La Habana. Año X.
4 al 10 de FEBRERO
de 2012

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Estocada de futuro

Rolando González Patricio • La Habana

Parece oportuno comenzar diciendo qué libro no es este que les estamos invitando a leer. No se trata de un libro clásico de ensayos, mucho menos de un ensayo monográfico, porque de hecho en este libro hay una mezcla muy creativa de géneros para presentar las ideas. Por tanto, si forzosamente hay que elegir un género —quizá hay que dejarle esa tarea a Niurka, con la sabia decisión de su Casa Editora Abril de publicarlo, y me parece, además, una decisión que habrá que agradecer por mucho tiempo—, habría que clasificarlo como un libro de pelea; un libro en permanente duelo.

Creo que el título, que es bueno, que es provocador, porque anunciar Cuba: ¿revolución o reforma? es todo un atrevimiento, es todo un atentado al dogma, es una suerte de alarde de herejía revolucionaria, pudo ser otro, quizá ninguno mejor elaborado, pero pudo ser: “El libro de las definiciones”, “Cuba: futuro o pasado” y muchas otras declinaciones en esta familia. Si bien el título es bueno, creo que el libro lo desborda en más de un sentido, y es una de sus múltiples valías.

Aunque lo destaca muy bien Ubieta en sus primeras páginas, quiero subrayar que no estamos ante un volumen que pretenda —o se limite a— ser un libro de historia. Es un libro que tiene que ver con el futuro, pero que se sirve de manera creativa e inteligente de la historia. Es un libro que se salva de lo que he denominado alguna que otra vez —permítanme esta expresión quizá poco académica— “el síndrome del retrovisor”. No  es un volumen que esté mirando permanentemente hacia atrás, incluso hay un momento —me disculpan porque acabo de comenzar mi relación personal, carnal, con el libro impreso, ahora que Ubieta me lo acaba de entregar, hasta hoy tenía un amor con el PDF (risas) que fue lo que recibimos hace pocos días—, decía que hay un momento del libro donde definiendo la estrategia de los adversarios del proyecto liberador cubano, de la Revolución Cubana, Ubieta afirma: “la estrategia contrarrevolucionaria es hacer que se olvide el pasado, la revolucionaria, que no se olvide”, y esa idea, que es clara y transparente, y está muy bien colocada en ese contexto, me dejó cierto grado de preocupación. Una preocupación que el libro se encarga de desmovilizar, porque para nada es una obra que mira al pasado, sino que está totalmente atento al futuro de Cuba, al futuro de la nación, al futuro de la humanidad. Sin padecer la desmemoria es un libro que —y creo que es una de las virtudes que tiene—, quizá marcado por la Fábula de los Tres Hermanos está constantemente atento a lo táctico, a lo inmediato y a lo estratégico, a lo más distante y, por supuesto, a sus puntos intermedios. Las tres dimensiones, en el espacio y en el tiempo, forman parte del ejercicio revolucionario, forman parte del ejercicio de combatir frente a los problemas que tiene la humanidad y esa especie que es el cubano del siglo XXI”, que está dispuesto a tomar los mejores rumbos, y no extinguirse, como amenaza el capitalismo a la especie humana.

Creo que el libro, cuando parecía estarse acercando solo a una batalla con los adversarios contemporáneos de la Revolución, y contra los adversarios pretéritos del proyecto liberador cubano, ofrece un conjunto de luces. La primera, y voy a mencionar solo dos de las muchas que tiene, es que —lo puedo decir con toda  tranquilidad, y mis colegas de la mesa podrán desmentirme luego— por primera vez uno encuentra en un volumen reunido toda una muestra, toda una cartografía de los adversarios ideológicos de la Revolución, pasados y contemporáneos. Por eso digo también que el libro es una forma de romper dogmas, es una forma de sembrar una noción contemporánea de debatir, de combatir en el terreno de las ideas. Ubieta cita, sin ninguna preocupación, los argumentos de nuestros más duros adversarios, especialmente de los que tienen un origen en esta nación, para mostrarlos como son y entonces poder ofrecer las razones de Revolución. Y creo que es un mérito que no siempre encontramos en algunos textos de nuestros días, donde solo se exponen nuestras razones, a veces plagadas de epítetos. Ubieta se permite omitir, y es una de las alturas que tiene el volumen, cualquier calificativo, cualquier adjetivo. Utiliza el término de contrarrevolucionario por razones obvias, pero en ningún momento es irrespetuoso con los adversarios, aunque sus argumentos sean implacables. Esperemos que ellos también  intenten alcanzar la altura ética del intelectual que tenemos con nosotros.

La otra ventaja que veo en este volumen, una de sus razones de lucidez, es que no se queda solo en las razones de combate de nuestros adversarios y las propias, sino que mira, en la proporción que me parece pertinente, hacia aquellas insuficiencias nuestras que también son un aliado de nuestros adversarios. Y no sé por qué, pero coincidió que justamente en la página 68, un número que quizá aparezca en las cábalas de los revolucionarios. Para los cubanos, el 68 tiene un significado muy especial en los siglos XIX y en el XX. Hablando de hegemonía —una palabra mencionada creo que una sola vez en el texto, aunque de la misma manera en que no se desgasta mencionando el enfoque clasista, la noción gramsciana de hegemonía, su libro tiene de cabo a rabo un enfoque clasista y un enfoque que disecciona la hegemonía contemporánea, el poder contemporáneo, para explicar sustancias y dar argumentos muy poderosos, y eso ayuda a la fluidez y al lenguaje coloquial, muy depurado, pero coloquial de este libro —dice Ubieta en la página 68: “El contrapoder revolucionario no puede evitar que sus propias instituciones estimulen o divulguen la cultura global dominante, porque la humanidad no cuenta con una cultura alternativa bien definida y estructurada”. Es decir, aunque explica la razón, no deja de recordar una carencia que tenemos en este campo de batalla desde nuestro lado. Y en la página siguiente, sin prolongar más mi exposición, también habla de la política informativa, y cuáles son los retos y las limitaciones que tenemos. Creo que este volumen, que en esencia es una voz que invita al combate, al debate de ideas, al debate fundamentado, desde las atalayas de la razón y no desde el dogma, será una contribución importante. Lo será en nuestro contexto y en el contexto de nuestros amigos, en la medida en que identifica qué es Revolución, que lugar tiene la evolución dentro de la Revolución, la relación Revolución-Reforma, en qué medida se puede ser revolucionario en lo individual y como proyecto en relación con procesos de reforma, cuál es el lugar del individuo en el socialismo, un debate muy omitido, muy preterido y creo que es de las contribuciones más sobresalientes. Y estos son apenas algunos de los temas, como el lugar del intelectual, que también recorre este volumen, qué cosa es un intelectual de izquierda en el mundo actual y qué es ser un intelectual oficialista o no. Creo que entra en todas y cada una de las zonas más peliagudas del debate político e intelectual contemporáneo, y lo hace con toda la fuerza de los argumentos y no con ideologemas, no con ideas gastadas por el empleo banalizado desde la izquierda. Es un libro de compromiso, y si tuviera que decirlo de otra manera, me limitaría a decir que este libro es una estocada, pero una estocada de futuro.

Muchas gracias.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.