La Habana. Año X.
23 al 29 de JULIO de 2011

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Honores a Martí y otros mártires
Fernando Ortiz

Sr. Dr. Manuel A. de Varona.

Primer Ministro y Presidente de la Comisión Pro-Monumento a Martí.

Señor:

Aún cuando ya habrá usted recibido la oportuna comunicación oficial, me permito dirigirle estos párrafos en relación con el acuerdo que en sesión celebrada el día nueve del corriente mes tomó la Junta de Patronos de la Biblioteca Nacional, a favor de que el palacio que se construirá en los terrenos adquiridos precisamente para esa superior institución instrumental de la cultura cubana se titule Biblioteca Nacional Martí, como perenne dedicación a la gloria del Apóstol.

Sin duda, aparte del homenaje que en todo momento debe serle rendido por los cubanos a Martí, mediante el puro y efectivo seguimiento de sus ideales, esa dedicación es el más digno e insuperable, vivo y fecundo homenaje, el que más agradecería el espíritu de Martí, de los que la República de Cuba puede ofrendarle a su creador en ocasión de su muy próximo centenario para el cual se está apresurando la realización del proyecto de un gran monumento escultórico en la plaza que también deberá llevar su nombre, donde se habrá de edificar el palacio de ornamental arquitectura que será dicha Biblioteca Nacional Martí y cuya obra podrá comenzarse por dicho Patronato inmediatamente que se coordinen con urgencia las exigencias técnicas de su arquitectura, con los planes de urbanización y las condiciones topográficas de dichos terrenos. En ese conjunto de obras artísticas con que el pueblo cubano honrará a su epónimo, la biblioteca será un homenaje funcional, como lámpara votiva que iluminará perennemente la memoria de aquel cubano cuya vida fue toda ella ardiente llamarada de fuego patrio y luz de pensamiento universal.

No parece que pueda presentarse otro nombre que supere en méritos, simbolismo y conveniencias nacionales al de Martí para la Biblioteca de la nación, con lo cual aquél habrá de adquirir una máxima resonancia internacional. Esta denominación tiene, además, la importancia práctica de evitar la tentadora posibilidad de que algún día, en el trascurso de los años, una ofuscación política ocasional pudiera imponerle a la Biblioteca Nacional un nombre de significación menos gloriosa que el de Martí, o que pudiera ser discutible y hasta impugnado por una parte del pueblo cubano. El nombre de Martí será, sin duda, unánimemente acatado e irrevocable en todo momento.

El peligro de una denominación impropia e imprevista, movida por una opinión política improvisada o circunstancial, no es de ignorarse, pues no faltan en Cuba ejemplos de esas lamentables incongruencias entre lo que debe significar la dedicación de monumentos y edificios públicos y los méritos de las personas cuya denominación se les puso; las cuales, aun cuando fueran muy respetables en lo privado o en cierto radio de su vida oficial, no parece que en lo público deban ocupar los lugares de honor que en los parques, las calles, los pedestales y los frontispicios de los edificios institucionales deben ser destinados primordialmente a reverenciar los cubanos mártires, patriotas o luminarios de la cultura patria de más unánime acatamiento y venerada memoria. Sobre todo, cuando tantos mártires y patricios de nuestra historia y algunos amigos de Cuba (por ejemplo Las Casas, Humboldt y Garibaldi) esperan todavía un testimonio nacional de su glorioso recuerdo para satisfacción popular. No son escasos los ejemplos que pueden citarse de la ligereza con que a veces hemos pecado en Cuba en ese defecto de las conmemoraciones precipitadas, más grave aún si tenemos presente las justas conmemoraciones que han sido tardías y las que todavía no han llegado. Recordemos solamente que en Cuba hace años se dio el caso inaudito de un presidente que el mismo día en que cesó su cargo, él inauguró personalmente su propia estatua, en esta capital de la República, que aún no cuenta con monumentos dedicados a Narciso López, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, ni otras figuras culminantes de nuestra historia que murieron por Cuba y merecieron y conservan el cariño de su pueblo.

(…)


Rogándole se sirva perdonarme estos párrafos que le dirijo como Primer Ministro y Presidente de la Comisión Pro-Monumento a Martí, deseoso de ser útil, me complazco en expresarle a usted, Dr. Manuel A. de Varona, mi alta consideración y estima personal.

Muy atentamente de usted

Fernando Ortiz

 

Fragmentos de la Carta abierta al Primer Ministro. Publicada en Bohemia, La Habana, año 41, No. 25,19 de junio de 1949, pp. 59 y 82.

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.