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17 al 23 de SEPTIEMBRE de 2011

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Nancy Morejón:

“La poesía es un acto de fe”

Helen H. Hormilla • La Habana

Fotos: Cortesía de Nancy Morejón

Las naciones de Cuba y Macedonia parecieran irreconciliablemente distantes. Ubicada en América una y la otra en Europa del Este, con variables climáticas contrastantes e idiomas de distinta raíz, resulta difícil imaginar que la sensibilidad de la Isla antillana pueda sobreponerse a latitudes y conmover a miles de personas reunidas en el festival internacional Noches de Poesía en Struga. Mas, en uno de los escenarios ubicados sobre un puente de esa ciudad porteña de la actual República de Macedonia, antes Yugoslavia, ha leído sus versos la cubana Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura en 2003 y laureada con la Corona de Oro, principal reconocimiento de ese evento, en 2006.


De su impacto sobre el público no caben las dudas, pues pese a los conflictos nacionales, la violencia, la pobreza y la discriminación que imperan a nivel global, la poesía sigue siendo capaz de comunicar emociones a los seres humanos, cualquiera que sea su región de origen.

Esa ha sido la confianza para realizar este festival de poesía, el más antiguo del mundo, celebrado desde 1962 como recuerdo a la vocación humanista e integradora que ha caracterizado a esta manifestación literaria desde sus orígenes. Poetas de los cinco continentes han sido escuchados en sus lenguas natales y luego en macedonio durante las lecturas, presentaciones de libros y recitales que tienen lugar durante el evento. De igual interés ha sido la presencia de traductores que han llevado al macedonio, el francés, el búlgaro, entre otros idiomas, lo más descollante de la poesía mundial.

La Corona de Oro, un premio a la obra de la vida, ha reconocido a grandes autores de todas las lenguas como Mahmoud Darwish, W. H. Auden, Joseph Brodsky, Allen Ginsberg, Bulat Okudzhava, Pablo Neruda, Eugenio Montale, Léopold Sédar Senghor, Artur Lundkvist, Hans Magnus Enzensberger, Nichita Stănescu, Ted Hughes, Makoto Ooka, Miroslav Krleža, Yehuda Amichai y Seamus Heaney.

Morejón es hasta ahora la única cubana laureada, razón por la cual este año formó parte de las conmemoraciones por el aniversario 50 del festival. Casi recién llegada de su visita a Macedonia compartió con La Jiribilla algunas impresiones sobre lo ocurrido a finales de agosto en Struga.

No hay poesía subdesarrollada

“Desde el año 1989 Europa del Este cambió su naturaleza. Yugoslavia, que formaba parte del mundo socialista se desintegró en cinco países, uno de ellos Macedonia. Allí se celebraba desde antes el festival internacional de poesía, que conserva la tradición humanista y de respeto a la diversidad cultural, tan importante en una zona como Los Balcanes, donde está enclavado el país.

“Macedonia tiene una larga historia con referentes que vienen de la Antigua Grecia y de diferentes culturas presentes en Los Balcanes, entre ellas la árabe, la turca, entre otras. El poeta laureado con la Corona de Oro este año, Mateja Matevski, nació en Estambul y su padre lo llevó muy pequeño a Macedonia. Existen allí portugueses, polacos, checos, porque es un mundo pluripolar, muy parecido a ese gran ajiaco con que Fernando Ortiz definía a la cultura cubana.

“Las ciudades marinas tienen ese encanto: son pueblos espontáneos, abiertos, y el festival es una prueba de esa diversidad cultural. Este mundo de intercambio a través del mar es la esencia de las culturas. Como tienen varios componentes étnicos en su población, han tratado de que la poesía aglutine, reúna, mueva a las culturas de todos los pueblos. No por azar, como en otras ocasiones, la UNESCO asistió como financista.

“Esa idea de que no hay poesía subdesarrollada, como decía Jorge Salamé, el poeta colombiano, cobra una gran importancia en nuestros días. Él decía que podemos ser subdesarrollados en términos de tecnologías, pero no de arte, y una prueba es este festival.

“Sobre Cuba, ellos conocen que nuestra vida literaria es muy intensa, sobre todo por el premio Casa de las Américas. Pero también tienen la mirada puesta en la UNEAC, que celebra este año sus 50. Nuestro movimiento literario se va asomando en este panorama de Struga, que tiene una vocación de Tercer Mundo, de las pequeñas ciudades, de los pequeños paisajes cotidianos”.

La poesía, un reino autónomo

“No creo que exista un festival como este en Europa, con tanta participación popular. Las lecturas más importantes se hacen sobre un puente y en las riberas del río se reúnen multitudes de personas escuchando poesía, y eso es impresionante. Solo recuerdo algo parecido con dos festivales: el de Medellín en Colombia y otro en New Yersey. No había un poeta solo.

“El espíritu que anima al Festival de Struga es encomiable. En un mundo lleno de grietas, de guerras sucias, de violencia contra culturas que se suponen incivilizadas, de falsos valores, de prepotencia, resulta importante el punto de vista humano que ellos defienden a capa y espada.

"La poesía tiene valor como un reino autónomo. Los poetas tenemos nuestro propio lenguaje para interpretar la realidad. Es muy importante la defensa de determinadas ideas, porque los políticos lo hacen a su manera pero los poetas tenemos la nuestra. En medio de la era electrónica, de las tecnologías, la poesía es un acto de fe, un acto desde el cual alcanzar un sueño y creer que un mundo mejor es posible.

“Cuando el ser humano puso un pie en la luna, Neruda escribió un poema y en él hacía alusión de que el primer hombre que puso un pie en la luna fue Julio Verne, porque lo que es concebido en la mente seguro se va a realizar.

El reto de la traducción

“Traducir poesía siempre es un reto, pero sin traducción no habría festival posible. El mismo Matesvki es un gran traductor de la literatura en español, y ha llevado a su lengua importantes obras contemporáneas. Siempre están al acecho de un autor para traducirlo y el festival es un surtidor en ese sentido. Se traducen dos poemas de cada participante, se hace una antología con los laureados y este año se presentó una antología de poetas franceses que habían obtenido la Corona de Oro.

“No se conciben los estudios de literatura comparada si no se traduce. Por eso cada vez más nuestros poetas y escritores deben conocer idiomas porque no hay mejor laboratorio para un escritor que la traducción”.
 
 
 
 
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