La Habana. Año X.
3 al 9 de SEPTIEMBRE de 2011

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Legna Rodríguez, ganadora del premio Iberoamericano
de cuento Julio Cortázar
Escribo como me gusta leer 
Helen H. Hormilla • La Habana
Para quienes persiguen las nuevas voces de la literatura cubana contemporánea, la mención de Legna Rodríguez Iglesias no será un descubrimiento. Se trata de una de las jóvenes autoras de obra más prometedora si atendemos a los lauros obtenidos y al hecho de que con 26 años ya suma ocho libros, además de estar presente en varias antologías.  

Cuando uno la conoce, advierte de inmediato la razón de su temprano éxito. Se trata de una de esas personas para las que las palabras no brotan nunca mejor que frente a la página. Discreta, observadora, casi tímida, va revelando poco a poco sus pasiones, totalmente relativas a la literatura. 

No puede ser de otro modo si desde que tiene uso de razón ha estado rodeada de libros. Ni siquiera recuerda cuándo comenzó a escribir. Parece que “desde siempre”, asegura, si bien no deja de reconocer que la publicación temprana puede ser un peligro por la falta de madurez. 

Es graduada de teatro en la Escuela de Instructores de Arte en su natal Camagüey, pero nunca ejerció la profesión pues prefirió dedicar todo su tiempo a escribir. Tiene obras de poesía y narrativa, entre ellas una novela dedicada al público infantil. Querida lluvia, 2002; Arroz con mango, 2002; Zapatos para no volver, 2004; Instalando me, 2005; El mundo de Laura, 2007; Ciudad de pobres corazones, 2008; Los Mágicos, 2008; y Ne me quitte pas, 2009, ganador del concurso Calendario otorgado por la AHS en la categoría de cuento, son hasta ahora sus títulos publicados. 

Esta semana la camagüeyana ha vuelto a ser noticia, luego de convertirse en la ganadora del Premio Iberoamericano de cuento Julio Cortázar. El jurado —integrado por el narrador cubano Reynaldo González, el crítico y editor Ariel Camejo y el escritor argentino Mario Goloboff— seleccionó su relato “Hasta Feldafing no paro” entre más de 300 propuestas, por “la originalidad de su discurso narrativo y la destreza para construir un relato que recrea de forma peculiar, atmósferas y personajes contemporáneos”.  

Se trata de uno de los escritores favoritos de Legna, por eso se sintió como un cronopio asustado cuando se enteró del premio. “Es demasiado fuerte alcanzar un reconocimiento así, tan grande, y con ese nombre. Siempre he sentido por Cortázar una admiración tremenda, tal vez demasiada”. 

Eres también la narradora más joven que se lleva el lauro. ¿Crees que este tipo de certámenes estén abriendo posibilidades a los nuevos escritores? 

No estoy segura, pero debe ser así. Ojalá se mantuviera como algo sostenido la presencia juvenil, que no tiene siempre que ver con la edad. Aunque uno tenga 80 años puede escribir contemporáneamente. 

¿Así lo haces tú? 

Sí, claro. Prefiero no escribir que escribir como un viejo; pero no en el sentido de los años vividos, sino por lo caduco, por lo pacato. Me parece que hay que escribir como todos los escritores trascendentes: escribir como es tu tiempo, o más allá. 

¿Cuáles son entonces los temas que te preocupan? 

Son temas sociales sobre todo, y humanos. Mis protagonistas siempre son las personas. Escribo también literatura infantil y nunca el protagonista es un pato. Lo que más preocupa es el ser humano, la sociedad, su hábitat. 

No son pocos los jóvenes que se inclinan por este género.  

Muchos escritores escriben para niños porque se ha vuelto medio moda. Pero bueno, ahí está el tiempo para decidir, sin perder de vista que las artes también se hacen de modas.  

Tal vez debemos refrescar la literatura para niños. Los niños tienen mayor fantasía e imaginación que cualquier editor. Acabo de impartir un taller para ellos en la Habana Vieja y en los juegos de creación colectiva me di cuenta de que nunca salía una flor, ni una amapola con ojos.  

Hay un gran atraso en ese sentido. Yo he sido censurada, no a gran escala, pero sí con opiniones, debido al criterio de que “algo” no es para niños. Luego se lo he leído a ellos y se divierten, lo comprenden todo. No sé qué es lo que entienden algunos por literatura infantil, pero entre esas personas retrógradas están los jurados y editores, que continúan publicando libros para niños sobre los patos.  

Tal vez por ese interés de transformar el canon, en los últimos años se advierte una tendencia a tratar problemas sociales en la literatura infantil, como la violencia. 

Porque entre ellos también hay agresividad. Existe una violencia total en el mundo, y si la sociedad es de una manera, así son los niños. Ellos cantan y bailan reguetón, un tipo de música cargada de violencia, sobre todo simbólica. A ese niño no le puedes hacer un cuento sobre los paticos, porque su realidad es otra. Tienes que escribir algo que sea creíble para él y que contradiga lo que le enseña el reguetón. No puede ser fácil. Hay que trabajar, ser muy imaginativo; pero uno es el artista y tiene que crear. 

Hay en tu generación una tendencia a desmarcarse de la impronta realista que ha caracterizado a la literatura cubana  contemporánea, sobre todo en los 90. Según dijiste una vez, lo único que no le puede faltar a tus cuentos es realidad. ¿Cómo dialogas con eso? 

Igual que Cortázar. Él era un hombre que escribía desde lo fantástico sobre la realidad, o con la realidad. Cuando en la premiación el argentino Mario Goloboff se refería a esto, yo me sentía aún más asustada, porque el cuento premiado era justamente un cuento fantástico lleno de realidad, o una realidad llena de luces, de cosas que no son reales. Al escribir intento una completa mezcla de realidad y fantasía. 

¿El cuento ganador forma parte de un cuaderno? 

Sí. Es un libro que debo terminar pronto. Tiene relatos muy distintos, pero cada uno es un homenaje a alguien importante de la literatura, escritores especiales. El cuento “Hasta Feldafing no paro” está dedicado a Julio Cortázar, el más grande de todos. Narra la historia de una mujer que necesita encontrarse con sus amigos en Feldafing, Alemania. Un día ellos comienzan a reclamarla y a llamarla por todos los teléfonos públicos de la ciudad. Ella explota de alegría, pero sin sus gavetas no se va, y sus gavetas están llenas de mazos de berro. En la aduana le ponen resistencia. Al final lo logra, pero cuando llega a su destino puede suceder algo inesperado.  

Tiendes a dedicar obras a tus amigos, o a referirte a tus amigos cuando escribes. 

Es que los amigos son muy especiales. Son todo a lo que uno se aprehende en la vida, porque la familia es también tu amigo, y lo que lees, y la música que escuchas, y las personas que eliges. En fin, la vida está llena de amigos, algunos especiales y otros a los que conviertes tú en especiales. Es como los niños cuando imaginan un perro y le dicen vamos, y no existe. Los amigos pueden también no existir.  

Empezaste a publicar bastante joven y eso puede ser ventaja o riesgo. 

Fue una gran suerte poder publicar rápido, pero hubiera preferido dejar inéditos los dos primeros libros. Yo era muy joven e inmadura y, por tanto, esos libros son así. No obstante, creo que fue bueno encontrar en Camagüey a personas interesadas en mis poemas, sobre todo Jesús David Curbelo. Escuché rumores de que a él le encantaba el primero, “Querida lluvia”, que obtuvo mención en un concurso. Fue él mismo quien luego editó ambos textos.  

Desde entonces se aprecia un crecimiento en tu trabajo. 

Sí, una evolución total, pero que, al mismo tiempo, está todavía a medias o a tres cuartos o en cero, de lo que podrá llegar a ser. Una persona de 14 años no puede escribir como una de 25, y eso se nota.  

Los problemas de la adolescencia ocupan varios de tus textos. ¿Ha cambiado eso con la madurez? 

Tal vez sí, pero tal vez no. Como te dije, una persona de 50 años es adolescente. Uno siempre adolece de miles de cosas, sobre todo materiales. Hay lagunas de afecto, de información. Mis personajes seguirán adoleciendo de todo eso. Siempre serán héroes imperfectos. Y tienen que ser jóvenes, para que sean verdaderos y vivos. Si es un muerto, que esté vivo.  

¿Cuándo comenzaste a escribir? 

He escrito desde siempre, desde que era niña. Primero quería ser actriz, pero todo me daba pena. Si me asusto con un premio y una entrevista imagina con un público. Por eso escribir fue la salida, lo más agradable para expresarme. No tengo antecedentes literarios en mi familia, pero siempre recuerdo estar rodeada de libros, sabérmelos de memoria. Mi mamá, mi papá, mis tíos, mi familia entera me compraba libros y esa fue la motivación más importante para escribir, leer. Si no leo no puedo escribir. 

¿Cuáles son los pros y contras de los premios? 

Casi todos los jóvenes escritores necesitan sentirse motivados y un premio es una motivación tanto material como profesional. Puedes llegar a creer que de verdad estás escribiendo bien, aunque no deberías hacerlo. Los premios son algo subjetivo, llenos de gamas y contrastes. Son un problema y a la vez un placer. En Cuba te dan la posibilidad de publicar, lo mismo en una revista que en un libro, y eso es lo más importante. Son casi el único modo de llegar a ver tu obra impresa. Claro, hay que tener en cuenta a los jurados, los movimientos literarios y otros miles de aspectos que determinan a quién se elige. Si no estás en ese círculo van pasando las vueltas y no alcanzas nada.  

¿Qué puntos de contacto encuentras entre tu obra y la de otros escritores de tu generación? 

La mayor emoción, vergüenza y sorpresa al obtener el premio Julio Cortázar estuvo motivada por la cantidad de buenos escritores jóvenes que hay ahora mismo en Cuba. En La Habana  he conocido autores sorprendentes como Raúl Flores, Anisley Negrín, Orlando Luis Pardo, Ahmel Echevarría, Jorge Enrique Lage, entre otros. En cuanto a las preocupaciones comunes, se trata de una pregunta analítica, y no me he detenido a repasar el trabajo de cada uno. Los leo con placer. No sé si sus intereses son los mismos que los míos. Los escritores, en sentido general, siempre tenemos algo que nos une, algún tema o manera de escribir; pero en este caso no estoy segura de cuáles.  

Igual existe una gran cantidad de narradoras jóvenes. ¿Implica en algo tu género al concebir los textos? 

Nunca he tomado la literatura desde el punto de vista de la mujer. La mujer está defendida. Me parece que no hay que defenderla como tampoco al hombre. El hombre también está defendido. Yo escribo lo que veo en mí y, sobre todo, lo que veo en los demás, lo que veo en la calle. Pero no desde mujer, sino desde persona. Mis personajes son femeninos porque soy yo. Si hubiera sido hombre hubiera escrito así, pero de otra manera.  

¿Tienes alguna preocupación especial por la forma?  

En los cursos de técnicas narrativas siempre hay un problema, pues algunos dicen que es más importante el contenido y otros que la forma. Evidentemente, los dos son importantes, pero creo que la forma es lo que puede embellecer el contenido. Para mí la forma es fundamental, y el lenguaje, desde el momento en que es literatura, se convierte en hermoso.  

Tus textos se leen cómodos, sin rebuscamientos. 

En la comodidad también hay hermosura. El lenguaje es algo mágico, no puede ser feo. Escribo como me gusta leer.  

¿Y en la poesía? Uno de tus críticos te llamó poeta lírica.  

No, creo que no soy lírica. Estoy en contra de todo lo que se imposta. Hay una gran pose en la poesía cubana actual, de belleza forzada que, por supuesto, no es belleza. El instrumento más fácil para esa poesía falsa es el lirismo. Por eso trato de no ser fácil, porque no puedo escribir poesía pensándola totalmente. La pienso, sí, pero trato más de sentirla. Si algo intento es ser sincera.  

¿Qué lugar ocupa en tus intereses como autora esta zona de la creación? 

Todos los lugares. La poesía es principal para mí. Mis cuentos son poemas, y mis poemas son historias. Pero prefiero la poesía, y leer novelas.  

¿Has escrito alguna para adultos? 

Sí, pero no sé si soy totalmente adulta ya. No sé si la novela sirva. La narrativa para mí es muy complicada. Escribir un texto largo, que aúne personajes y conflictos, esté bien escrito, etc., es difícil. Para mí un cuento puede tener dos palabras, pero ese no es el canon.  

¿Cuáles son tus proyectos inmediatos? 

Todos literarios. Estoy terminando este libro de cuentos y empecé uno de poesía. Me imagino que estaré escribiéndolos. No tienen nada que ver uno con el otro, pero aspiro a que al final se conecten. 

¿Guardan tus textos esa continuidad de la que hablan los críticos? 

Sí. Mis obras se continúan. Aunque cambien de tema o de forma, si es que cambian, tienen una relación.
 
 
 
 

 

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