La Habana. Año X.
18 al 24 de FEBRERO
de 2012

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entrevista con eduardo heras león
Libros de la Caja China
Justo Planas • La Habana
Fotos: Arisbel López

Si uno pasa por 5ta y 20, en Playa, es posible que ni la note. La casa del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso vive como oculta tras su jardín. Sus dos pisos parecen como enterrados en ese verde, aunque, asunto curioso, en sus habitaciones no falta sol ni viento. Sin embargo, en estos 14 años, el Onelio —así le llaman los amigos— ha ido creciendo. Tiene en casa pequeña un aura enorme, y una misión mayor: encaminar la literatura joven cubana.

Su director, Eduardo Heras León, reconoce que hoy en día “hay prácticamente toda una generación del Onelio Jorge Cardoso, una gran familia repartida por todo el país, porque este es un centro con alcance nacional, no se queda solo en la capital como otros experimentos. Y si algo ha logrado, ha sido modificar la cartografía literaria del país.

“Cuba siempre fue un país de poetas, después del Onelio es un país también de narradores. Una provincia como Holguín, por ejemplo, donde hace 30 años nada más se hablaba de poesía, cuenta ahora con más narradores que poetas y todos ellos narradores han pasado por el Centro Onelio. Este hecho me llena de satisfacción, porque me hace pensar que hemos cumplido el objetivo por el cual el Onelio fue creado.”
 

¿Cuál fue ese objetivo?

Esto es una vieja idea, es resultado del sueño que siempre tuve de repetir una experiencia que se dio en México en la década de los 50 del siglo pasado: el Centro de Escritores Mexicanos. Por él pasaron los más grandes escritores mexicanos: empezando por Juan Rulfo, que luego fue el director del taller, y Carlos Fuentes, Fernando del Paso, Elena Poniatowska. Era un taller que duraba un año y al finalizar presentaba un libro.

Se lo propuse a la juventud comunista a finales de la década de los 60, pero en aquel momento no teníamos recursos. Siempre me quedó la idea de hacer algo parecido, por una razón fundamental: siempre he sido partidario de los talleres literarios, creo que son muy beneficiosos para los jóvenes. Pero llega un momento en que los talleres literarios —como decimos en buen cubano—, se cocinan en su propia salsa. Un joven que se destaque por encima del resto, no tiene maneras de desarrollarse e incluso domina la creación mejor que el propio asesor. Llega un momento en que el taller significa una especie de freno para el desarrollo del joven escritor y necesita dar un salto de calidad. Ese salto precisamente era el que yo pretendía, pretendo lograr, con el Centro Onelio, que se convirtió con el tiempo en Centro de Formación Literaria.

Empezamos en el 1998 y a estas alturas por aquí han pasado más de 800 jóvenes, que por supuesto no todos salen escritores, solo algunos lo logran. Hoy prácticamente todos los concursos lo ganan graduados del Centro Onelio. Y eso, a pesar de que no es un juicio de valor, por lo menos es un índice de que los jóvenes sacan provecho del proyecto. Precisamente porque el plan nuestro es un programa teórico-práctico que trata de elevar el nivel de lo talleristas con las herramientas del oficio, la técnica. Ya lo demás depende del talento de cada narrador.

¿Y la Editorial Caja China, que ha presentado varios volúmenes en la Feria, vino con el Onelio desde los comienzos?

La editorial surgió después, para satisfacer un poco la necesidad que tienen los jóvenes de publicar, que son los que más dificultades enfrentan en las grandes editoriales, que si deben elegir entre la obra de un escritor consagrado y otro novel, pues la del escritor consagrado tiene más posibilidades.

Queríamos entonces fundar una editorial para publicar a jóvenes narradores, no solamente graduados del Onelio. Y creamos también la revista El Cuentero, que lleva 11 números y se ha convertido en una importante publicación que tiene ya gran repercusión en América Latina. Surgió después una revista mexicana que duró hasta el año 90, y después de la argentina Puro Cuento que duró hasta el 96. Su propio director, Mempo Giardinelli, me propuso que Cuba agarrara el relevo e hiciera una revista de narrativa y particularmente de cuento.

Vamos a continuar con la editorial y con la revista y posiblemente para el año que viene o este año mismo hagamos una segunda edición del libro Los desafíos de la ficción, que ha tenido un impacto tremendo. Nos piden el libro desde los lugares más increíbles, desde Moscú, Madrid, Buenos Aires... Todo el mundo quisiera tener ese libro porque lo considera muy útil sobre todo para el que empieza.

Pero ¿la revista tiene distribución internacional?

Tenemos una distribución nacional. Es lo más difícil que enfrenta un libro o una revista. Tenemos grandes problemas con la distribución, que no es internacional como quisiéramos. La enviamos por la vía de Casa de las Américas a todos los escritores importantes de los distintos países de América Latina. Y les llega, pero no lo suficiente. Quisiéramos que llegara a los jóvenes.
 

¿Cómo fue la participación del Onelio durante la Feria?

Vendimos el libro La casa indiscreta, de Mariela Varona, escritora holguinera; también la novela San Lunes, de Agnieska Hernández. Presentamos un libro que se llama Absolut Röntguen, de Abel Fernández-Larrea, que es el primer libro de cuentos que se hizo con la Beca de Creación Caballo de Colar, que damos en el Centro Onelio. Es un extraño libro que trata sobre las consecuencias de la explosión del reactor de Chernóbil.

Y llevamos además el número 11 de la revista El Cuentero. Cada número de la revista tiene un apellido, el de esta es Erótico. El Cuentero Erótico tiene un dossier de literatura erótica, desde cuentos desde el Marqués de Sade hasta lo que han escrito los cubanos. Además, daremos a conocer el Premio del Concurso Internacional de Minicuentos “El Dinosaurio”, el último día de la Feria, en la sala Guillén de la Cabaña, a las 3 de la tarde.

No tuvimos una participación muy grande durante la Feria. El año pasado tuvimos muchas dificultades para la publicación por la falta de papel en las imprentas. Es bien modesta, pero seguimos. Lo importante es continuar la labor que hemos comenzado, a pesar de que a cada rato decimos que nos vamos a retirar. Son los jóvenes siempre los que nos piden que no lo hagamos. Creen que la labor del Centro es importante. Y de alguna manera es cierto.

No está eso en planes, ¿verdad?

Bueno, ya soy un hombre mayor, debí haberme retirado hace tiempo. Lo que pasa es que mi vocación primaria es la de maestro, me gusta enseñar y me gusta el contacto con los jóvenes. Y eso me lo ofrece el Centro Onelio, que es ya una familia enorme a todo lo largo y ancho del país, esto sirve de gran estímulo.

¿En qué proyectos se encontrará enfrascado el Onelio próximamente?

Desde hace mucho rato nos piden que hagamos algún curso para el extranjero. Nos han llegado solicitudes de México, Santo Domingo, Colombia, Venezuela. Es posible que podamos organizarlo. Por otra parte, queríamos abrir un taller para gente mayor de 35 años, porque es algo que nos piden constantemente. El Centro Onelio da cursos para jóvenes menores de 35. Pero por mucho tiempo hemos recibido hasta cartas de jóvenes mayores de 35 años que quieren pasar el curso, lo piden constantemente y de alguna manera tenemos que hacer eso.

Queremos organizar un curso de guiones. Ya dimos uno, pero queremos hacer uno mejor. Esto tiene una demanda realmente grande. Muchos jóvenes que quieren ser guionistas de cine.

Pero sobre todo, continuar dando cursos me parece a veces que es un acto de heroísmo por los pocos recursos que tenemos; a pesar de que contamos con el apoyo resuelto del Ministerio de Cultura, siempre receptivo. Pero a veces el propio Ministerio carece de recursos.
 

A veces traer los jóvenes del resto de las provincias, a los que se les paga todo, alimentación, alojamiento durante una semana cada tres meses... a veces nos cuesta trabajo hacerlo. Y tenemos —como se dice— que sudar la gota gorda para poder realizarlo. Pero a pesar de todo, el curso ha funcionado ininterrumpidamente desde el año en que fue creado el Onelio. La mayor parte de los jóvenes que trabajan aquí en el centro son graduados de nuestro taller, de manera que conocen nuestras aspiraciones y deseos.

El otro día el Comandante en Jefe durante la presentación de un libro me preguntaba por el Centro. Siempre recuerda la experiencia de curso que impartimos por televisión en Universidad para Todos, que puso al Onelio en el foco de atención.

Pero en general, pienso que sí, que el proyecto se ha cumplido y hemos cumplido con los objetivos que nos propusimos, ahora hay que proponerse unos nuevos, vamos a ver.

 
 
 
 



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La Feria en La Cabaña


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Inauguración de la 21 Feria Internacional del Libro

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.