La Habana. Año X.
21 al 27 de ENERO
de 2012

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Eduardo Galeano: la obra, la irreverencia
y la Casa
Aurelio Alonso • La Habana
Fotos: Archivo de Casa de las Américas

Entre Las venas abiertas de América Latina —que vio la luz como mención en el Premio Literario Casa de las Américas de 1971 y Espejos. Una historia casi universal, su obra más reciente, corren 40 años del tiempo Galeano y del tiempo Casa, aunque Espejos tenga como primera fecha de edición el año 2007. Podemos percibir la actualidad plena de ambos libros porque existe una suerte de tiempo suspendido: ese que en Chopin logra expresarse como tempo rubato, y que se puede manifestar de otras maneras, con otras complejidades, en la reflexión y en la poesía. La novedad de estos textos no se ve disminuida por las coyunturas.  

Desde Las venas abiertas… Galeano introdujo en la ensayística de izquierda de su generación y de las que le suceden, un estilo novedoso, atractivo y convincente, que lima asperezas al rigor e ilumina con gracia las verdades. El estilo iniciado allí lo vemos reiterarse, desarrollarse y alcanzar su plenitud en libros posteriores, como los de la trilogía Memoria del fuego, y en Espejos. Y lo vemos reflejarse también en el periodismo político latinoamericano de izquierda, en publicaciones periódicas impresas y en sitios digitales contemporáneos. Un estilo efectivo para derribar castillos mentales. Me aventuro a decir incluso que, de cierto modo, Las venas abiertas… fue y es para el ensayo periodístico crítico, lo que El llano en llamas ha sido para la narrativa latinoamericana.  
 

Tal vez fuera precisamente su carácter precursor lo que no le propició en 1971 alcanzar el Premio Casa frente a otro importante ensayo, de cuyas virtudes el jurado destaca, en su veredicto, la “sólida base teórica y científica” y la “documentación amplia y selecta con uso de una bibliografía debidamente actualizada”. Cualidades que, evidentemente, quienes juzgaban estimaron decisivas, aunque no bastaran para aproximar de manera clara y definitiva el contenido pleno del mensaje social de la obra a los lectores. Ambos trabajos apuntaban a esclarecer el mismo objeto de estudio, sin embargo, fue Galeano quien logró con creces el propósito de atrapar al lector: su ensayo fue mucho más efectivo que el libro premiado, algo usual entre las obras que abren caminos. Las venas abiertas… fue un libro vindicado por la demanda y por la expectativa que creó su lectura, y que se vuelve a crear en las generaciones de hoy.  

A la vuelta de cuatro décadas, mientras revisito aquel episodio, llego a la conclusión de que el jurado hizo lo que le tocaba, y el libro también. Por eso he repetido más de una vez que el juicio definitivo sobre los autores y sus obras hay que buscarlo a las puertas de las librerías más que en los veredictos. Y a menudo en el largo plazo, aunque, para fortuna de nuestro amigo, él no tuvo que esperar mucho para ser vindicado por los hechos.  

En la Casa que con razón ha proclamado como suya, Galeano ganó posteriormente el Premio de Novela con La canción de nosotros en 1975, y el de Testimonio con Días y noches de amor y de guerra en 1978. Obras, las dos, de  calidad reconocida, pero ninguna con el impacto de Las venas abiertas…

En las páginas escritas en 1978, como epílogo a la segunda edición de Las venas abiertas…, nos proporciona un argumento claro, una clave, del porqué de su estilo: “El lenguaje hermético no siempre es el precio inevitable de la profundidad”, aduce. El hecho cierto es que uno de los pecados más frecuentes de la ciencia social, dentro y fuera del marxismo, es la desimplificación de verdades sencillas en el altar de las complejidades disciplinarias, y con ella el descuido de la claridad. Un mal al cual ha contribuido la segregación de las disciplinas científicas que abordan el hecho social y lleva a confundir lo complejo con lo complicado. Aún peor, a rechazar las respuestas simples por el prurito de que el carácter científico impone complejidad (o incluso complicación). Se coloca así, inconscientemente, a las ciencias sociales contra la ciencia social. Se repite la circunstancia de que los árboles no dejan ver el bosque, y creyendo que hacemos ciencia, a menudo contribuimos a estancarla.  
 


Premio Casa 1970, Jurado de Cuento

Contra esa rigidez de los sistemas se levanta el atrevimiento de hablar “de economía en el estilo de una novela de amor o de piratas”, como reconoce Galeano que hace en Las venas… Pocos autores logran, como él, levantarse sin caer en planos superficiales contra ese vicio desimplificador que ha oscurecido gravemente, en muchas ocasiones, la comprensión de la historia, de la economía, del quehacer político y, en general, de la realidad social, que no permite abordar la sociedad como un todo. Oscurecimiento que se produce hay que admitirlo con daño práctico incluso para los procesos políticos nacidos de revoluciones genuinas. Ni qué decir de cómo se incubó y se extendió para todo el espectro de la oposición de izquierda en Nuestra América.

 

Por eso resulta tan relevante el componente herético de nuestro autor. Dentro de su ensayística de los años siguientes se destaca la aparición de la citada trilogía Memoria del fuego, compuesta por Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986), obras poco conocidas entre nosotros. Me pregunto si podría ser considerado este último título una culminación del sincretismo de géneros con el periodismo al centro y la crítica del hermetismo disciplinario de que hace gala en su prosa de 1971. En El siglo del viento, Galeano se vale, en un alarde de irreverencia, del instrumento de la cronología para armar, a través del acontecer del siglo XX, una presentación histórica integral, hilvanando momentos esenciales que marcan el período abarcado.



Premio Casa 1989, Jurado de Testimonio

 

Entre 1953 y 1967 sobresalen viñetas referidas a Cuba revolucionaria, donde desfilan en un primer plano los acontecimientos que desde el asalto al cuartel Moncada hasta el asesinato del Che en Bolivia expresan la magnitud de significado de la lucha contra la dictadura y de los que pudiéramos calificar como los años de implantación del primer proyecto socialista americano, del desafío, de sus glorias y de sus tragedias. Especialmente del escenario brutal de hostilidad sufrido por Cuba y que amenazó, desde entonces, a cualquier propuesta de transformación social de radicalidad semejante a la cubana.

 

En las 427 viñetas que abarcan casi el mismo número de páginas de Espejos (lo cual parecería una cábala), el subtítulo, “Una historia casi universal”, es indicativo del ambicioso propósito de Galeano. Constituye un ejercicio extremo de condensación que revela, tal vez como ningún otro de sus libros, la densidad que subyace bajo el estilo de estas asombrosas viñetas. Sus títulos hablan por sí solos del refinado sentido de su ironía: “Agua maldita”, “Alabada sea la ceguera”, “El peligroso vicio de preguntar”, “La despreciable mano humana”, por ejemplo; en ellas, las “fundaciones” marcan, con despreocupado ordenamiento, pero con acertado rigor, los hitos históricos, desde la “Fundación del fuego” hasta la “Fundación del tráfico urbano”; las “prohibiciones” dan cuenta, igualmente, de la presencia del autoritarismo, la desigualdad y la represión, como “Prohibido sentir”, “Prohibido ser curioso”, “Prohibido ser pobre”, “Prohibido ser negro”; el diablo, que “es musulmán”, “es judío”, “es negro”, “es mujer”, “es pobre”, “es extranjero”, “es homosexual”, “es gitano” y “es indio”, nunca antes tuvo una fotografía tan nítida.

 

Pero considero que lo más importante, lo que sostiene en su esencia esta originalidad, radica en que cada viñeta contiene el saldo de un depurado ejercicio de síntesis que ha requerido del autor la producción de un número a veces elevado de versiones consecutivas hasta lograr transmitir todo lo que se propone con el mayor ahorro de palabras imaginable. Permítanme, para demostrarlo, citar la “Breve historia de la revolución tecnológica”:  

Creced y multiplicaos, dijimos, y las máquinas crecieron y se multiplicaron. // Nos habían prometido que trabajarían para nosotros. // Ahora nosotros trabajamos para ellas. // Multiplican el hambre las máquinas que inventaron para multiplicar la comida. // Nos matan las armas que inventaron para defendernos. // Nos paralizan los autos que inventaron para movernos. // Los grandes medios, que inventaron para comunicarnos, no nos escuchan ni nos ven. // Somos máquinas de nuestras máquinas. // Ellas alegan inocencia. // Y tienen razón.

 

La mezcla de irreverente ironía con la profundidad de contenidos de lo que dice y escribe Galeano no es exclusiva, pero constituye un componente indispensable de su ingenio, y de ningún modo se contradice con su rigor. Por el contrario, lo complementa. Es algo que también recibió de Onetti, a quien considera su maestro, y que compartía con su amigo Roque Dalton. En una ocasión en que nos encontramos los tres, Galeano llegó diciendo que acababa de leer en la prensa sobre el primer vuelo de prueba del B-747, el Jumbo, que podía transportar la cifra, asombrosa entonces, de 450 pasajeros. A lo que Roque replicó rápidamente que empezaba a temer que la población de El Salvador pudiera perecer en un desastre aéreo.

 

Galeano parece recorrer la vida como un desafío constante al ingenio y, se constata fácilmente que es algo que enriquece su prosa.

 

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le rindió un merecido homenaje cuando se valió de Las venas abiertas… para sugerir su lectura al recién estrenado presidente de los EE.UU., Barack Obama, como un camino seguro y corto hacia una visión realista del escenario al cual se enfrentaba. Creo recordar que Obama sonrió y le dio las gracias, que es algo que los presidentes jefes del imperio saben hacer para cubrir apariencias. Galeano nos comentó que el valor simbólico del regalo fue significativo, pero que de haberle interesado el libro a Obama hubiera buscado una traducción al inglés, puesto que se han hecho dos, y guardado el presente de Chávez. Lamentablemente, todo evidencia que no hizo lo uno ni lo otro.

 

La Habana, 19 de enero de 2012.

 
 
 
 

GALERÍA de IMÁGENEs
Galeano en la Casa

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Galeano en La Habana, 2012
 

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Eduardo Galeano en la inauguración de la 53 edición del Premio Casa
de las Américas

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Presentación de “Espejos”, de Eduardo Galeano

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.