisis económica, y por otra son comprados efectivamente porque valen menos, porque pierden dineropor personalidades del mundo de la empresa que, esencialmente, los quieren utilizar como órganos de influencia y no para ganar dinero, porque hoy no se gana dinero con un periódico, pero se gana influencia, se gana notoriedad, se sigue ganando notoriedad con un periódico durante un tiempo. Por otra parte, la sociedad, sobre todo la más joven, las nuevas generaciones, están informándose de otra manera, creando otro tipo de periodismo, y de ahí, digamos, que el tablero del periodismo esté hoy totalmente modificado.

Un tema recurrente en el debate académico es la modificación que implica el uso de la tecnología en los procesos de apropiación/consumo cultural por parte de los receptores. A su juicio, ¿qué tipo de sujeto se está formando al calor de la revolución tecnológica?

Por el momento, aún no tenemos investigaciones profundas que nos permitan sacar conclusiones definitivas porque, en general, en el estudio de la comunicación, lo que se conoce menos es la recepción del mensaje. Lo que se conoce mejor, lo que se estudia siempre mejor, es la emisión, el mensaje mismo y el emisor del mensaje. Cuando hablamos de recepción entramos en una especie de misterio: ¿quién recibe el mensaje y cómo lo recibe? Es este el problema. ¿Y qué efecto tiene el mensaje en el receptor? Esto siempre ha sido mucho más complicado. 

Pero lo que podemos decir sobre ese tema es que los estudios que se están haciendo están demostrando efectivamente que el sujeto tiene una gran aptitud para utilizar las redes sociales, para utilizar Internet, para utilizar todos los mecanismos que permite hoy la pluralidad de oferta de todo tipo a través de Internet, ya sea mediante los teléfonos, las tabletas IPod, el ordenador y hasta la televisión. Sabemos que los sujetos involucrados en ese tipo de prácticas tienen una gran aptitud para pasar de un tema a otro rápidamente, una gran capacidad de concentración para ir cambiando. Sin embargo, notamos por otra que el tiempo que se quedan en un sitio es muy corto, el término medio es de un minuto y medio por tema.

Por consiguiente, se está empezando a pensar que aquel sujeto que pasa mucho tiempo consultando este tipo de tecnologías, mantiene aptitudes que son muy interesantes, pero estaría perdiendo al mismo tiempo otras, como por ejemplo la capacidad de concentrarse largamente sobre un solo tema. Algunos especialistas se preguntan si el nuevo sujeto que construyen las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información no será un individuo que, en definitiva, se revelará incapaz, por ejemplo, de leer un libro de 200 o 300 páginas, sencillamente porque eso no está no solo en su propia vocación, sino que no está en el hábito que él ha tomado usando las nuevas tecnologías.

Uno de los grandes retos, desde Marx hasta el presente, es la articulación de un sistema de medios verdaderamente alternativo al canon hegemónico propuesto por la modernidad capitalista. ¿Sobre qué bases se pudiera fundamentar un modelo de comunicación/cultura más allá de las lógicas mercantiles? ¿Sería viable?

La idea siempre ha sido cómo la sociedad puede resistir a un mensaje dominante. En la historia, hay muchas prácticas anteriores a la  comunicación de masas. Por ejemplo, en la época de las monarquías absolutas, donde el discurso que recibía la sociedad era emitido por un solo polo: la corte, el rey… la sociedad no tenía forma de responder a eso, porque no había mecanismos políticos que lo permitiesen —la democracia los permite—, y no había libertad de discusión, de expresión. Sin embargo, existían mecanismos de resistencia, por ejemplo, había dos que son muy frecuentes. Uno es el rumor, es decir, la sociedad inventa de manera anónima, una lectura diferente de lo que está pasando. Cuenta, dice que tal cosa no es verdad, que esto responde a otra cosa, que el monarca o la corte no están tan bien como se dice, etc. Hay una resistencia. El otro mecanismo es el chiste, mediante el humor, el humor devastador, que hace que la sociedad se burle del que emite el discurso dominante, el único discurso y se va a burlar del rey, o se va a burlar de los ministros de la corte. Un problema muy conocido en comunicación es el de la resistencia de la sociedad a un discurso dominante.

Con la evolución en particular de la libertad de expresión, de las democracias y los mecanismos nuevos, siempre se podía pensar que se podía llegar a una democratización de la información, que cada ciudadano pudiese en definitiva elaborar la información. Esto es más bien un pensamiento utópico, porque en realidad es muy difícil que un ciudadano tenga suficiente acceso a fuentes de información para poder elaborar él mismo una nueva información. Hasta que han llegado las nuevas tecnologías que hacen que nunca estemos tan cerca virtualmente de la posibilidad para cada ciudadano de, por una parte, disponer de una tecnología que le permita comunicarse con el mundo entero. Hoy día, si usted tiene un teléfono inteligente puede enviar al mundo entero mensajes, imágenes, videos. O si usted dispone de un ordenador puede crear su blog, su sitio de información, o simplemente entrar a Facebook y crear su página y poner ahí los artículos, no solo los suyos, sino los que ha leído en algún lugar que le parecen más importantes que los de la prensa dominante, de los grandes periódicos, de los grandes canales de televisión, etc. Usted puede llevar a cabo su propia guerrilla informática o informativa difundiendo una información que a usted le parece más pertinente que la que difunde los medios dominantes. Eso hoy es posible, y porque lo es se está hablando, precisamente, de un cambio fundamental en la información, ya que hoy día no hay especificidad de los informadores en la medida en que cada uno puede elaborar su contenido.

Esto es virtual, porque en realidad los grandes grupos mediáticos también usan esas tecnologías, es decir, también están en Facebook, tienen sus blogs y su información en línea y, de hecho, cuando usted observa, en la mayoría de los países, digamos, centrales, los medios dominantes son los que controlan las tecnologías alternativas. Ellos son los que están más presentes ahí, y en definitiva el combate, o bien la posibilidad de compensar, de equilibrar la información dominante, pues es tan difícil hoy como lo fue en otros momentos, aunque disponemos de técnica, de aparatos, de instrumentos muchos más eficaces que nunca. Por eso, hasta en las sociedades menos democráticas, como ocurrió en las dictaduras árabes, la sociedad pudo informarse, durante un tiempo en todo caso por corto tiempo, pero suficientemente para poder organizarse y protestar contra una situación de dominación. Eso no hubiese sido posible de esa manera, en todo caso, en otro momento.

Vivimos en un sistema-mundo que actualmente sufre un interesante proceso de reconfiguración, nuevos actores que ganan preponderancia (China, Brasil, Rusia…), hegemonías que se erosionan… ¿cómo valora el papel de América Latina en los próximos años? ¿Saldremos en algún momento de nuestra tradicional situación de dependencia política, económica y cultural? ¿Qué retos enfrenta la región?

Indudablemente estamos en un momento de cambio de ciclo.  Actualmente somos siete mil millones de habitantes en el planeta, y solo una pequeña minoría vive en lo que se llamaba el “mundo desarrollado”, esencialmente en  tres   polos:   EE.UU.  y  Canadá,  la  Unión Europea —Europa en general, Europa occidental hoy extendida al este—, y por otra parte Japón, Corea del Sur y algunos países de Asia. Pero esta situación hoy día se está moviendo bastante por muchas razones.

Probablemente estamos asistiendo al final de lo que fue la occidentalización del mundo. El mundo se occidentalizó esencialmente a partir del final del siglo XV por el hecho de que los europeos, por razones tecnológicas esencialmente, salieron a conquistar el mundo y lo dominaron bajo la forma de conquista, de colonias. Esa situación cambió al final de la Segunda Guerra Mundial y a lo largo de los años 50 y 60, pero se mantuvo una dominación a la vez económica y también política, en particular a través de la gran potencia que representaron los EE.UU. que, en cierta medida, son el extremo Occidente.

Esa situación cambia hoy. Primero, los EE.UU. no tienen el poderío que tuvieron. Siguen siendo, evidentemente, y con mucho, la primera potencia militar del mundo, la primera potencia económica y tecnológica del mundo; en fin, la hegemonía norteamericana aún no se ha terminado, pero ya es menos dominante, y en cierta medida hoy día se ve su hegemonía puesta en crisis por la aparición de nuevos polos de poder. El mundo que el presidente Bush trató de definir como unipolar, con los EE.UU. dominando absolutamente el planeta después de la desaparición de la Unión Soviética, hoy día aparece más como multipolar o pluripolar. Ha surgido China como segunda potencia económica del mundo delante de Japón, delante de Alemania, ya es la primera potencia demográfica del mundo, y es posible que en los decenios venideros pueda transformarse en una potencia también, digamos, con realidades militares que hagan que China intervenga más en la nueva disposición internacional.

Pero por el momento lo que vemos es un debilitamiento de la hegemonía estadounidense, y por otra parte, una crisis sorprendente de la Unión Europea. Sorprendente porque no se imaginaba, no se esperaba que fuera a ser tan rápida y tan importante. Es posible que esta crisis sea pasajera, pero también es posible que sea una crisis casi mortal —en este momento no lo podemos definir—, y esto hace que vivamos un período en el que por consiguiente se termina el siglo americano el siglo XX fue un siglo norteamericano se termina el siglo norteamericano y también se desvanece el sueño europeo.

A la vez que emergen potencias nuevas, China, pero también la India y Brasil, por ejemplo, como potencias nuevas, y también está apareciendo esta nueva América Latina, una América Latina que se ha construido. De hecho en los últimos diez años, este continente ha conocido el mayor número de transformaciones positivas que había conocido hasta ahora, en particular con mecanismos integradores que hacen que los países busquen articular sus potencialidades, en particular, por ejemplo, en un sistema de integración como el MERCOSUR, o en un sistema diferente de integración como el ALBA, con iniciativas de tipos diferentes como PETROCARIBE, la UNASUR, por ejemplo, que reúne a los países de América Latina con proyectos para constituirse de manera mucho más autónoma; la CELAC, creada en Caracas hace poco, y que es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, que tiene tendencia a sustituir a lo que fue la OEA como expresión aún de la dominación estadounidense.

Sí, está surgiendo una nueva América Latina en el que hay varias características. Primero, América Latina vive seguramente el período de mayor auge económico, desde su independencia hace ya dos siglos. Ello ocurre gracias a las políticas de los numerosos gobiernos progresistas que hay, y son dominantes. De hecho en América Latina el número de pobres ha disminuido en decenas de millones a escala del continente. Unos cien millones de personas han salido de la pobreza en estos últimos diez años gracias a las políticas progresistas en Venezuela, en Ecuador, en Bolivia, en Argentina, en Brasil, donde 40 millones de ciudadanos han salido de la pobreza.

Segunda característica, es un continente pacificado, no hay conflictos en América Latina. La región vivió décadas de conflictos por razones de la existencia de dictaduras militares, guerrillas, etc. Aparte del conflicto colombiano, que ya no tiene la importancia que pudo tener en un momento, es un continente en paz; y en el que los gobiernos, a pesar de sus diferencias políticas, colaboran y contribuyen a mantener este aspecto de paz. Es, por otra parte, un territorio desnuclearizado, no hay armas nucleares en el conjunto del continente.

Y tercer aspecto, es un continente democrático. En la inmensa mayoría de los países latinoamericanos hay elecciones con pluralidad de partidos, y estas elecciones se llevan a cabo de manera regular, de manera constante, con transmisión de poderes sin traumatismos, casi, digamos, sin traumatismos.  Ha habido un golpe de Estado en Honduras, no lo podemos olvidar; sigue habiendo la excepción cubana en la medida en que el bloqueo estadounidense, a pesar de las presiones de Naciones Unidas y el voto unánime, o casi unánime, de Naciones Unidas, EE.UUU. mantiene el bloqueo sobre Cuba. Sigue habiendo una presencia militar estadounidense en particular en el continente que es susceptible de crear tensiones, pero digamos que son problemas menores. Hay una voluntad hoy en América Latina de avanzar hacia mayor integración.

Creo que hubo un período que se llamó de los “conquistadores”; otro de los “libertadores”, y hoy estamos viviendo una nueva generación política latinoamericana que podríamos llamar el período de los “integradores”.

 
 
 
 



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