La Habana. Año X.
10 al 16 de SEPTIEMBRE de 2011

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Entrevista con el tresero Pancho Amat
“Toquen guapo, como Arsenio”
Helen H. Hormilla • La Habana
Fotos: Cortesía del Museo de la Música

La primera vez que Pancho Amat escuchó una grabación de Arsenio Rodríguez fue en 1978, varios años después de la muerte en Los Ángeles, EE.UU., del “Ciego Maravilloso”. Mucho le habían hablado de la sonoridad peculiar del tresero cubano radicado en la tierra del jazz desde la década de los 50 del siglo XX, cuyos sones y boleros han formado parte del repertorio de casi todas las orquestas cubanas.

Sin embargo, fue en aquel viaje de Manguaré a Nueva York, con motivo del homenaje al cantante Paul Robinson, que Amat llegó a una pequeña tienda de discos de música latina, ubicada en 5ta. y 42, en el segundo nivel del metro, y compró cinco acetatos del conjunto de Arsenio Rodríguez. Así pudo advertir con sus propios oídos la legendaria maestría del compositor de populares canciones como “El reloj de Pastora” y “La yuca de Catalina”.

La admiración fue ganando razones a través de los años, de ahí que Pancho, el Premio Nacional de Música 2010 y uno de los mejores treseros cubanos, estuviera entre los protagonistas del homenaje dedicado al músico este agosto en su natal Güira de Macurije, Matanzas, como parte de las celebraciones en Cuba de su centenario.

“A Arsenio me lo conozco de memoria”, me dijo poco antes de iniciar nuestro diálogo, en el mismo local donde el Cabildo de Son había estado ensayando con vistas a su próxima peña. Nunca se conocieron, pero la seguridad de la frase resultaba evidencia de continuidad, lo mismo que la fehaciente convicción de llevar al maestro al lugar que le corresponde dentro de la cultura nacional.

Nacido el 30 de agosto de 1911, Ignacio de Loyola Rodríguez Scull, nombre real de Arsenio, se convirtió en uno de los más importantes músicos cubanos de todos los tiempos. Tanto como instrumentista —tocaba percusión y tres—, como compositor y como director de orquesta, marcó la manera de comprender la música en la Isla.


Tres perteneciente a Arsenio Rodríguez

“Él tuvo que crecerse ante tres limitaciones: ser campesino, ciego y negro. En aquel tiempo había que venir a estudiar música a La Habana y la discriminación racial era muy grande; pero a fuerza de tenacidad y talento se impuso como músico, marcó un estilo y legó un saber vital para todos los que después hemos querido trabajar el son”, considera Amat.

¿Cuáles son los aportes de Arsenio a nuestra música?

Si analizamos el repertorio de los músicos cubanos, desde los contemporáneos con Arsenio hasta los de nuestros días, casi todos tenemos algo suyo en nuestro repertorio. Como compositor, nos dejó una huella importante no solo dentro del mundo de la música bailable o con antecedentes afrocubanos, sino en el bolero. Si comparas “La vida es un sueño” con “El guayo de Catalina”, no entiendes cómo se pueden reflejar estados de ánimo diferentes de manera tan precisa y talentosa. Arsenio llevaba la gracia, la alegría, la jocosidad, el gracejo popular y además componía canciones con elementos patrióticos.

Por otra parte, la introducción de las tumbadoras, el piano y varias trompetas, le dio el sello a su conjunto y marcó uno de sus principales aportes musicales. Él fue cocinando un ajiaco que otros dejaron a medias. Había agrupaciones que incorporaron el piano, otras incluyeron dos trompetas y otras las tumbadoras; pero él los unió todos y creó un conjunto orquestal que es el embrión de las orquestas de baile en la actualidad.

Se comenta de su influencia en el mambo, creado por Pérez Prado.

Sin haber existido Arsenio hubiera sido más difícil encontrar la resultante final del mambo. Estamos hablando de un hombre que desde los años 40 empezó a hacer música para el futuro.

Luego, no bastando la huella que dejó en su país, cuando emigra a EE.UU. empieza a divulgar por la comunidad latina toda esta sonoridad. El hecho de que Arsenio viviera en Nueva York sirvió para que la música cubana llegara hasta allí y rebotara a todas partes. Por eso lo consideran padre de la salsa.

¿Y qué resultó de su interacción con el contexto musical norteamericano?

Cuando él se empezó a acercar a los músicos neoyorkinos, su manera de tocar el tres cambió un poco. Fue alimentándose de la relación con otros colegas. Él estaba en EE.UU. cuando la banda de Machito, con Mario Bauzá, inicia el latin jazz. Entre todos ellos había relación y no hay lugar a duda de que Arsenio se alimentó de ese ambiente, y viceversa.

¿Qué lo distinguía como instrumentista?

Si por algo los músicos respetaban a Arsenio era por el tema rítmico.

Cuando se trata de un tresero, hay que remitirse de alguna manera a su forma de tocar. Hay quien dice que en su época algunos tocaban mejor; pero tengamos en cuenta que un hombre en sus condiciones se echó sobre los hombros la dirección de un conjunto, lo cual implica la composición de temas, los arreglos musicales, etc., todas tareas que demandan tiempo y hacen más difícil el estudio del instrumento. Pero, rítmicamente, no he oído a nadie más poderoso que él.

Él tenía fama de ser un hombre explosivo y no lo dudo, porque su música era explosiva. Cuando monto un son al estilo de Arsenio uso un término que no tiene nada que ver con lo musical, pero que los músicos entienden. Cuando quiero energía, les digo: toquen guapo, como Arsenio, y ellos saben a lo que me refiero.

A los 14 años me marcó una canción suya, “Lo dicen todas”, que tocó en la Casa de la Cultura de mi barrio un septeto liderado por Rodolfo Oviedo, tresero y cantante. Me quedé pensando en el tema porque tiene cierta complejidad con la clave. Tiempo después, Miguelito Cuní me aclaró que Arsenio hacía canciones para las dos claves. Le pregunté que por qué y él me respondió, “Pa´ joder, nada más”.

El más reciente Cubadisco celebró una competencia de treseros en la que se evidenció la calidad de estos instrumentistas en Cuba. ¿Tiene que ver con el desarrollo de una escuela del tres?

Cuando empecé a tocar, había pocos treseros grandes: el Niño Rivera, Isaac Oviedo, me hablaban de Arsenio, de Luis Lija, Neneíto, Rodolfo Oviedo, y otros en Guantánamo y Santiago de Cuba. Pero ninguno era de mi generación. Cuando miraba a los lados, a nadie le interesaba ese instrumento ni había nadie que tocara bien. Incluso, algunos que empezaron a tocar lo hicieron más por usar el timbrecito, porque se pusieron de moda las canciones típicas.

Ahora es totalmente diferente. Si contamos los treseros buenos de mi generación, te digo que dentro de los jóvenes hay diez veces más. Si un instrumento tiene salud en Cuba es el tres.

La aspiración es que la escuela sea el motor impulsor de ese desarrollo, pero en lo personal no le diera todo el peso en cuanto al volumen de treseros actuales y la calidad que tienen. Todos los muchachitos que tocan el instrumento no aprendieron allí. Una de las cosas que se midió en el concurso CUBADISCO fue la improvisación, y en la escuela no se enseña a improvisar, ni a tocar el son montuno de esa manera.

Queremos que los muchachos ganadores del concurso hagan un disco y podamos transcribir su música para que quede en formato sonoro e impreso a los estudiantes. También estoy grabando un disco donde hay muchas improvisaciones y temas instrumentales con la intención de llevarlo para el ISA (Instituto Superior de Arte) y así puedan trabajar mejor.

¿Se encasilla el tres en el son?

Ese fue su punto de partida, pero ya está presente en la trova, el bolero, el latin jazz, la música de concierto. El tres ha caminado mucho. Donde exista un tresero que toque bien se puede incorporar a cualquier música y por su sonido tan aplatanado es que cuando llega un tresero es como poner en el escenario una bandera cubana, le da una autenticidad muy grande a lo que está pasando.

La sonoridad del tres marca un color, un perfume a floresta criolla, a cuidad, porque ese instrumento no solo transmite ambiente bucólico, sino el citadino, como sucede con los sones de Arsenio.

¿Los cien años del “Ciego Maravilloso” lo han puesto donde merecía?

A nosotros en Cuba nos ha separado de él la distancia, porque la mitad de su vida vivió en otro país y murió en EE.UU. en 1970. Ha habido desde entonces cuatro décadas de separación y de silencio. Por eso me hace muy feliz que a cien años estemos ofreciéndole el lugar que ocupa en la música cubana.

Es importante aclarar que no estamos rescatando una figura, porque él está aquí desde siempre. Arsenio está vivo entre nosotros con su obra. Lo único que nos falta es darle el crédito, decir que aquel señor que cumpliría cien años es el autor de una parte de la música que llevan los cubanos en sus genes.

Hay mucho que hacer para rescatar lo grande de los músicos cubanos y lo que se pueda lograr por ameritarlos, va a ayudar a nuestra cultura. El mirar hacia atrás y apreciar la estatura de toda esa gente es importante sobre todo para las nuevas generaciones, que no conocen lo que fue el ayer, y pueden así sentir más ilusión por hallar su cubanía.

Agradezco a todos los que se han tomado el trabajo de divulgar a Arsenio en el país, porque honrándolo nos honramos los cubanos. Estamos reconociendo a un hombre que, no obstante vivir los últimos 30 años fuera, siempre estuvo aferrado a su música, a su tres, lo que quiere decir que murió aferrado a su bandera. Todo lo que se pueda hacer por traer a su patria lo que él no pudo, resulta admirable.

 
 
 
 


galerÍa de imágenes

Arsenio Rodríguez
(1911–1970)

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.