La Habana. Año X.
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3 de FEBRERO de 2012

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Zuleica Romay, Premio de Estudios
sobre la presencia negra en América y el Caribe

La Jiribilla

La investigadora cubana Zuleica Romay piensa, escribe y siente el continente desde la mirada de los más desfavorecidos. No solo porque haya ganado el Premio Extraordinario de Estudios sobre la presencia negra en América y el Caribe contemporáneos en la edición 53 del Premio Casa de las Américas, que ya es un indicio considerable, sino también y, especialmente, porque reflexiona sobre la reproducción de prejuicios raciales que con frecuencia subyacen encubiertos en los procesos socioculturales.

En su investigación Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad, la ensayista intentó comprender los motivos por los cuales, incluso en el contexto de un proceso de transformación social como la Revolución Cubana, aún perviven estereotipos inferiorizantes.

Propósito que le tomó cuatro años de su vida y manosear numerosos volúmenes sobre Historia de Cuba, los clásicos del pensamiento social cubano y, sobre todo, la obra de Fernando Ortiz. Se sirvió, además, de reflexiones de otros ámbitos del continente: Brasil, Colombia, Perú, México, etc.; así como de los informes de organismos internacionales.

Aunque no es un libro autobiográfico, emplea anécdotas personales para argumentar su tesis, pues aseguró que en temas como el presente, en los cuales la sociedad busca respuestas a sus problemáticas más complejas, el intercambio resulta de vital utilidad.

Esto evidentemente impresionó al jurado. Pues decidió otorgarle el máximo reconocimiento en la categoría “Por la coherencia temática y unidad del proyecto, por tratarse de una narrativa histórica en que la autora se coloca plenamente como sujeto de una experiencia histórica de la que habla con conocimiento y fundamento documental, así como una investigación propia, en la que sobresale una prosa de excelente estilo”.

En declaraciones a la prensa, la autora develó el origen del título. La altea —una especie de confitura revestida de chocolate, con crema blanca por dentro era un dulce muy popular en Cuba en los 80.

“Mis compañeros en la beca (instituto preuniversitario) me llamaban altea porque, decían, yo era negra por fuera y blanca por dentro: algo que al principio me daba risa, pero después no tanto”. Y agregó: “En la adultez, y con los estudios, me di cuenta de que aquel sobrenombre cariñoso reflejaba la existencia y reproducción en la sociedad de un prejuicio.”

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.