La Habana. Año IX.
9 al 15 de ABRIL de 2011

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Para presentar La Gaceta de Cuba
Muestra valiosa de la cultura cubana
Eduardo Heras León • La Habana

Hace apenas unos días, cuando Norberto Codina y Arturo Arango solicitaron mi colaboración para presentar este nuevo número de La Gaceta de Cuba,  apenas hubo tiempo para la vacilación: tenía que pagar una deuda que surgió cuando en circunstancias similares de falta de tiempo, yo le había pedido lo mismo a Codina para presentar la revista El Cuentero. Así que no me quedó más remedio que acceder.

Tengo que decir que he sido siempre un fan absoluto de La Gaceta de Cuba, sobre todo desde la época en que Abel Prieto se desempeñó como presidente de la UNEAC: en aquellos años, La Gaceta inauguró un perfil polémico, incisivo y a la vez crítico y reflexivo sobre el acontecer cultural del país, que la convirtió en una publicación periódica inolvidable. Me atrevería a decir —y creo que sin exagerar— que era la mejor revista cultural de Cuba. Los años pasan, los tiempos  y los contextos se modifican, los aconteceres culturales son otros, y las revistas son hijas de esas circunstancias, e inevitablemente cambian sus perfiles. También siento que La Gaceta... —al igual que casi todas las revistas culturales del país— ha cambiado. Tal vez ya no sea la misma revista de los años 90 del siglo pasado, que uno evoca con cierta nostalgia. Pero, y esto lo afirmo con absoluta sinceridad, creo que sigue siendo, si no la mejor, una de las mejores revistas culturales del país.

La Gaceta de Cuba, su primer número de 2011, tiene a mi juicio un valor esencial: para muchos lectores que en parte como yo están un poco alejados del diario quehacer cultural, ese que se desarrolla en la sala de teatro o de cine o en la última exposición plástica o en el último concurso literario o en lo más representativo y reciente del acontecer cultural, nos pone sencillamente al día con un contenido que abarca prácticamente todas las esferas de la creación. Y no lo hace con un sentido solamente informativo, sino con una cualidad reflexiva que de inmediato nos enriquece, pues va dirigida a nuestra capacidad de pensar y de sentir la muestra artística de alta calidad que nos propone.

¿Cómo calificar de otra forma el texto de Margarita Mateo Palmer “La ruta del huracán en El Siglo de las Luces y Oppiano Licario”, que mereció el Premio de Ensayo José Juan Arrom, de cuyos resultados nos informa? Los dos más grandes novelistas de nuestra historia literaria, cuyos mundos narrativos son bien disímiles, se hermanan cada uno desde su fabuloso poder de creación, en el empleo del símbolo del huracán, que como afirma Margarita “sigue batiendo, con su estela germinadora, el imaginario de la Isla”. Extraordinario ensayo, extraordinaria prosa, extraordinaria profundidad de análisis interpretativo.

Entonces La Gaceta… nos sorprende con un texto del primer Carpentier: “Historia de lunas”, conservado en la famosa “maleta perdida”. Se trata de un relato de 1932, del período en que el gran novelista estaba absolutamente deslumbrado por los mitos y el ceremonial afrocubano; es el período  de  La rebambaramba,  El milagro de Anaquillé y los Cinco poemas africanos, que culminará con Ecué-Yamba-O, con el que tiene vínculos evidentes. A mí me resultó curioso leer un texto en el estilo del primer Carpentier, no es todavía la prosa barroca de su madurez, sino un estilo mucho más directo, todos los párrafos —y parece que por voluntad de estilo— comienzan con una frase corta y hay todo un regodeo descriptivo con el ceremonial santero, e imágenes surrealistas que salpican las descripciones. Rafael Rodríguez Beltrán introduce el texto con abundante material investigativo y manejado con brillantez.

Una entrevista de Emir García Meralla a Edesio Alejandro nos pone en contacto con uno de los más originales creadores musicales de nuestro tiempo. Aquí están los inicios —para mi sorpresa y supongo que para muchos lectores— en el barrio de San Leopoldo, tocando rumbitas en los cajones, su paso por el Conservatorio y luego su carrera musical que si por algo se ha caracterizado es por su absoluto afán de experimentación: del son a la ópera rock, pasando prácticamente por todos los géneros, hasta la fusión actual de estilo inconfundible, “estilo Edesio Alejandro”. De la posible universalidad de su música y para terminar su entrevista, Edesio nos dice: “La base de la universalidad de una música es su autenticidad. Espero que haber sido auténtico sea mi legado, un legado en el que hay rumbas y sones nacidos en San Leopoldo, enriquecidos con todo lo que la vida me ha dado y a la manera de Edesio Alejandro, ¿quieres más?”

Una segunda entrevista, esta vez de Pedro R. Noa, con Jorge Molina, el joven y original cineasta, nos da a conocer a un creador que, todo parece indicar, ha removido el ambiente cinematográfico con cortos sorprendentes. Confieso que no he visto ninguna propuesta de Molina, lo que demuestra mi incultura cinematográfica, pero si algo valioso tiene esta entrevista, es el hecho de que voy a buscar con bastante premura alguno de los materiales de este cineasta, ganador del Premio Cinergia de guiones, lo que le permitió hacer su primer largometraje Molina´s Ferozz. De sus películas ha dicho Karin Riegel: “¿Cómo describir las películas de Molina? Horror de culto estilo caribeño, irreverente y muy independiente”.

La poesía está representada en este número por poemas de Nara Mansur, ganadora del último Premio Nicolás Guillén, de su libro Manualidades; del conocido poeta Rito Ramón Aroche, de su libro Historias que confunden y un curioso Recital porcino, de Ricardo Alberto Pérez, ilustrado con una foto del autor leyendo poemas a un grupo de cerdos, lo que creo haría las delicias del escritor uruguayo Eduardo Galeano que, como se sabe, tiene en su casa centenares de adornos con figuras de cerdos, con los que también ilustra las dedicatorias de sus libros.

Con su habitual lucidez, la Dra. Graziella Pogolotti nos ofrece un instructivo y profundo panorama de las estrategias culturales de los siglos XIX y XX, a través de la actividad del grupo de Domingo del Monte y el Grupo Minorista, en un texto que para nuestra gran ensayista, “no tiene carácter conclusivo. Es un intento de provocación para repensar el papel de la vanguardia, más allá de un superficial acercamiento identitario y de una mera renovación de los lenguajes artísticos” (…) “El contorno de una nación —concluye la doctora—es, en gran medida, resultante de una construcción cultural, a la cual contribuyeron, en el caso cubano, más allá de las razones políticas e ideológicas que se advierten en el trasfondo de sus proyectos respectivos, los contertulios de Domingo del Monte y los comensales sabatinos del minorismo”.

Dos textos dedicados a la plástica enriquecen el número: “Un país es un desencanto poco legible”, de Elvia Rosa Castro dedicado a la obra de Abel Barroso, un artista que al decir de la autora, “pertenece a una generación que vindicó el grabado como género en Cuba y dentro de la cual es imposible obviar su nombre”. El segundo, de Hamlet Fernández, aborda con aguda mirada, la obra de Sandra Ramos, “una virtuosa del grabado y una de las renovadoras de la gráfica contemporánea”, pero cuya obra instalativa la ha convertido en una artista multifacética.

Esta vez La Gaceta… publica tres de los cuentos galardonados en el último Premio de Cuento: “Patas arriba”, de Rafael de Águila, ganador del Premio, como bien dice el jurado “por la lacerante humanidad de sus personajes, la complejidad con que es tratado un asunto como la emigración, que a veces parecería agotado, resuelto todo desde una excelente escritura”. Yo añadiría que la corriente subterránea de sentido, ese segundo cuento del que hablaba Borges, que corre por debajo del primero, dota al texto de una emoción contenida tan intensa que solo puede resolverse como lo hace el autor, de mano maestra: la narradora llorando al lado de la estatua de un héroe que solo la mira, sin decir nada.

El segundo cuento es “Wireless”, de Jorge Enrique Lage, ganador de la Beca de Creación Onelio Jorge Cardoso, y el tercero, “La lista del cubo”, de Ahmel Echevarría, merecedor del accesit —de paso diré con mucha alegría, ambos graduados del Centro Onelio— son dos muestras de lo mejor de la narrativa joven actual: fabulación rica en matices, significados, horror y fantasía, visión oblicua de las contradicciones de la realidad cubana contemporánea, estructuras originales. Ambos son autores con una obra de creciente madurez, representantes de la última generación de narradores cubanos, cuyos textos constituyen ya una valiosa ruptura de asuntos, temas, formas con relación a la promoción anterior. Algo puedo añadir, la lectura de estos tres cuentos no los dejará descansar tranquilamente, porque como los buenos relatos de todos los tiempos, emocionan, perturban, nos llenan de apasionada incertidumbre.

Lisandra Díaz Rodríguez nos ofrece un ensayo sobre “Chavarría, La sexta isla y la renovación del policial cubano”, penetrante valoración de la conocida novela del Premio Nacional de Literatura 2010, la que según la autora es una novela fundadora del llamado neopolicial latinoamericano, “que se aparta de los sistemas tradicionales de las novelas anteriores y explora con la máxima libertad, las posibles combinaciones e innovaciones de una nueva era policial literaria.” De esta novela que presenté en una de las Ferias del Libro, dije que, a mi juicio,  y no me parecía exagerar, era una verdadera obra maestra.

Completa este número, un pequeño dossier dedicado al centenario del poeta, investigador, ensayista, Ángel Augier, con una selección de seis cartas a personalidades de las letras, un comentario de Keith Ellis, y una ponencia de Yanelis Velazco, “Marcas de agua o la fiel eternidad de la poesía” dedicada a Isla en el tacto, el gran libro-poema de Augier, donde el poeta “prefiere mostrarnos una imagen de lo insular donde el tiempo de la historia se repliega y se resiste a ser capturado por instrumentos ajenos a la percepción más íntima del amor a la patria”.

Para terminar, una crónica de Luis Marré, dedicada al lamentablemente desaparecido poeta Luis Suardíaz, por sus 75 años, y notas críticas de teatro, artes plásticas,  literatura, y una interesante reflexión de Arturo Arango sobre los desafíos de la cultura a partir de las proyectadas reformas económicas del país.

El diseño, de Michelle Miyares y Grisell Botana, como siempre, admirable; no sé por qué tengo la impresión de que se trata de un nuevo look para la revista a partir de este primer número de 2011.

Estimados amigos:

Antes  de  salir  de  mi  casa,  victoriosos  con  mi  aceptación  para  presentar  La Gaceta…, y después de hojear rápidamente las páginas de la revista, les dije a Norberto y a Arturo que me parecía “un poco dispersa”. “Recuerda”, me dijeron, “que nuestra revista cubre prácticamente todo el espectro de la cultura, pero no obstante, si te parece así, por supuesto que lo dices en la presentación”.

Ahora, que me sumergí profundamente en sus páginas, que las valoré como director de revista, escritor, editor, pero sobre todo como lector, debo rectificar ese juicio: este número es una muestra valiosa, abarcadora, notable de la cultura cubana actual, de sus aciertos, limitaciones, dificultades, pero sobre todo, de la pasión creadora de sus artistas.

Y no hay arreglo, sigo siendo fan de La Gaceta de Cuba.

Gracias.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.