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Gigante de la vida

La Jiribilla

Humberto Arenal amaba la vida. “Tengo muchas ganas de vivir. No soy un optimista puro pero amo esta vida que es la única que tengo y voy a tener. No me lamento, sino lucho y trabajo mucho”, confesó alguna vez en una entrevista.

Luego de muchos años de batalla, el cáncer lo ganó a la muerte en el día de ayer, cuando el escritor, periodista, dramaturgo, teatrista y guionista de cine contaba con 86 años. Más de ocho décadas no son poco, más cuando se tiene la voluntad de nutrir la existencia de proyectos siempre novedosos.

Nacido el 15 de enero de 1926, Arenal marchó a EE.UU. a sus 22 años con una beca para perfeccionar el idioma inglés y permaneció en ese país por una década. Allí estudió periodismo, artes dramáticas, actuación y dirección, además de tomar clases de cine en el Film Institute con el director Hans Richter. En Nueva York dirigió varias obras de teatro, entre ellas Las armas son de hierro, del escritor cubano Pablo Armando Fernández. Fue redactor de El diario de Nueva York y de la revista Visión, de circulación mundial.

Su regreso a Cuba al triunfo de la Revolución lo llevó a trabajar en el recién fundado Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), y allí compartió con Tomás Gutiérrez Alea (Titón) el guion de su primer largometraje: Historias de la Revolución. Fue además realizador de cuatro documentales y director y escritor de programas televisivos.

Fundó junto con otros intelectuales la Escuela Nacional de Instructores de Arte. Allí fue profesor de Artes Dramáticas, lo mismo que en el Instituto Superior de Arte. También desplegó magisterio como director de  la Comedia Lírica Gonzalo Roig, y los grupos teatrales Teatro Musical de La Habana y el Conjunto Dramático de Matanzas, entre otros.

Más de 50 piezas de todos los géneros subieron a las tablas bajo su batuta, entre ellas Aire frío, Jesús y El filántropo, de Virgilio Piñera, y las de autores como Carlos Felipe, Joaquín Lorenzo Luaces, Bertolt Brecht, Arthur Miller, Jacinto Benavente, Ernesto Lecuona, Sartre, Camus, Ionesco.  

En cuanto a su labor en las letras, por la que recibiera el Premio Nacional de Literatura en 2007, ha sido una de las más prolíficas de su generación en los géneros de cuento, novela, poesía y teatro, con alrededor de 15 títulos publicados y traducciones al inglés, francés, italiano, alemán, húngaro, ruso, ucraniano y búlgaro. El sol a plomo, considerada la primera novela de la etapa revolucionaria, fue publicada en 1959 y ha sido uno de sus textos más reconocidos. Además, destacan otros como Del agua mansa (cuentos), 1982; ¿Quién mató a Iván Ivanovich?, 1995; El caballero Charles (teatro), 1983; A Tarzán, con seducción y engaño (novela), 1996; El mejor traductor de Shakespeare (cuentos), 1999; etcétera.

Fue crítico de cine y teatro y ejerció el periodismo en todas sus facetas. Los que lo conocieron bien, no dejan de nombrarlo como un hombre dispuesto siempre a brindar sus opiniones para las revistas en las que colaboró: Casa de las Américas, Lunes de Revolución, Unión, Santiago, la Gaceta de Cuba, Cine Cubano, Revolución y Cultura, entre otras publicaciones nacionales y extranjeras.

Cuando recibió el Premio Nacional de Literatura se alzaron muchas voces de alabanza y regocijo, entre ellas la del escritor Miguel Barnet para quien Humberto era un escritor integral: novelista, dramaturgo y director teatral, así como cronista de gran elocuencia y economía de medios.  “Una vida entera entregada al periodismo, al teatro y la literatura. Un escritor honesto, sin capillas, un intelectual que dignifica la cultura cubana”, decía por entonces.

La muerte es siempre un puñetazo en el alma, un dolor seco; pero si en algo puede mermarse la pena ha de ser con la evocación justa. Humberto Arenal, el hombre diáfano y sencillo siempre dispuesto a alguna colaboración o consulta para esta revista que consideraba como suya, ha dejado en los predios de nuestra redacción una energía reparadora.

Versos de uno de sus poemas lo traen de vuelta: El Gigante está herido
no morirá / es un raro ejemplar / es inmortal.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.