La Habana. Año X.
24 al 30 de DICIEMBRE 

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Comentarios y anécdotas sobre uno de los grandes
del fútbol cubano
¿Quién fue Mario López Alfonso?
Raimundo Vilar • La Habana

Mario López Alfonso nació un 9 de diciembre de 1911, en La Habana, designado casi un siglo después como el mejor jugador cubano del siglo XX, mención que le otorga la Confederación  Norte Centroamericana y del Caribe de Fútbol (CONCACAF), por su brillante actuación en el fútbol cubano en las décadas del 1920 al 1940, las cuales fueron muy importantes para el fútbol nacional.

Los aficionados de la época lo bautizan como “el Andrade” cubano, llamándolo así, en alusión al gran delantero brasileño, por su similitud en el estilo de juego, por su limpieza y habilidad para golpear el balón y anotar. Adornaba sus cualidades con un regate de calidad superior el cual dejaba regado a cuantos lo marcaban y era un jugador muy difícil de marcar por estas cualidades que lo adornaban. No son pocas las historias y comentarios de que hacía parar las tribunas por una jugada o por un tiro a puerta fuera o dentro del área, atributos estos que Mario López poseía de forma natural, todo lo cual, lo convertían en la mejor carta de nuestro fútbol y en uno de los grandes de todos los tiempos.

Su primer partido lo realizó de forma oficial el 19 de diciembre de 1926, defendiendo los colores del equipo América en un encuentro del concurso llamado de Verano, en los terrenos del antiguo parque Mundial, donde jugó como defensa. Posteriormente pasa a jugar en el famoso terreno Almendares Park, todo un señor estadio de aquella época, siempre como jugador del América, aunque ya el equipo Olimpia, que era uno de los grandes de la época, buscaba con insistencia su pase al equipo. Para ese entonces, alternaba en la media cancha y en ocasiones en la delantera, convirtiéndose en un jugador espectáculo, pues jugaba todas las posiciones y lo hacía bien. Pasando el año 1928 comienza a jugar con el equipo Olimpia.

En 1930 se celebra en La Habana los II Juegos Centroamericanos y del Caribe y la selección cubana de fútbol logra la medalla de oro, en calidad de invicta, venciendo a Jamaica 3 x 1, a Honduras 7 X 0 y 5 x 0, a Costa Rica 2 x 1 y al Salvador 5 x 2. En total Cuba marcó 22 goles a favor y solo cuatro en contra, con Mario López como líder goleador del torneo, anotando en todos los encuentros.

Durante la década de los 30 consolida su prestigio internacional. En una visita a Haití, logra el que se reconoce como el gol más impresionante de su carrera deportiva, al ir dominando el balón con la cabeza desde el centro del terreno  hasta la puerta haitiana y marcar el gol también con la cabeza, lo que provocó que al terminar el juego, los propios aficionados haitianos, lo sacaran en hombros del estadio para pasearlo por la ciudad. Se debe destacar que todavía hoy, pasados casi más de 70 años, los haitianos rememoran aquella extraordinaria jugada y lo consideran como el más grande jugador que visitó el país en todos los tiempos.

Cuba participa en la tercera Copa Mundial de Fútbol en Francia, 1938, pero para dolor de la afición cubana, Mario López no puede asistir por una lesión en la rodilla. Debido a ello comienza a jugar como portero un tiempo más tarde. Su elevada estatura y su calidad técnica le abrieron el paso en la nueva posición, no son pocos los que llegaron a afirmar que era mejor como portero que en el campo. Esto lo llevó a jugar en los grandes equipos de la época, estuvo en la alineación regular del equipo Deportivo Centro Gallego, el cual dirigió años más tarde como entrenador; estuvo en el glorioso equipo Juventud Asturiana, uno de los equipos insignes de aquella época de esplendor del fútbol cubano. Tuvo una destacada actuación como portero a finales de la década de los 30 y los primeros años de los 40. Es entonces decide retirarse y dedicarse a entrenar, de 1948 al 1954, dirige el equipo Centro Gallego, y quedaron campeones en el año 1952.

Al triunfo de la Revolución, sigue trabajando en el fútbol, y está entre los primeros entrenadores que se suman para ayudar a formar a los nuevos cuadros y jugadores. Dirige varios equipos amateurs y es elegido para dirigir la Selección  Nacional del año 1960, junto con reconocidos entrenadores cubanos como Bernardo Llerandi y Enrique Mayolas.

Cuando comienza la Liga de los Veteranos en el estadio de la Polar, de la barriada de Puentes Grandes, Mario López es uno de los que se integran para dirigir equipos y formar parte de esa hermosa pléyade de jugadores y amantes del fútbol en la capital que domingo tras domingo corren en pos del balón por amor al deporte.

Por todo su historial futbolístico, la CONCACAF lo tiene en cuenta al seleccionar los mejores futbolistas del siglo XX, otorgándole el lugar 19 entre los más grandes jugadores de nuestra área. Es el único jugador cubano que ostenta ese gran mérito deportivo.

En octubre de 2002, la Asociación Cubana de Fútbol, con el apoyo del programa Gol de la FIFA, le rindió honores y perpetuó su memoria al construir la Escuela Nacional de Fútbol que lleva su nombre.

De esta forma se le rindió honor a quien honor lo merece, a quien fuera un magnífico jugador, una excelente persona y revolucionario, el pueblo así lo reconoce, la afición del fútbol así lo quiere, y para la futura generación de futbolistas cubanos que no lo conocieron, será un legado eterno de entrega y amor por su deporte sin olvidar sus raíces y su Patria. Allí donde se le dé una patada a un balón y se busque la gloria deportiva estará él, entre su gente, entre sus niños, en esos jugadores nuevos y las generaciones de futbolistas que estarán prestigiando al mejor jugador cubano de fútbol de todos los tiempos: al inmortal Mario López Alfonso.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.