La Habana. Año X.
18 al 24 de FEBRERO
de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Dinosauria soy
El gran ruido del mundo Pogolotti
Dainerys Machado • Cobertura especial de La Jiribilla
Fotos: Yaima Amador (La Jiribilla)

Cuando las manecillas del reloj coqueteaban con las 8 de la mañana del sábado 11 de febrero, las nubes comenzaron a desbordarse de gotas de agua, grises y calientes, idénticas a este invierno incierto que nos atormenta. Una hora después salía el sol, contrario a todos los pronósticos del Instituto de Meteorología, y volvía a ser un hecho la presentación al mundo de las letras de Dinosauria soy, el libro de memorias de la ensayista y escritora Graziella Pogolotti (París, 1932).

Desafiando la humedad del ambiente, Ana María Muñoz Bachs, la editora del volumen, fue la primera en llegar a la Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Luego se fueron sumando amigos: el escritor Reynaldo González; el cineasta Enrique Pineda Barnet; el ministro de Cultura, Abel Prieto; el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada; Miguel Barnet, presidente de la UNEAC. Tampoco faltó la ensayista y escritora Luisa Campuzano, quien, como después contaría Graziella, fue la feliz impulsora de que el testimonio se convirtiera en palabras, hojas, tinta.

Y cuando, pasadas las 10 de la mañana, la directora de Ediciones Unión, Olga Marta Pérez pronunció las palabras de inauguración del encuentro, en la sala de presentaciones no cabía un alma más. De todos modos, las puertas no se cerraron.

Margarita Mateo presentó el volumen. Habló de cómo en él “convergen y se entremezclan muy diversas temporalidades”, que van “tejiendo el sutil lienzo de los recuerdos” a los que se asoma Pogolotti para regalarnos la aldea de su infancia, la Italia de sus remembranzas, la Cuba de su descubrimiento, las voces de su madre y su padre.

Resaltó la presentadora la distancia constatable entre la Graziella de hoy y la niña que ella misma nos muestra en esta obra, sobre todo porque a través de las páginas de sus memorias “incluso permanece extraña a esa voz propia, pero ya distante, que escribía en un diario los acontecimientos de todos los días”.

Desde el punto de vista técnico Mateo elogió cómo en el libro el “lenguaje cobra inusitada fuerza cuando el sentido queda potenciado en una oración”, en un recurrir constante a “las breves máximas propias de su estilo ensayístico”. Híbridos en que se “ponen de manifiesto una capacidad no desplegada hasta ahora: su talento para la narración”.

Sin lenguas maternas

Graziella Pogolotti no tuvo lengua materna. “La madre le cantaba en ruso, el padre en español, hablaban el francés entre ellos”, según contó Mateo sobre la “infancia signada por el viaje, de Francia a Italia en varios desplazamientos de ida y vuelta, de Europa a América en un desgarrador salto al vacío”, rupturas que conformaron en definitiva a la escritora.

Del anecdotario contenido en Dinosauria soy compartió además las expresiones de Graziella, “de su amor al saber”, “que iría perfilando sus coordenadas con el paso del tiempo y sus experiencias de vida”.

A las mismas experiencias se asomó la doctora Pogolotti durante su intervención. Después de declararse conmovida, comentó que “este libro debió llamarse primero La Bulla, porque de algún modo reflejaba esa intención de contar una historia individual en medio del gran ruido del mundo, esa bulla que se me impuso como una realidad cuando yo llegué a Cuba, cuando desembarcamos aquí en el muelle de La Habana, y me encontré de repente con el griterío infernal de vendedores ambulantes, de gente que ofrecía habitaciones en hoteles, de familiares desconocidos, y todo aquello en medio de un idioma que no conocía”.

Para Graziella sus memorias son entonces “una angustia, una preocupación por el rescate, la recuperación de determinado valores que son los que hacen la vida en esta tierra más tolerable. Una búsqueda quizás de la armonía, de mi propia utopía personal en relación con un mundo mejor”. Desde sus páginas nos llega también su “testimonio personal de la Revolución cubana, que yo he vivido desde una determinada perspectiva, desde una determinada zona de la realidad”.

Como defensora sagaz de la pluralidad, Dinosauria soy muestra también la conciencia de su autora sobre el hecho de que “no hemos sabido contar la historia, la historia con toda su riqueza de matices que debían de rescatar los que la han vivido desde las instancias más altas del poder y también como trabajadores, desde abajo, en esa zona más punzante de la realidad que es nuestro quehacer cotidiano”.

Ya lo sabíamos, Graziella Pogolotti es un ser diferente, que ante la ausencia de una lengua materna dominó varias, y quizá por eso nunca le temió al debate, a la crítica, a ser “tábano punzante en mis días juveniles”. Pero ahora se nos descubre ella misma, en un “testimonio escrito con la mayor sinceridad posible, en la medida en que podemos ser sinceros, porque creo que nadie llega a serlo del todo, siempre hay un pedacito de nosotros mismos que tratamos de defender”.

“Dinosauria soy”, escribe Graziella en un fragmento de su obra retomado en la contracubierta, “acosada por la corrupción rampante y por la lacerante pérdida de valores éticos”. Y más adelante: “Quisiera atesorar, resguardadas en un tonel, las fuentes nutricias de una sabiduría de esencia humanista, reconocible en todas las culturas, no solo en la occidental”.

A pocas horas de concluido el encuentro, volvió a llenarse de lluvia el cielo de la ciudad. Pero para entonces Dinosauria soy desandaba ya los senderos de las letras cubanas, bajo el brazo de lectores y lectoras, despertando nuevos asombros, cuestionamientos, aguijoneando con presteza, tal como quiso su autora, “el velo que se cierne sobre nosotros”.

 
 
 
 



GALERÍA de IMÁGENEs

La Feria en La Cabaña


GALERÍA de IMÁGENEs

Inauguración de la 21 Feria Internacional del Libro

LA JIRIBILLA EN LAS FERIAS DEL LIBRO

.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.