La Habana. Año X.
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2 de SEPTIEMBRE de 2011

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Presentación de la revista Tablas, número 3, julio/septiembre, 2010
Un número de y por mujeres… minuciosamente bordado
Maité Hernández Lorenzo • La Habana
Fotos: Jorge Luis Baños


Este número, como se anuncia en su portada, corresponde al trimestre julio/septiembre de 2010. Sin embargo, ese exacto año por medio, lejos de distanciarlo, al menos para mí, traza una línea en paralelo, invisible, que filosamente va dejando en ese corte sentidos útiles para diseccionar una zona de la escena cubana de ahora mismo, de este verano y no de aquel.   

Por esa razón, no es gratuito que al leerlo para esta presentación, la liga estalle entre sus contenidos y lo que retengo de Cubalandia, de El Ciervo Encantado, un espectáculo que, sin duda, completaría el trazado del número, aunque su actriz, Mariela Brito, aparezca, en una lúcida y fluida conversación entre maestra y discípula me abstengo de calificarla como entrevista en sus páginas. Sin pies forzados ni fundamentalismo, no puedo evitar, no obstante, “cortar y pegar” entre sus páginas, la cruda, desgarradora y patética imagen cuando La China, ya el maquillaje corrido y desfigurado de tanto sudor y “lucha”, dice “las mujeres son las que van a echar pá lante este país”, haciendo alusión a los múltiples rostros que nos devuelve la cara del cuentapropismo oficial y alternativo, en definitiva, los rostros de la supervivencia de todos. 

El rigor de las presentaciones impone que vaya describiendo, enlazando un segmento a otro, orientando, sugiriendo y también silenciando. Sin embargo, en este número, aun sin proponérselo, el equipo aprovecho y digo que en su inmensa mayoría, mujeres ha tenido, con esta entrega, un parto natural, apenas doloroso y sin costuras. Ello resulta de su lectura fluida, constante, en el que un tema deriva en otro, y el segundo vuelve la mirada hacia el primero y dale y dale.

Minuciosamente bordado, cumpliendo una estructura modular, se transita de un estado de cierta placidez, en el que se verifican y reconocen las disímiles trayectorias de actrices fundacionales de la tradición teatral de Cuba, a una estancia de estallidos e intensas reflexiones con los textos de Karina Pino sobre las escrituras, resonancias y centelleos de la palabra, en este caso, poética, política, generacional, teatral, una “palabra caliente” para decirlo en términos de programación, en Charlotte Corday, de Nara Mansur; de Alessandra Santiesteban con su Outsiders, pieza que dialoga, contrapuntea y completa, a su vez, el discurso, predominantemente subterráneo que la revista sostiene desde principio a fin, y que la introducción del académico José A. Alegría enfatiza cuando ubica al logos en el centro de la más reciente dramaturgia; la presentación del volumen Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro, de Mansur, por Rogelio Orizondo, en el cual el autor, descendiente de la fuerza dramática y poética de la Mansur, también pone al descubierto, en ese humilde acto de presentar a otro, su más descarnada y auténtica literatura, esa en la que la palabra crea otros universos; o los apuntes críticos de Abel González Melo que alumbran, con un ojo crítico que el escritor no ha escindido de su pulso ficcional, La visita de la vieja dama, de Teatro Buendía, y, a partir de él, se asoma, desde una perspectiva montada sobre el mismo sentido de este número, a las “heroínas” del imprescindible grupo cubano.

Pero esa visión “externa” se complementa y enriquece con el testimonio de Flora Lauten y Raquel Carrió en la entrevista realizada por Mercy Ruiz y Vilma Campos dos Santos. Dos experiencias distintas de vida y de formación que se truecan en la creación pedagógica, ética y teatral que es Teatro Buendía desde hace más de un cuarto de siglo.

A su vez, Omar Valiño recupera las más recientes “esquinas” de Teatro D’Dos, que durante 20 años ha reescrito y refundado su trayectoria como lo ha hecho la propia nación durante igual período para redondear el círculo de vida, dos décadas después, y derivar a su germen más originario: el trabajo de pequeño formato, los actores como ejes que marcan la dicotomía que le da nombre al colectivo. La diminuta Sala Estudio que el empecinamiento de Julio César, Deisy, Jacquelín, El Chino, Enmanuel, Alfredo, Linnete, Dago y el propio Valiño han vuelto un espacio vivo y actuante en el circuito habanero, no solo con presentaciones teatrales, sino también con el ciclo Intersecciones y otros encuentros; le ha insuflado al grupo los bordes, también literalmente físicos, para indagar más hacia lo íntimo y apretado, en tanto trabajo del actor, premisa básica d D`Dos, y síntesis y zumo de los espectáculos, en este caso, desde las versiones dramatúrgicas de los textos originales, operación teatral y política que ha sido también una búsqueda de sentido y un anclaje en el presente. 

He querido concluir con el inicio de la revista. Esa placentera y utilísima primera estación que nos recibe y que es el resultado de una selección de ponencias presentadas en el ciclo Grandes actrices de la nueva escena cubana, en el Taller de Investigación Rine Leal 2010, organizado por el Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas en la primavera del pasado año.

Liderado por Esther Suárez Durán y con la colaboración de Eberto García Abreu, a mis ojos, lo más significativo de estos apuntes, además del gran valor patrimonial que reúnen sus páginas, ha sido la convocatoria dirigida a los jóvenes a hurgar en esta imprescindible zona del teatro nacional. Lo más apreciable de esa presencia, es que han sido justamente los jóvenes los que se han acercado a estas grandes actrices, desde una visión creadora y estimulante como lo han hecho desde la primera página Orizondo y Alessandra con la vida y obra de Rosa Felipe. En los créditos aparecen muchachos que aún cursan los primeros años del ISA y para quienes esta práctica, esencial e iniciática,  es un salvoconducto para penetrar en uno de los parajes menos visitados de la “selva oscura”. Esa “reconstrucción” de las vidas teatrales de casi una veintena de actrices, no es solo la recuperación, legítima y merecida, de esas trayectorias en el contexto actual, sino que es también la puesta en valor del trabajo de esas mujeres en su circunstancia y época: los desafíos de género en su profesión, la visibilidad de su labor, la ética en la práctica de su oficio y el compromiso, en todos los casos, con un teatro que escapara de sus estrechos márgenes y se desbordara hacia otros derroteros. En algunos casos, como el de Roberto Gacio, quien no se apresura a dejar en un volumen, que con seguridad durará minutos en nuestras librerías, la densa madeja de esa vida que no soslaya, tampoco, lo anecdótico o el sabor agridulce que rodea esa historia rumoreada de nosotros mismos. O el valioso acercamiento de una actriz como Nora Hamze, formada bajo el calor, literal y simbólico, del Cabildo Teatral Santiago y lejana en sus primeros años, como ella misma apunta, de “la meca del teatro cubano”, hace de la paradigmática Liliam Llerena.


El hermoso encarte remata, con el texto de Suárez Durán
resultado también de su constante investigación y divulgación de estos temas y con las imágenes de actrices, comentadas o no en las páginas precedentes, esa ruta difícil y nada complaciente de las mujeres en la escena cubana. En ella se reconoce también, como he dicho más arriba, no solo ese instante en que su presencia “es” la presencia, sino el recorrido por hitos del teatro nacional donde las sucesivas “heroínas” trágicas, cómicas, dramáticas nos devuelven los múltiples rostros que se han ido acumulando hasta el presente y que, cerrando ya de golpe las páginas de este número, identifico en Linnete o en María en la portada, sumergida, aplastada, machacada aún bajo el peso de la tabla de planchar, por la plancha rota, por el traqueteo de Radio Reloj describiendo las calamidades del día, por las cosas a medio hacer, desafiando y luchando con la mirada empinada.
 

24 de agosto, 2011. CNAE

 
 
 
 
   
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.