La Habana. Año X.
17 al 23 de DICIEMBRE

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Esther Acosta Testa, Premio Nacional de Edición 2011

“El libro, como objeto, es el resultado de un trabajo colectivo”

Helen H. Hormilla • La Habana

Fotos: Cortesía de la entrevistada


El gremio editorial cubano celebra por estos días el nombramiento de Esther Acosta Testa como Premio Nacional de Edición. El jurado, presidido por la anterior laureada Silvana Garriga, e integrado además por Eduardo Heras León, Thelma Hortensia Jiménez, Blanca Rosa Zabala y Daniel Díaz Mantilla, la seleccionó entre 15 propuestas por “su larga trayectoria en el sistema editorial cubano, en el cual se ha desempeñado como editora, redactora jefa y subdirectora de varias editoriales”.

A ellas ha aportado sus conocimientos y su excepcional rigor técnico e intelectual “en la edición de libros de alta complejidad, la gestión de textos, la gestación y sostenimiento de colecciones, y la organización de los procesos editoriales”. Esther es la creadora de la colección Repertorio Teatral Cubano, de la Editorial Arte y Literatura, ha trabajado en la Editorial Letras Cubanas, Ediciones Boloña, Ocean Press, y desde 1996 hasta 2008 fue subdirectora del Fondo Editorial de la Casa de las Américas y editora de la revista Contexto Latinoamericano.

Tomando como pretexto este reconocimiento, La Jiribilla conversó vía electrónica con la editora.

¿Siempre quiso ser editora? ¿Cómo fueron sus comienzos en esta profesión?

No. Desde niña tuve hábito de lectura y me gustaban mucho los libros. De adolescente siempre estaba buscando un tiempo y un espacio para leer; después perfilé mi vocación hacia las letras. Por ello, de joven siempre imaginé que el trabajo ideal para mí sería uno que me permitiera hacer, de manera permanente, lo que más disfrutaba: leer; pero hasta ahí.

La vida me llevó hacia la edición, cuando, ya después de graduada, tuve oportunidad de incorporarme, a finales de 1978, al equipo de Letras Cubanas, recién fundada entonces, y aprender allí el trabajo de edición, ante el original, en la labor cotidiana y con la ayuda y orientación de los editores más experimentados. Como podrás imaginar, cuando descubrí esta profesión, no intenté buscar nada más, sentía que había encontrado mi lugar.

¿Cuán diferente resultaba el contexto editorial de entonces con respecto al actual?

Muy diferente. Estamos hablando de finales de la década de los 70: han transcurrido más de 30 años, en los cuales ha habido grandes cambios en el mundo y en nuestro país, que han afectado, por supuesto, la esfera editorial.

En principio, por ejemplo, la tecnología se ha transformado completamente. En aquellos momentos, todavía la mayoría de los libros se hacían con linotipia por impresión directa; esto traía como consecuencia una gran cantidad de erratas y, para evitarlas, la multiplicación de pruebas que revisar. Actualmente, al incorporarse la computación al proceso editorial, todo esto se ha aligerado, se ha ganado en tiempo y calidad.

Por otra parte, en aquellos años hubo condiciones para imprimir muchos títulos con grandes tiradas; recuerdo que una tirada básica podía ser de diez mil ejemplares, y una masiva de 25 mil, mientras hoy los costos de imprenta nos limitan en ese sentido. A lo largo de estos años ha habido momentos realmente críticos en los que ha habido que limitar al máximo las publicaciones por motivos financieros.

No obstante, pienso que ahora, al mirar atrás, podemos hacer un balance positivo, pues, a pesar de las dificultades —que fueron muchas—, no faltaron instituciones culturales que lograron mantener sus publicaciones fundamentales; y hoy por hoy el arte del libro en Cuba goza de buena salud y se renueva con jóvenes editores y diseñadores de muy buena formación que están iniciándose en esta profesión, como nosotros en aquel momento.

No me gusta mucho comparar el presente con el pasado, porque existe siempre una tendencia de la mente humana a clasificar de mejor o peor a partir de los recuerdos o de las emociones personales; por lo general, entonces, no se es muy justo con el presente, cuando en realidad es todo lo que tenemos. La experiencia del pasado es muy importante como aprendizaje, pero cada momento tiene su propia existencia, su realidad y, lo más importante, nos da la posibilidad de actuar, de transformar, esto es lo que podemos aprovechar. Por eso me emociono cuando veo esos jóvenes, porque recuerdo mis inicios, junto a otros editores, cuando ignoraba todo del trabajo editorial, pero tenía grandes deseos de aprender, de hacer, de transformar, de contribuir con mi trabajo a que la cultura de mi país quedara impresa, como testimonio de una época, en libros que llegarían a otras manos y perdurarían en las bibliotecas… Creo que esto último se mantiene en el espíritu de la labor editorial cubana; ahora bien, en qué circunstancias, ante qué realidad social, cómo hacerlo, varía del mismo modo que lo hace la vida y la sociedad.  

Brevemente, quisiera que me reseñara su camino profesional hasta llegar a este premio.

He sido editora, jefa de redacción, redactora-jefa y subdirectora editorial, según las circunstancias del momento. He trabajado en Letras Cubanas, Casa de las Américas y Ocean Press, fundamentalmente, y he colaborado con otras editoriales. En cada una de ellas he aprendido mucho y diversos aspectos de la edición, que se complementan mutuamente: el trabajo de edición propiamente dicho, distintos tipos de relación con autores cubanos o extranjeros; matices diferentes en la labor de una editorial independiente y de otra que al pertenecer a una institución cultural se proyecta en función de ella; formas variadas de ver el mercado del libro, etcétera.

Siempre he pensado que, sobre todo, he tenido la gran suerte de encontrar en estos lugares excelentes editores que me han enseñado, que me han transmitido su experiencia, y también he tenido el privilegio de trabajar con muy buenos equipos técnicos: esto es fundamental.

El libro, como objeto, es el resultado de un trabajo colectivo en el cual cada integrante del equipo hace su más valioso aporte. Por supuesto, es fundamental el autor, pues es quien creó la obra que se publicará y a partir de la cual comienza todo, pero para convertirla en libro es necesaria la labor colectiva y coordinada del editor, el corrector, el diseñador, el diagramador, y de otros técnicos que cuidan la edición, la impresión e incluso la distribución y comercialización del libro, pues este solo se realiza realmente, como objeto cultural, cuando llega a manos del lector que lo abre para comenzar a leer.

¿Qué la cautiva de su profesión?

Me cautiva todo, pero si tuviera que resumir, diría que las posibilidades de objeto cultural de presente y futuro. Me explico, el libro se hace en el presente para el lector actual, independientemente de su tema, aun cuando aborde el pasado, es un puente de comunicación dirigido a ese lector, y de hecho se convierte, por tanto, en un testimonio de época, pues le permitirá a los investigadores del futuro saber qué se publicaba en estos años y, por tanto, qué se escribía y qué se leía, qué ideas se movían en la sociedad en esta época, cuál era el desarrollo de su ciencia o de su técnica; y ahí ya estamos en su proyección futura: el libro es un objeto con cierta permanencia, llegará también a futuras generaciones que lo podrán leer, quizá en alguna lejana biblioteca perdida en los confines de la Isla y aun cuando ya no estemos aquí ni tú ni yo para dar testimonio.

¿Considera que sea suficientemente valorado el trabajo de edición literaria en Cuba?

Ese es un tema que se ha reiterado mucho. A veces me pregunto qué se considera “suficientemente valorado”, ¿qué es “suficiente”? Porque lo “suficiente” varía de persona a persona.

Siempre habrá quien crea que “con saber leer y escribir ya se puede editar, pues se trata de leer”. También habrá otras personas que conozcan más de esta profesión o hayan tenido la oportunidad de trabajar un texto con un buen editor y tengan una opinión opuesta. Depende mucho de la experiencia de cada cual.

Por otra parte, a nivel institucional, en Cuba, creo que se han dado pasos importantes y hay una buena valoración, aunque se debe seguir trabajando en este sentido. El hecho de que exista este mismo Premio Nacional de Edición o el de El Arte del Libro, para el diseño, son prueba de ello, al igual que los encuentros de editores que se organizan todos los años durante la Feria. No debemos olvidar nunca que los libros cubanos siempre llevan el nombre de su editor en la página legal, su trabajo se personaliza así, podemos conocerlo al leer el texto. ¿Ocurre lo mismo con los libros de otras editoriales?

En lo personal, siempre me he sentido muy valorada y satisfecha cuando he podido trabajar un libro de conjunto con su autor y todo ha fluido en función de lograr la mayor belleza y calidad; cuando un libro trabajado así sale finalmente publicado, es una gran fiesta para cualquier editor.

¿Cómo debe ser la relación entre la persona que escribe y quien edita?

La relación debe ser muy estrecha, franca, coordinada, equilibrada, de respeto mutuo y sin rivalidades. Lo más importante en el trabajo debe ser la obra que se va a publicar y el lector que la leerá —es decir, el objetivo—, para lograr la mayor calidad y belleza. Por eso, el editor debe tratar de mantenerse en el justo medio: no pretender cambiarle la obra a su autor, como diríamos en cubano “de porque sí”, puesto que es su creación; pero tampoco mantener una posición de absoluta aceptación pasiva que impida la necesaria comunicación, el imprescindible intercambio con el autor en relación con su obra; en ninguno de los dos extremos estaría cumpliendo con su función.

El autor necesita también esa primera mirada crítica, mirada a distancia, de lector experimentado y de editor, que, precisamente por ser “otra”, provoca la reflexión. Se produce entonces en la relación una corriente de pensamiento que enriquece a ambos, y el mayor beneficiado al final será el libro y su lector.

La obra tiene un autor que la concibió y la creó, pero el libro tiene, además, al editor, y el resultado final de la publicación depende de ambos.

Por supuesto, me he referido en todo momento al concepto de editor que existe en Cuba y al tipo de profesional que se pretende formar en las editoriales cubanas.

¿Qué posibilidades reales tiene un profesional de la edición en Cuba para proponer y decidir sobre lo que publica o no una editorial?

Eso depende del sistema de aprobación de cada editorial; en general se establece algún mecanismo de proposición dentro de la Editorial que involucra a sus profesionales —pues durante el año se reciben originales que van siendo evaluados— y la aprobación se determina en otra instancia, por ejemplo en un Consejo Asesor o en un Consejo de Dirección; también en estos Consejos pueden hacerse proposiciones. Si la editorial pertenece a una institución, por supuesto se involucra también el Consejo de Dirección de la institución.

Usted fue durante un tiempo subdirectora del Fondo Editorial Casa de las Américas, a partir de su experiencia profesional, ¿cuán complejo se hace para Cuba gestionar la publicación de autores extranjeros contemporáneos?

Efectivamente, fui subdirectora durante casi 12 años del Fondo Editorial Casa, y te puedo decir que, en general, no es fácil esta gestión por las dificultades financieras y de derecho de autor que todos conocemos. Sin embargo, Casa de las Américas, como institución cultural, tiene un gran prestigio y ha logrado mantener en forma sostenida magníficas relaciones con lo mejor de la intelectualidad latinoamericana y caribeña y con otras instituciones culturales extranjeras. Esto ha hecho posible que se mantenga en pleno funcionamiento su concurso literario, su premio de musicología, la Joven Estampa, su Mayo Teatral, la variedad de actividades que proyecta incansablemente todos los años —exposiciones, conciertos, conferencias, semana de autor, etc.—, y también, por supuesto, la publicación de sus colecciones literarias y de sus revistas.

¿Considera que el público lector cubano esté suficientemente actualizado sobre lo mejor de la literatura contemporánea? ¿Por qué?

No lo creo, porque, como todos sabemos, las limitaciones económicas que vivimos no hacen posible la importación a gran escala de esa literatura ni su comercialización estable para el público lector cubano; y, por otra parte, las editoriales cubanas no poseen los derechos de autor que les permitan publicar y comercializar esos libros. Por supuesto, existe el autor solidario con Cuba, que autoriza la publicación gratuita de sus libros para nuestro país, y se realiza una comercialización considerable en las Ferias del Libro; también hay una circulación, a nivel personal, de libros que algún lector adquiere en el extranjero y después presta a sus amistades; pero una comercialización a gran escala de todo “lo mejor de la literatura contemporánea” que permita esa actualización del lector en general, no creo que pueda existir de inmediato, aunque cada profesional trata de mantenerse actualizado por diversas vías en su especialidad, y la literatura no es diferente en este sentido a otras ramas del conocimiento.

¿Cuáles son las diferencias entre editar teatro, narrativa, poesía o ensayo?

Esta pregunta podría ser tema de una conferencia, pero, para ser breves, diremos que las diferencias son las propias de los disímiles géneros; por supuesto, hay un basamento común que es el idioma, pero además cada género determina una forma particular de comunicación con su lector específico, y esto lo debe tener en cuenta la edición. Por eso es importante que el editor no solo domine el lenguaje, los aspectos del estilo, la gramática, la redacción, sino también el género o la especialidad que abordan los libros que trabaja.

El alto rigor técnico e intelectual de su trabajo fue motivo señalado por el jurado del Premio Nacional de Edición. Aparte de estas, ¿qué cualidades debe tener quien se dedica a esta labor?

En primer lugar debe ser un gran lector, porque va a dedicarse a los libros; debe dominar el idioma y sus matices comunicativos; ser capaz de mantenerse durante horas ante un original en un trabajo sedentario; tener sentido crítico y ser acucioso para ver los detalles e investigar, si es necesario por que algo no esté muy claro; y tener paciencia, mucha paciencia, porque se trata de un trabajo al que hay que dedicarle tiempo y esfuerzo.

¿Considera que en Cuba exista relevo para los buenos editores?

Cuba se ha caracterizado por formar generaciones de editores. Cuando comencé en 1978, tuve contacto directo con muy buenos editores que narraban, a su vez, legendarias historias de otros grandes editores que fueron sus maestros y que no llegué a conocer. Hoy, aquellos son los grandes maestros de los que hablo con los jóvenes editores, a quienes les cuento las anécdotas de cuando se crearon las primeras colecciones de Letras Cubanas y hacíamos Consejos de Dirección que empezaban por la noche y terminaban de madrugada, en los que se discutía al mínimo detalle el perfil de una colección o el plan editorial del año próximo. No veo por qué, precisamente ahora, se va a romper esa cadena, cuando los editores e incluso los diseñadores que están llegando a las editoriales poseen una sólida formación universitaria. Creo, pues, que el relevo se está formando, como antaño, en el trabajo cotidiano con los originales y en contacto directo con editores más experimentados; tenemos esta suerte aquí, esta especie de comunicación entre generaciones que garantiza la continuidad, no la copia exacta, pues los tiempos cambian y con ellos, las generaciones, los requerimientos ahora son otros.

¿Qué aconseja a los jóvenes que se inclinan por esta profesión?

Que aprovechen al máximo el tiempo, la experiencia acumulada por los buenos editores, que están dispuestos a compartir sus conocimientos, y que, después, tracen su propio camino, como los que los antecedieron.
 
 
 
 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.