La Habana. Año X.
4 al 10 de JUNIO de 2011

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Notas sobre el libro del futuro
Lillian Álvarez • La Habana
Ilustraciones: Nelson Ponce, Edel

El Segundo Foro Mundial de la Unesco sobre Cultura e Industrial Cultural se celebrará entre el 6 y el 8 de junio de 2011, en Monza, Italia, y en él, según sus convocantes,  tendrán lugar  debates, talleres y charlas  en los que participarán alrededor de  200 especialistas de 37 países de todo el mundo. El tema: El libro mañana. El futuro de la palabra escrita.


Según Wikipedia “un libro (del latín liber, libri, 'membrana' o 'corteza de árbol') es una obra impresa, manuscrita o pintada en una serie de hojas de papel, pergamino, vitela u otro material, unidas por un lado (es decir, encuadernadas) y protegidas con tapas, también llamadas cubiertas”.


Hoy día, no obstante, esta
definición no queda circunscrita al mundo impreso y se utiliza  para denominar tanto una obra individual en formato digital como el dispositivo electrónico utilizado para leer libros en formato digital (libros electrónicos o e-book) Además, según la propia enciclopedia libre, existe el audiolibro. 

Partiendo de  este concepto, podemos darnos cuenta de que el Foro convocado tendrá temas muy diversos, aunque muy relacionados: cultura, industria cultural, libro y palabra escrita.  

Con estas notas, no pretendo arribar a ningún tipo de conclusión definitiva. Solo voy a referirme a lo que creo esencial en este tema: el encuentro de una obra literaria con sus lectores en los posibles escenarios que han ido  diseñando para un futuro próximo el desarrollo tecnológico, los modelos comerciales y las novedades legislativas.  

En la actualidad este encuentro obra-lector puede realizarse por la compra del ejemplar del libro ―nuevo― en una librería, o su compra a un vendedor de libros de uso, o  su consulta o préstamo en una biblioteca, o por el préstamo también o regalo de un ejemplar por parte de un amigo, o por fotocopia, escaneado,  copia digital, lectura en línea,  impresión, descarga, y otros métodos favorecidos por el desarrollo tecnológico y las redes de comunicación. Por tanto, comparándonos con los viejos tiempos en que la tenencia de una copia pasaba por las manos de un dedicado monje benedictino, o incluso, de la imprenta de Gutenberg, se han ampliado  los modos o vías de acceso de un lector a un libro.

Sector editorial tradicional 

En las últimas décadas el sector  editorial tradicional ha sufrido  un proceso de concentración que no sólo abarca la absorción de las pequeñas empresas por los grandes grupos editoriales; también la participación de estos en toda una amplia esfera de negocios vinculados a la información, la comunicación, la publicidad y el entretenimiento.  

Esta concentración a nivel horizontal y vertical, conlleva a que  unas pocas "majors" controlen parte importante de la producción, la distribución y la comercialización del libro. Criterios de rentabilidad y lucro han pasado a ser decisivos y excluyentes. La homogeneización ha sido un elemento clave en la obtención de mayores ganancias. Un millón de ejemplares vendidos por un sólo autor, genera una ganancia por unidad muchísimo mayor que un millón de ejemplares pero de mil autores diferentes, con una tirada de mil libros cada uno. Bajo esta lógica reciben mayor  promoción los autores que más venden (los más rentables) en detrimento de los desconocidos, que obviamente, son los que más lo necesitan. Esta dinámica económica que, sin dudas, enriquece a la industria, ha afectado la diversidad de la oferta cultural, modelado los hábitos de lectura y colocado a la gran masa de creadores en una situación desventajosa. 

 

El sistema vigente de derechos de autor, basado en el monopolio de  los derechos exclusivos sobre las obras (que de una u otra manera funciona con mucha similitud en gran parte del mundo), sostiene toda esta dinámica económica. Este orden legal permite que una editorial, agente o empresario adquiera mediante contrato los derechos de explotación que posee el autor sobre su obra y se convierta en titular de estos derechos. Los  contratos, que  debieran basarse en una supuesta igualdad jurídica, son verdaderas muestras de inequidad y muy pocas veces son beneficiosos para el autor. Los titulares asumen estos derechos y los ejercen a su antojo, pues, amén de derechos hipotéticos, los creadores tienen muy poco poder de negociación ante contrapartes económicamente tan poderosas. A excepción de los contratos con las grandes estrellas de venta segura en los que se pagan  anticipos millonarios (figuras públicas, actores famosos, autores de best-sellers, etc.), lo que predomina son los contratos leoninos, sin grandes obligaciones  para el empresario  y un cúmulo de obligaciones que cumplir y riesgos que correr para el autor. Se le llega, incluso, a encargar a un narrador la creación de una novela por año, con la exigencia de atenerse a un número determinado de páginas. Autores de gran talento, entrampados por el mercado, van haciendo concesiones y cayendo en la “fabricación” de obras de calidad cada vez peor.   

Las nuevas tecnologías y el sector editorial

Pero desde hace ya algunos años se están produciendo cambios motivados por el uso de las nuevas tecnologías que están  modificando la relación de los individuos -creadores y usuarios- con la cultura. Si antes era imprescindible para que una obra llegara al lector, la participación de diferentes intermediarios (léase agente, editor, distribuidor, etc.) hoy, con la existencia de Internet, aparecen formas en las que se puede, en muchos casos, prescindir de los mismos. Hay un amplio espectro de herramientas para generar, distribuir, difundir y acceder  a los contenidos sin su participación, y esta realidad pone en crisis modelos comerciales y hegemonías. Los autores comienzan a  darse cuenta que, sin la participación de estos entes,  sus  márgenes de ganancia pueden potenciarse y las redes sociales emergen como fabulosos motores de promoción para los nuevos libros, ya sea en el formato físico o en el formato digital.

El  Informe Especial del Observatorio Iberoamericano de Derecho de Autor: Editores a la búsqueda de nuevos modelos de negocio, nos refiere:

“El modelo de negocio de la industria editorial ha venido cambiando, siguiendo los pasos de la música y el audiovisual. La digitalización de contenidos editoriales y de los soportes de lectura, junto con la masificación del Internet, vienen provocando transformaciones en la cadena editorial. Cada vez es menos usual la producción realizada por cuenta y riesgo de las casas editoras, negociada con el autor por un pago de derechos, definida con un tiraje inicial de acuerdo con una demanda estimada y con unos costos de producción, y comercializada a través de distribuidores tradicionales.

Los cambios son numerosos. También los retos. Como consecuencia de la masificación del uso del Internet el número de autores, existentes y potenciales, ha aumentado. En un ambiente virtual y descentralizado se crean nuevas formas de expresión, de generación de contenidos y de producción intelectual en tiempo real. Internet ha posibilitado una mayor cercanía entre lectores y autores. Muchos de los más reconocidos, por ejemplo, crean canales directos de comunicación con sus lectores y consumidores sin necesidad de que una casa editora intermedie entre ellos. El caso de la impresión por demanda es otra muestra de los cambios generados por nuevas tecnologías. En este caso el ejemplar de un libro no se imprime hasta tener una orden de compra, lo que es muy atractivo para las pequeñas casas editoras. Sin embargo, todavía hay gran incertidumbre entre los agentes del sector sobre lo que está pasando: ¿cuáles son los modelos de negocio exitosos en el nuevo contexto digital?, ¿qué segmentos de la edición están mejor posicionados para llevarlos a cabo?” 1

Aunque compartamos las incertidumbres, se nos van aclarando algunos aspectos. Libros y lectores se acercan.

En una encuesta realizada en 2008, en Argentina, a 56 autores contemporáneos2 se les  preguntaba si vivían de la literatura y qué  lugar ocupaba la creación literaria  en su modo de ganarse la vida. Aunque esto no constituya una muestra o investigación científicamente avalada, sus respuestas nos permiten acercarnos a la idea que intuitivamente yacía como sustrato de nuestras lecturas y experiencias. Son muy pocos los creadores que viven exclusivamente de sus derechos de autor, como sí ocurre con los inversores de estos sectores, defensores irrestrictos del sistema legal vigente y cuyos desproporcionados márgenes de ganancias han comenzado a peligrar con las transformaciones enunciadas.

Sin dudas, asistimos, al decir de Lessig, “a la transición más o menos convulsa entre un modo de producción que genera riqueza controlando y restringiendo el acceso a los contenidos,  y a otro modo en el que la disociación entre soportes y obras es total, y su manera de generarlas, difundirlas y usarlas es radicalmente distinta”. 3

Pero el modo de producción que va quedando atrás intenta conservar a toda costa la “escasez” artificial de sus productos. Tal y como ocurre en sectores de los llamados productos intangibles como en la industria del software y la farmacéutica, el carácter único de cada obra y  la posesión exclusiva de los derechos sobre la misma le permitían al titular la  fijación arbitraria del precio de la obra, y conservar, además, las “llaves del acceso”.

La irrupción del formato digital en la esfera editorial, hace posible la reproductibilidad de la obra a un costo real cada vez más cercano a cero, algo similar a lo sucedido en la música o el audiovisual. De esta manera,  se pone fin a  la “escasez” que permitía al titular el control de la obra y su movimiento en el  mercado. De repente, un texto debidamente editado puede ser enviado en segundos a cualquier parte del mundo y de esta manera  difundirse, multiplicarse, imprimirse, o ponerse a disposición de  millones de  usuarios, incluso, simultáneamente. Nace el “consumo” no excluyente de la obra, al poder disfrutarse de la misma con independencia del soporte físico papel que hasta ahora la había contenido exclusivamente.  Estas transformaciones  producen cambios irreversibles en "la cadena de valor “del libro que sacude los cimientos de la industria.

Ante esta realidad, quienes hasta el momento han vivido de la venta de las copias se plantean: ¿Cómo recuperar el valor de la copia, cuando ésta hoy, no vale nada? Para ello, promueven legislaciones más restrictivas, tratan de implantar nuevos conceptos de pago, mayor duración de los derechos, asumen tecnologías de protección de las obras (conocidos como sistemas de restricciones digitales o DRM, aún en muchos casos contrarias a la ley), promueven la criminalización de las copias y su castigo con penas muy severas, e intentan, a la vez,  vincularse a nuevos modelos de negocios que, monitoreando el uso de los dispositivos electrónicos, garanticen mantener sus niveles de ganancias  (lo que hace en la práctica que aún los precios de los libros digitales no impliquen rebajas significativas respecto a los libros en soporte físico). Otros se adaptan con mayor o menor flexibilidad a este nuevo entorno utilizando opciones que, sin excluir los modelos comerciales, colocan al creador en una posición más libre y justa para decidir sobre sus obras, permitiendo a su vez a los usuarios un mayor y más amplio acceso.

Con respecto a los usuarios, el panorama tampoco es  homogéneo. La irrupción de dispositivos digitales de lectura, no es asimilada por todos de la misma manera. Si bien es cierto que facilita el almacenamiento y traslado de apreciables volúmenes de información, y los nuevos modelos consumen poca energía y  favorecen la lectura sin el agotamiento de la vista que produce la pantalla del ordenador, hay quienes no pueden ni podrán elegir esta práctica, a causa de los precios de estos dispositivos. Más allá de cuán fácil o no sea la lectura, o de cuán  acostumbrados o preparados estemos para leer grandes volúmenes de texto en una pantalla o lámina de tinta electrónica, está todavía muy lejos el momento en el que  los libros electrónicos estén al alcance de todos.

La digitalización puede desempeñar un papel importante en la educación y la difusión del patrimonio cultural gracias a las inmensas  posibilidades que brinda. Sin embargo,  es una quimera pensar que esté en ello la solución para llevar a todos el conocimiento y la cultura en un futuro próximo. En un mundo 776 millones de adultos analfabetos y 75 millones de niños sin escolarizar4, en el que el acceso a Internet está al alcance de sólo un 30 % de la población mundial (de ellas, sólo un 10%  es de América Latina y el Caribe y un 5% de África)5 no es posible pensar en una “migración” al uso preferente de  formatos digitales. Sin dudas esta innovación hace más evidente la brecha existente entre las personas con y sin recursos.  Aquellos que no puedan disponer del equipamiento, los softwares, los contenidos y  los dispositivos de lectura, quedarían en una situación aún más desventajosa que antes.

Los “otros problemas” de la tecnología

Pero hay un asunto importantísimo a la hora de abordar las posibilidades de la lectura en formato digital: lo relacionado con los programas y dispositivos utilizados para la digitalización y lectura de los archivos. Desde hace ya varios años, el propio Lessig nos advertía, en El código y otras leyes del ciberespacio, cómo un nuevo entramado, no precisamente legal, se tejía a partir de los software privativos que podían impedir el uso de una obra ―más allá de quien tuviera o no los derechos sobre ella― por el simple hecho de la imposibilidad práctica o más bien, tecnológica, de abrir el archivo por incompatibilidades u obsolescencia.

Si bien es cierto que hoy podemos leer libros publicados hace cien años sin otro esfuerzo que el de hojear sus polvorientas páginas, es diferente el caso de, por ejemplo, un disco “floppy” o disco flexible de 5 y media pulgadas, o aún de 3 y media en el que podamos haber guardado textos o contenidos de interés hace apenas diez o quince años. La unidad de lectura de este tipo de disco está quedando obsoleta y actualmente muy pocas computadoras la incorporan por la aparición de nuevos dispositivos de almacenamiento más manejables y de más memoria física, como por ejemplo las memorias USB. Una memoria USB teóricamente puede retener los datos durante unos 20 años y escribirse hasta un millón de veces. ¿Pero qué sucederá cuando la industria decida modificar el conector USB o  crear softwares incompatibles con los programas utilizados para la digitalización de nuestra biblioteca personal?  Recordemos que la obsolescencia programada es una estrategia del capital para obligarnos a desechar y a comprar de nuevo, pero los riesgos, en este caso, suelen ser muy grandes.

La solución suele andar cerca del movimiento de software libre, hardware libre y el uso de estándares abiertos. Estos modelos implican el acceso libre a la información con respecto al software y al hardware, incluyendo la puesta a disposición del público de los códigos en el caso del software, y el lanzamiento de los diagramas esquemáticos, diseños, tamaños y otra información acerca del hardware lo cual permitiría a cualquiera con el conocimiento técnico necesario, en cualquier momento, enfrentar este tipo de riesgos. Un aspecto a tener en cuenta con absoluta prioridad.


Entre el libro y el lector: Las bibliotecas

Si hablamos  del futuro del libro, es necesario, indispensable, hablar de las bibliotecas. Y hasta allí han llegado las presiones de los lobbies de la industria para mutilar el acceso y tratar de lograr nuevas fuentes de ingresos. Ya en 1992 se produce el primer atentado contra las funciones básicas de las bibliotecas públicas al disponer una Directiva europea la necesidad de que los países miembros  legislasen sobre la obligación de  las bibliotecas y los centros de información y documentación públicos, (incluidos archivos,  hemerotecas,  fonotecas y todos aquellos puntos de servicio susceptibles de ofrecer documentos para su consulta o préstamo) de pagar  un canon por concepto de derechos de autor. Una amplia movilización en el sector que incluyó, a autores, bibliotecarios y público en general, se opuso a la medida argumentando las funciones de la biblioteca como garantía del acceso  al conocimiento, la información y las obras de la creación de todos los miembros de la comunidad por igual, sean cuales fueren su  raza, nacionalidad, edad, sexo, religión, idioma, discapacidad, condición económica y laboral  y nivel de instrucción.

Otro problema que han enfrentado las bibliotecas, es que se ha intentado que apliquen legislaciones aprobadas para el entorno analógico al entorno digital. Estas tentativas han tergiversado el sentido mismo de la protección, limitando las posibilidades que brinda el desarrollo tecnológico y su utilización en el ámbito bibliotecario para impedir accesos, exigir pagos, y restringir usos antes permitidos.

 

Igualmente sucede con las medidas tecnológicas anti-copias que, aplicadas por los titulares indiscriminadamente, impide que los lectores ejerzan los derechos que  les otorga la ley de copiar una obra para uso personal e incluso, afecta el trabajo de las bibliotecas ya que le imposibilita el préstamo al no poder copiarlo de un dispositivo a otro. Con esto, una medida que aparentemente sirve para “proteger” los derechos del autor, impide el legítimo derecho de un usuario de acceder a una obra.

 

También han pretendido algunas  sociedades de derechos reprográficos y representantes de la industria criminalizar las prácticas de los bibliotecarios, docentes e investigadores que necesitan copiar materiales bajo derecho de autor para cumplir con sus tareas y misiones esenciales de  brindar acceso a la información, promover la educación y dar cumplimiento al derecho de libre acceso a la cultura. En otros casos se ha intentado convertirlos en policías del copyright al exigirles la vigilancia de los derechos de los autores y editores, en detrimento de los derechos de los usuarios.

 

A las puertas del Foro

A apenas unas horas de inaugurarse el Segundo Foro Mundial de la UNESCO sobre Cultura e Industrial Cultural  albergamos la esperanza de un debate objetivo y en el que estén realmente representados todos los actores.

Los destinos del libro mañana y el futuro la palabra escrita no deben quedar en manos de  los directivos de la industria, ni de las asociaciones sectoriales o de profesionales vinculados a estos intereses, pues aunque traten de acomodarse a nuevas realidades tecnológicas, siempre tendrán en el lucro y no en los requerimientos de la  difusión y la diversidad cultural, su objetivo cimero.

Los innumerables problemas legales relacionados con la propiedad intelectual, que tanto preocupan hoy tendrán una solución, cuando deje de ser la propiedad en sí misma el motivo central de las discusiones, y  se priorice, como corresponde a una organización como la UNESCO, el fomento verdadero a la creación, la circulación y la preservación de la riqueza cultural de la humanidad ―teniendo en cuenta las diferencias  y particularidades de cada pueblo o nación y sus distintos niveles de desarrollo― y se tenga en cuenta el legítimo derecho de todos los seres humanos a participar de la vida cultural, tanto como creadores  como  receptores. La propiedad intelectual no es un fin en sí misma, y sus postulados sólo adquieren validez en la medida que se correspondan con estos objetivos supremos.

En días recientes vimos reunido al G-8, espacio en el  Sarkozy se dirigió a los líderes de las corporaciones de tecnología y entretenimiento como  “el futuro”  de Internet y como “los responsables de la revolución que ha producido.”  Sabia observación la del citado Lessig cuando declaró: “El futuro no es Facebook, Google o Murdoch, el futuro del Internet no está aquí, no fue invitado”.

Ojalá esté presente en los próximos días en el Segundo Foro Mundial de la UNESCO sobre Cultura e Industrial Cultural.


Notas:

1 - ODAI Reporta #32 - Mayo 2011. http://www.odai.org

2- http://www.elinterpretador.net/34EncuestaAEscritoresArgentinosContemporaneos.html  

3 - Leyes para un orden (editorial) nuevo
http://www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro/2007/06/06/67172

4 - Decenio de las Naciones Unidas de la Alfabetización, Marco de Acción Estratégico Internacional, septiembre 2009. http://unesdoc.unesco.org/images/0018/001840/184023s.pdf

5 - http://www.internetworldstats.com

 
 
 
 

 

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Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
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