La Habana. Año X.
4 al 10 de FEBRERO
de 2012

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Ese Francisco que devino en Pancho

Juan Amán • La Habana

Foto: Maribel Amador

Panchito nace en Cienfuegos, donde se encuentra el legendario Teatro Luisa. Ya crecidito el niño, se le ocurrió a su Padrino llevarlo a este Teatro a una función de la Compañía de Enrique Arredondo. Indiscutiblemente un buen comienzo para descubrir los misterios, las sorpresas y los pícaros y ocurrentes dicharachos del vernáculo de los 40 —me imagino que el Padrino no estaba consciente del fruto que estaba sembrando. Después de aquella experiencia, Panchito no tardó en exigir los "encores", y cuando el Padrino no pudo llevarlo, se escapó para colarse por su cuenta.


"Aire frío", 2011

Siendo ya Francisco, irrumpe en La Habana a mediados del 58, a punto de cumplir 15 años el 4 de octubre. Mejor es no averiguar los detalles de la llegada. Y qué casualidad, viene precisamente a parar a la calle Cienfuegos y, por tanto, muy cerquita del Teatro Martí. Llega dispuesto a establecerse en la capital —y cuando Francisco García se dispone a algo, realmente se dispone, independientemente de los que se indispongan con ese algo. No se sabe si ya tenía claro a dónde quería llegar, me inclino a pensar que ya lo traía en el ADN.

Se emplea en el Hospital Freire de Andrade —que como todo centro de trabajo, tiene su sindicato; y como todo sindicato tiene su frente cultural (no creo que todo esto nuestro sujeto lo haya premeditado ¡vaya usted a saber! El caso es que ya Francisco encabeza el Frente cultural y, por demás, establecido en un grupo de teatro, y en una obra con el protagónico ya asignado. Bien es cierto que las circunstancias de aquellos años propiciaron la realización de sueños; al teatro también le llegaba su década prodigiosa.

El día que lo cité para comenzar los ensayos, me senté con él: “tú sabes que el teatro es como un sacerdocio; que el salón de ensayos es como un templo; que no puede haber ausencias y hay que ser puntual; exige sacrificio, privaciones, persistencia, estudio y mucho trabajo; todo lo cual se llega a disfrutar a plenitud por la feliz recompensa que nos ofrece”. Me observaba muy atento, con la mirada iluminada… parecía vislumbrar que había encontrado el camino que buscaba. (He podido reconstruir ese momento al cabo de 50 años, porque a cada rato él mismo me lo recuerda).

Y entonces comienza el repertorio. Habíamos inaugurado una sala de teatro en el primer piso del Hotel Colonial en Galiano y San Miguel, auspiciada por los Sindicatos de la Medicina y Gastronómicos. Durante siete años hicimos funciones todos los fines de semana con títulos inimaginables, y otros no tanto. Comparten muchos de esos títulos Francisco y Susana (Susana Alonso, que también había llegado en esos momentos para después brillar). Lograr una química perfecta en la relación de personajes, en dedicarse intensamente al grupo, en asumir responsabilidades, en defender el teatro a toda costa. Si en la escena era su Ofelia, su Laura o su Casilda, en la vida era su hermana, su confidente, la excelente “compinche” para las fiestas. Siempre él le respondió con creces.

Alrededor de los 70, tiene nuevas experiencias. En el Joven Teatro se enfrenta a nuevos directores —quienes quedan complacidos y Francisco sigue madurando. Aunque cada uno andábamos por diferentes espacios, nunca hemos perdido el contacto.

Más tarde, un paso importante, Teatro Estudio. Ha comenzado a fraguarse el nuevo Pancho, creciendo bajo la guía de ilustres directores.

Llega entonces Europa: Francia; en España: Canarias, Murcia, Madrid, Barcelona. Teatro español contemporáneo; importantes autores y directores. La legionaria se convierte en el caballo de batallas; valiosos premios, nominaciones a los César; clases magistrales; críticas favorables. ¡Pancho ha sido rebautizado!, ahora su nombre se escribe todo con mayúsculas. No dudo que en alguna ocasión, hasta le hayan antepuesto el "Don".

En el escenario del Hubert de Blanck, se consolida el director de escena —ya había asumido algunos retos—, monta varios títulos importantes, aún está fresco el relevante Viajante, de Miller.

Y para ir terminando, hay que referirse a su más reciente “disposición”: su permanencia durante los últimos años en Argos Teatro donde ha transitado por un camino flanqueado por la admiración, consideración y afecto que lo han conducido al éxito y que nos incita a seguir al tanto de nuevas sorpresas, emociones y alegrías que nos continuará regalando ese adicto al teatro —como él mismo dice—, fiel hermano, amigo solidario, para mí, un hijo artístico y buenísima gente.

Recientemente leímos en la prensa, en un escrito de un buen amigo, un calificativo de incuestionable certeza, referido a nuestro premiado; pido prestado ese vocablo para incluirlo en la despedida:

Querido Francisco, ya te has convertido en el inmenso Pancho, recibe un gran beso.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.