La Habana. Año X.
18 al 24 de FEBRERO
de 2012

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Zoila Lapique Becali: Erudición y humildad
Cobertura Especial de La Jiribilla • La Habana
Fotos: Yohandry Leyva (La Jiribilla)

Más que un homenaje, el Coloquio dedicado a la doctora Zoila Lapique Becali en la 21a Feria Internacional del Libro de La Habana fue una celebración de amistad. Erudita, humilde, creadora, portadora de nuevos conocimientos y ser humano excepcional fueron algunos de los calificativos escuchados en la sala Nicolás Guillén de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. A ella se dedica este año el principal evento cultural cubano y, tomando como pretexto la ocasión, sus compañeras de toda la vida, las que saben unir las inquietudes intelectuales con afectos cotidianos, se reunieron para enaltecer el legado de su quehacer investigativo a favor de la cultura cubana.

Sus mejores amigas: Araceli García Carranza, Natalia Bolívar, María del Carmen Barcia y Ana Cairo, todas grandes exponentes de la ensayística nacional, fueron imbricando valoraciones y anécdotas que describen la altura intelectual de Zoila, pero también su generosidad y entrega a los otros.

Por más de 40 años, Araceli García Carranza compartió con ella el trabajo en la Biblioteca Nacional, a la que Zoila llegara en 1959 para su refundación. Un honor bien alto, pero que se ha devuelto con creces gracias a “su fecunda entrega a la Biblioteca y por su entrega científica, forjada durante varias décadas en beneficio del conocimiento y desarrollo por la cultura cubana”.

Mucha influencia en ese interés por la investigación y el acervo musical llegó de la familia. La hija menor que recibiera de sus hermanos mayores y sus padres una sólida preparación intelectual abocó su amor por los libros a la carrera de bibliotecaria y llegó a convertirse en una de las más destacas referencistas e investigadoras del país.

“Niña pequeña entre hermanos intelectualmente maduros” la definió María del Carmen Barcia. “Pequeña que al crecer entre mayores se adelantó en perspectivas de todo tipo a los niños de su edad”. De aquel linaje recibió sus valores de cubanía, pero también el acercamiento a diversas facetas de la cultura: teatro, cine, apreciación de la arquitectura y sobre todo la música. En el hogar aprendió a disfrutar de la ópera primero y luego de la música popular, un aspecto que después profundizó en sus trabajos investigativos.

En los departamentos de Cultura Cubana, de Música y de Investigaciones de la Biblioteca Nacional produjo significativos aportes a la historia de nuestra música, especialmente en el período colonial; pero también al conocimiento sobre las representaciones de la historia en las etiquetas de habanos y cigarrillos, la sátira política en la prensa del siglo XIX, la producción azucarera cubana, entre otros temas.

Zoila “acumula, descubre y redescubre datos históricos”, dijo García Carranza. En efecto, su contribución fue determinante para la terminación de la obra El Ingenio, de Manuel Moreno Fraginals y, entre otros hallazgos, se le debe la determinación de las dos etapas de la contradanza. Como maestra de referencistas, sabía hallar los talentos entre los lectores que llegaban a la biblioteca, una enseñanza que transmitió a sus colegas más jóvenes. Araceli García Carranza recordó la “generación de historiadores descubiertas y formadas por Zoila en Colección Cubana, en las décadas de los 60, 70 y 80 del siglo XX”, entre ellos su casi hijo Franciso Pérez Guzmán.

Fue allí que la conoció Ana Cairo, cuando era una joven estudiante de Letras con deseos de aprender. Pudo entonces constatar la sensibilidad humana de Zoila Lapique porque “con ella no solo se aprende a trabajar la historia, sino algo que ha caracterizado y debería caracterizar a la intelectualidad cubana: la generosidad sin límites”. La doctora acentuó la contribución de Lapique con investigadores residentes en Cuba y en la diáspora, lo cual califica como lección de cubanía.

“Dondequiera que va Zoila lleva a Cuba en el corazón. Ha sido una de las intelectuales cubanas que más ha contribuido a desarrollar puentes y más puentes, una colaboración que sigue hasta ahora”, resaltó Cairo.

Como sentenciara una vez Graciella Pogolloti y recordara García Carranza, se trata de una autora que ha entregado al investigador futuro un impresionante conjunto de datos. Según María del Carmen Barcia, ha sido una precursora en los estudios de la historia sociocultural de Cuba, “pues ha mirado acontecimientos políticos trascendentes desde ángulos diferentes, poco tradicionales”. El Premio Pablo Hernández Balaguer de Musicología 1974, el Nacional de Ciencias Sociales en 2002 y el Nacional de Investigaciones Culturales de 2010, otorgado por el Centro de Investigación y Desarrollo de Cultura Cubana Juan Marinello, figuran entre sus reconocimientos. De los libros, pudieran mencionarse el reciente Cienfuegos: trapiches, ingenios y centrales, coautoría con Orlando Segundo Arias; Música, compositores e intérpretes: 1570-1902; La memoria en las piedras, Crónicas del tiempo no perdido, entre otros. Tiene además numerosos artículos publicados en revistas nacionales e internacionales.

Natalia Bolívar prefirió evocar a la joven integrante del grupo de Mujeres Oposicionistas Unidas, formado por militantes de varios partidos y del Movimiento 26 de Julio, en la etapa de la lucha revolucionaria. La principal actividad de esta organización fue la ayuda a los presos políticos, el pago de casas de paso para ubicar a quienes quedaban clandestinos en una embajada, y la confección de un boletín que se concretaba en la residencia de los Lapique Becali.

Las anécdotas de esta etapa de juventud revelan también la personalidad de Zoila Lapique. Para García Carranza, ella “no solo debe su grandeza a su sólida erudición, a su ejercicio como bibliotecaria y como investigadora de nuestras ciencias sociales, sino que merece otros elogios como ser humano, por su generosidad sin límites, por su mano siempre abierta, por su tranquilidad de espíritu cuando da algo más que conocimiento a personas queridas en momentos decisivos de la vida y por sus angustias cuando sus fuerzas como persona no pueden ir más allá”.

Para definir su amistad y condición humana, García Carranza apeló a José Martí, porque para Zoila la amistad también es el “crisol de la vida”, “la ternura del amor”, “ser de nuestro ser como continuación de sí mismo”.

María del Carmen Barcia subrayó finalmente “la generosidad sin límites” e “ingenua espontaneidad” de Zoila Lapique. Ella “reparte conocimientos como quien regala flores y no establece distinciones para hacerlo. Me recuerda a las hadas madrinas de los cuentos infantiles, en especial a Flora de la Cenicienta, tocando con su varita mágica para hacer cierto lo imaginado y entregando sus saberes con simpatía y espontánea generosidad”.
 

 
 
 
 



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La Feria en La Cabaña


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Inauguración de la 21 Feria Internacional del Libro

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.