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Elogio de Pedro Pablo

“Pedro Pablo sigue siendo muy joven”

Fernando Martínez Heredia • La Habana

Pedro Pablo Rodríguez fue uno de los más jóvenes —tenía 20 años— del grupo de 24 compañeras y compañeros que ingresaron en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana en 1966. Era un momento de gran expansión del Departamento. Nuestra regla era continuar la formación y trabajar al mismo tiempo. Y había trabajo para el doble de los que éramos, en cosas sumamente diversas, de las cuales sabíamos poco, a veces nada, y varias de ellas eran realmente delicadas. Pedro Pablo también asumió varias tareas desde que ingresó, a la vez que se integró al sistema de superación y formación muy riguroso que teníamos. Y se destacó enseguida, por su laboriosidad, su inteligencia, su espíritu responsable, su humildad verdadera y su entrega revolucionaria.

Nuestra encomienda original era brindar a todos los alumnos universitarios una nueva asignatura, creada por la Reforma Universitaria que se promulgó hace exactamente 50 años, el Materialismo Dialéctico e Histórico, también llamada filosofía marxista leninista. Pero pronto tomamos conciencia de que parar cumplir esa tarea era imprescindible que rompiéramos con los fundamentos de la ideología que habían tratado de inculcarnos, y que aprendiéramos a recuperar el marxismo revolucionario, a criticar, estudiar y desarrollar la teoría y hacerla realmente funcional a las realidades y al proyecto revolucionario. Nuestro marxismo se hizo entonces cubano, comunista, hereje, insurreccional e internacionalista. Esto no consistía solamente en la elección de seguir a los líderes y las ideas de la Revolución Cubana, esto exigía mucho de creación en el campo mismo del pensamiento, y enfrentar y participar en los conflictos que existían dentro de la propia Revolución.  

Pedro Pablo fue un ejemplo cabal de joven que asumió aquella posición y aquellos objetivos, y los cumplió con creces. Pedro se destacó en las tareas del Departamento, al mismo tiempo que era un verdadero joven comunista en la Universidad. Su vocación por los estudios de la historia nacional lo llevó a ser uno de los fundadores de la línea de trabajo que llamamos Pensamiento Revolucionario Cubano. “Tenemos que estudiar la historia de Cuba según las luchas de clase”, decíamos, y eso no era una frase: era una necesidad perentoria, que nos ponía también en el centro de las polémicas.  

Formábamos un grupo realmente unido, por los ideales, el trabajo, la juventud, la decisión de llevar adelante una tarea que veíamos bastante claramente. Pedro Pablo pronto fue un factor muy relevante en ese grupo. Unía su actitud destacada y su trabajo efectivo a una simpatía y buen humor que a todos nos gustaba y ayudaba. Detrás de los apodos que a veces le pusimos, como Juan Gualberto o El bonzo budista estaban el cariño y la admiración. 

Pedro fue uno de los trabajadores voluntarios que constituyeron los puntales de la revista Pensamiento Crítico. Recuerdo que quisimos embozar un poco algunas de nuestras actividades al mismo tiempo que expresar la independencia de la revista, y en el machón del primer número —como pueden ver— la identificamos como órgano de un “Centro de Estudios Latinoamericanos” que en realidad no existía. Un compañero extranjero me preguntó por el Centro y le presenté a dos de sus “miembros”, Pedro Pablo y Delia Luisa. En realidad, ellos le hacían largas entrevistas a personalidades que llegaban a La Habana, como Carlos Marighela y Roque Dalton.  

En 1970, Pedro Pablo escribió La idea de liberación nacional en José Martí, que publicamos en el número 49-50 de Pensamiento Crítico, dedicado al pensamiento del Maestro. Me detengo un momento en este texto, que me proporcionó una enorme satisfacción desde la primera vez que lo leí, al ver que al fin tenía en las manos una interpretación fundamentada del pensamiento de Martí, desde su totalidad y sus tesis esenciales, y desde la perspectiva de la Revolución Cubana de los años 60. La introducción comienza situando los condicionamientos que tuvieron las asunciones de Martí a lo largo del siglo XX —con precisiones que hoy siguen siendo necesarias—, y postulando las relaciones que existen entre las interpretaciones de Martí y las posiciones políticas e ideológicas de los autores de ellas.  

Pedro, que compartía nuestra sana costumbre de no arroparnos con citas de los clásicos del marxismo ni de los líderes de la Revolución, toma palabras de Haydée Santamaría para situar la posición de los revolucionarios de aquel momento ante Martí. Les leo esas palabras: “Allí fuimos (al Moncada) siendo martianos. Hoy somos marxistas y no hemos dejado de ser martianos, porque no hay contradicción en esto, por lo menos para nosotros. Con profundas raíces martianas, hoy consideramos y creemos que somos marxistas”. Y hace explícito el objetivo central de su ensayo: “El propósito de este artículo es demostrar por qué ocurre lo anterior, por qué hoy, incluso, la necesidad de entender así a Martí dados su significación ideológica para la Revolución Cubana y —cosa poco señalada desde esta perspectiva— los propios fines de su actividad revolucionaria. Ello sucede porque el pensamiento político martiano conforma una ideología de liberación nacional que va más allá de los propósitos y esquemas de la Guerra de los Diez Años, y que establece las bases para una sociedad fuera de las estructuras coloniales”.   

Anoche leí otra vez este trabajo de Pedro, publicado hace 42 años, constaté la procedencia y la profundidad de sus tesis, y el vigor tremendo de sus argumentos, y encontré y marqué muchas cosas valiosas para el conocimiento cierto de Martí y para la actualidad. Por lo mismo, he desistido de hacer aquí una síntesis de ese ensayo, y me limito a pedirle, a todo el que pueda, que lo lea. 

Al terminar la introducción de La idea de liberación nacional en José Martí, este autor de 24 años de edad le advierte al lector que su ensayo es solo el inicio de un largo trabajo que emprenderá, de investigación del pensamiento y la acción martianos. Esto me brindó otra prueba de que gran parte de los pensadores notables formulan muy temprano en su vida intelectual las tesis que serán principales en su posición y su futura obra, y aunque las amplíen, las fundamenten mejor y en alguna medida les introduzcan cambios, les sirven como acicate y como brújula para su trabajo ulterior. Al mismo tiempo, me sonreí al pensar que Pedro Pablo no sabía en 1970 la dedicación extraordinaria a aquella tarea que tendría a partir de 1990, y la tarea colosal en que está metido y dirige, la edición crítica de la obra completa de José Martí, una de las obras intelectuales fundamentales que se realizan en la Cuba actual.    

Mientras se desplegaba la crisis y sobrevenía el final del Departamento de Filosofía, Pedro fue uno de los coautores de nuestra Antología del Pensamiento Cubano, un libro que fue un aporte a la divulgación y el conocimiento de un siglo de luchas cubanas por la justicia social, la libertad, el gobierno del pueblo y la liberación de todas las dominaciones. 

No sabíamos lo que nos depararía la vida en nuestro país a partir de 1971. Pedro Pablo, que tenía apenas 25 años, tampoco lo sabía. Pero jamás se rindió, ni se amargó, ni cejó en su voluntad de ser un intelectual de Cuba y de la Revolución, en los diferentes trabajos que tuvo y a través de los diferentes problemas que afrontó. Su tenacidad y su apego a los principios y a una ética que aprendió cuando era muy joven han sido ejemplares a lo largo de toda su vida. Y en el curso de aquellos años se convirtió en uno de los principales historiadores cubanos.  

El conjunto de su obra le ha dado un lugar merecido entre los principales intelectuales de este país. Mis compañeros en esta Mesa lo explicarán. Yo solamente quiero añadir que me une a Pedro Pablo una amistad personal que enseguida se convirtió en hermandad. Entre las grandes alegrías de mi vida está cada uno de los trabajos de investigación que Pedro iba llegando a publicar, cada uno de los trabajos en que lograba permanecer, las cosas de la vida que le aportaban felicidad, su rápida conversión en uno de los factores fundamentales en el Centro de Estudios Martianos, y cada uno de los premios que al fin le fueron llegando. 

Pronto hará medio siglo que andamos juntos. Pero termino con una constatación que está a la vista de todos: Pedro Pablo sigue siendo muy joven.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.