La Habana. Año X.
31 de DICIEMBRE de 2011 al 6 de ENERO de 2012

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Afrodescendientes, un año después
Pedro de la Hoz • La Habana

La dedicación de 2011 por las Naciones Unidas como Año Internacional de los Afrodescendientes deja un saldo agridulce: si por una parte en las regiones y países donde se concentran las poblaciones de origen africano o que en sus procesos de mestizajes son portadoras del legado etnocultural de quienes fueron arrancados forzosamente de sus tierras para ser explotados como mano de obra esclava hubo una mayor visibilización de sus problemas, necesidades y aspiraciones, no puede decirse que la satisfacción y cobertura de estas hayan sido resueltas siquiera medianamente.

Pesa demasiado la deuda social, la marginación y la obsecuencia en la particularización de estos sectores, generalmente empobrecidos por obra y desgracia del racismo estructural implícito en las sociedades clasistas, acentuado por las políticas neoliberales padecidas por varios de los países donde habitan, los impactos negativos de las migraciones y el aumento de la brecha entre los ricos y los pobres.

Al clausurar los trabajos por el Año Internacional, la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, opinó que las violaciones de esas prerrogativas sociales, económicas y culturales de los afrodescendientes todavía son parte de la realidad diaria de muchos individuos.

Contrasta la situación de los países latinoamericanos pertenecientes a la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) e incluso de Brasil, donde los gobiernos sucesivos del Partido de los Trabajadores (Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff) han tratado de mitigar mediante acciones afirmativas la carencia de oportunidades, con la de EE.UU., donde pese a existir un núcleo de afronorteamericanos ricos o de la clase media alta, persisten en las comunidades negras los mayores índices de mortalidad infantil y materna, deserción escolar, desempleo y desnutrición, solo comparables con los que registran los inmigrantes latinos, sobre todo los indocumentados, y la primera generación de sus descendientes.

No pocos afronorteamericanos, que asistieron con esperanza a la ascensión presidencial del primero de los suyos, se han ido desilusionando ante la actuación de un estadista que salva a los bancos en lugar de a los pobres, que sigue mandando a su gente a librar guerras injustas y a morir por causas innobles, que ni siquiera ha podido salir airoso en la implementación de un sistema de salud con algún viso de justicia.

Durante todo el año, América Latina mostró avances sustanciales en la materia, según la ecuatoriana María Alexandra Ocles, de la Oficina para Políticas Públicas de Igualdad Raciales declaraciones reflejadas a principios de diciembre por la agencia Prensa Latina, quien destacó la trascendencia de los cambios políticos, sociales, económicos y culturales registrados en la región como factores que contribuyen al progreso de los afrodescendientes.

Merecen, sin embargo, una particular mención dos países de América Latina: Colombia y Honduras. En el primero, donde existe una muy efectiva campaña de promoción de los derechos de los afrodescendientes por parte de diversos estamentos de la sociedad civil, y el gobierno acaba de sancionar por primera vez en la historia de la nación una Ley contra la Discriminación Racial, las comunidades de origen afro son las que más sufren los efectos de los desplazamientos generados por la violencia armada y los que viven en más precarias condiciones.

Al desgajarse del ALBA después del golpe de Estado que depuso al presidente Manuel Zelaya, el retorno al neoliberalismo más rancio ha afectado a las poblaciones negras, hecho que se trata de ocultar mediante la propaganda oficial que incluye la folclorización para el mero uso turístico del patrimonio de esas comunidades. No hay que olvidar que la llamada Cumbre Mundial de los Afrodescendientes, organizada en La Ceiba por el gobierno de Honduras con el dinero del Banco Mundial, dejó al margen a los representantes genuinos de los afrohondureños.

Al reseñar los resultados del foro de La Ceiba, expresamos cómo casi nadie habló de problemas de fondo, de articular consecuentes políticas inclusivas, y menos de insertar estrategias de lucha en el marco de un necesario proceso de emancipación de todos los sectores tradicionalmente preteridos y aún más dañados en medio de la globalización de políticas neoliberales, pues era mucho pedir en un escenario donde la voz cantante la llevaron representantes oficiales, funcionarios de organismos internacionales y de organizaciones no gubernamentales de cooperación, mientras que apenas hubo margen de participación real para los representantes de las comunidades.

Otra realidad se reveló en el IV Foro de Afrodescendientes de Caracas, que en el verano reunió a políticos, líderes comunitarios, intelectuales y activistas sociales de más de 40 países, que debatieron una agenda de resonancias prácticas en las que igualdad y justicia social se articularon con coherencia y sentido de futuro.

En Cuba, enfrascada en un proceso de reordenamiento de la economía y con los efectos del bloqueo norteamericano incidiendo de manera perniciosa sobre la vida de la nación, la agenda del Año Internacional de los Afrodescendientes, lejos de constituir un hito especial, se insertó de manera natural en los esfuerzos del estado y la sociedad civil socialista por desterrar los prejuicios raciales, borrar las desventajas históricas acumuladas y conquistar la más plena justicia.

Hubo eventos significativos, entre los que cabe citar el organizado por el Instituto de investigaciones Culturales Juan Marinello a mediados de año, en el que se ventiló la problemática desde una perspectiva latinoamericana y caribeña. Pero, sin lugar a duda, por su impacto, lo más relevante fue la inclusión del tema de la lucha contra los prejuicios raciales en el máximo órgano legislativo, la Asamblea Nacional del Poder Popular, que auspició una histórica audiencia pública en Matanzas y llevó al seno de una de sus comisiones el tema durante el último período de sesiones de 2011.

Valdrá la pena volver sobre el asunto, con mayores detalles y valoraciones, en una próxima nota, más si se tiene en cuenta que en 2012 conmemoraremos el bicentenario del levantamiento y asesinato del líder independentista y afrodescendiente José Antonio Aponte y el centenario de la masacre de los Independientes de Color.    

 
 
 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.