La Habana. Año IX.
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al 1 de ABRIL de 2011

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Miriel Cejas (EUNICE)
Una actriz que da rostro a "lo improbable"
Mabel Machado • La Habana
Fotos: Cortesía de Gerardo Chijona

El pasado Festival Internacional del Nuevo Cine de La Habana mostró, con el filme Lisanka, el rostro de Miriel Cejas por primera vez en la pantalla grande. Pero para el público cubano, la ruda muchachita campesina se ha convertido rápidamente en otra aún más compleja y hermética, cuya adolescencia se desarrolla en medio de la violenta crisis económica y social de los años 90 en Cuba. En menos de un año, el director Gerardo Chijona le ofreció a la actriz su segundo protagónico en el cine, en la cinta Boleto al paraíso. La trama, que toma como punto de partida testimonios de jóvenes que se enfermaron de sida en aquella época, justifica la aspereza de Eunice (el nuevo rol de Miriel) y su agonía callada del principio y el final del filme.
 


Miriel Cejas junto a la actriz Laura de la Uz

Aunque Boleto… no ha recibido muchas críticas, casi todos los que han hablado de la última película del autor de Adorables mentiras y Un paraíso bajo las estrellas, señalan entre sus valores la revelación de nuevos talentos en el campo de la actuación. El mérito resulta aún más loable si pensamos que la mayoría de ellos, como Miriel, acababan de cumplir los cinco años de vida en 1993, cuando comienza a correr la historia del filme.

Antes de llegar a Boleto al paraíso, ¿cómo recordabas la década de los 90, los años más duros del período especial?

De esa época recuerdo lo que me han dicho mis padres porque en aquellos años era muy pequeña. Con las memorias de las otras personas, con lo que me iban contando, me fui representando una etapa muy dura, en que criar a un hijo demandaba muchísimo esfuerzo. Tengo un tío roquero que conoció a muchas personas que hicieron lo mismo que los personajes de la película. De él conocí algunas historias de gente que jugaba con jeringuillas infestadas con sida. Al haber oído esto, tenía conciencia de lo que había pasado, y por ello, aunque me sorprendió, la historia de la película no me impactó tanto como a alguien que no hubiera estado más o menos al tanto de aquella realidad. Sin embargo, carezco de la experiencia de esa época, no conservo sensaciones, porque no la viví como los jóvenes de la película.
 

Cuando comienzas a trabajar en Boleto…, al conocer el guion, al enfrentarte a tu personaje, ¿qué aprendes de aquella etapa?, ¿qué guardas de esos momentos para el “ahora”?

Lo veo todo más claro. La película va más allá del recuento histórico: se adentra en las emociones, los sentimientos, lo que experimentaban las personas a raíz de las dificultades sociales, de las carencias en las que se ahogaba el país. La manera de acercarme a ese período tiene, sobre todo, un carácter sensorial.

Considero que, tanto yo como el resto de los actores jóvenes que interpretaron los otros personajes, vivimos el período especial a través de la película. Según los que sí recuerdan esos años, todas las locaciones que se escogieron, la manera en que se dispuso la escenografía, entre otros elementos, eran muy semejantes al ambiente de inicios de los 90. Hacer una escena donde hay polvo o donde los edificios están destruidos, lo introduce a uno verdaderamente en la historia. Podíamos sentir que esa construcción que se estaba cayendo era nuestra casa, que ese lugar sucio era nuestro hogar, que el pasar hambre podía ser una situación propia. 

La escena en la cual Eunice está hurgando en la basura, fue muy emotiva para mí porque verdaderamente resultó un momento en el que me sentí muy mal. Incluso antes de la escena, para prepararme, le pedí a Chijona que me dejara sentarme en la calle Prado, como si fuera vagabunda, sin grabar, y esa experiencia también fue muy conmovedora.
 

Salvando las distancias del tiempo y del contexto, y luego de “encarnar” a una joven de aquellos años, ¿qué contrastes aprecias entre aquella generación de jóvenes y la tuya?

Hemos aprendido muchísimo más acerca de la enfermedad. Aquella juventud se caracterizaba por un desconocimiento total, por seguirle la corriente a lo primero que oían sobre el sida y no por estar convencidos de lo que era. En nuestro país se ha trabajado mucho más por darles a los jóvenes la información que necesitan; a ningún adolescente de ahora ―sea roquero o no, o teniendo el ideal que tenga― se le ocurriría infestarse y utilizar la enfermedad como vía de escape.

Los personajes de la historia real, con quienes nos entrevistamos, nos han dicho que, siendo adultos, han llegado al convencimiento de que si tuvieran que pasar de nuevo por situaciones semejantes, no tomarían de nuevo la decisión de enfermarse.

Esta película tuvo como peculiaridad una extensa y rigurosa fase de casting y un taller de actuación a cargo del experimentado director de teatro Carlos Díaz. ¿Qué experiencias te dejó ese proceso?

Fue un casting muy agotador, tanto, que aunque hice las pruebas para el filme primero que las de Lisanka, terminé grabando la de Díaz Torres antes que Boleto al paraíso. Casi había desechado la esperanza de que iba a participar en esta película, cuando me llamaron para el taller. Fue una experiencia única que agradecimos todos los actores, incluso, los que no quedaron finalmente dentro del reparto del filme. Estamos muy agradecidos con Carlos y Chijona por habernos dado la oportunidad de participar en el taller. Nos permitió hacer la película con más preparación, con más seguridad y confianza en que podíamos lograr un resultado positivo.


Fue muy estresante: todos los días cuando llegaba el director pensábamos que iba a anunciar quién se quedaría, y no lo hacía; por el personaje de Eunice pasaron casi todas las muchachas del casting; y así, hay muchos ejemplos. Valió la pena todo este trabajo, porque fue muy enriquecedor.

Y a eso se suma que ustedes, un grupo de jóvenes con escasa experiencia en la actuación, tuvieron que interactuar con muchas de las que hoy se conocen como “las caras del cine cubano”…

Esto fue muy gratificante. En lo personal, ya había tenido la oportunidad de trabajar con algunos de ellos en Lisanka. Lo singular que tuvo esta relación fue que a pesar de ser experimentados del cine, son personas muy bondadosas y atentas, que tratan de que a uno le quede bien la escena y brindan su apoyo, y están interesados en que los jóvenes hagamos un buen trabajo.

La atmósfera de la película fue muy favorable para la cooperación, no hubo dificultades, todos nos ayudamos. Agradecemos la oportunidad de conocer a los actores que hemos admirado desde niños. Trabajar con ellos forma parte de la realización profesional de muchos de nosotros.
 

Luego de tu segunda experiencia con un protagónico en cine, ¿cuánto te queda de Lisanka y cuánto de Eunice? ¿Cuál de los dos personajes fue más retador?

Los dos fueron personajes difíciles. Lisanka resultó complejo porque era mi primera actuación en cine, mi primer protagónico. Acumulé un nivel de estrés muy grande porque la película lleva el nombre del personaje, el cual además tiene una enorme carga dramática, y hace que la historia se mueva alrededor de él.

Eunice fue muy complicado por su psicología. Lisanka puede tener puntos en común con casi todas las mujeres cubanas, en sus actitudes, en sus opiniones, en su deseo de imponer el derecho de hacer lo que quiere y considerarse igual que los hombres dentro de la sociedad. Pero Eunice enfrenta problemas que nunca tuve ni voy a tener, y toma decisiones que no tomaría. El personaje es inmaduro y también lo fui, pero he superado esa etapa. Se me hizo difícil pensar con menos madurez, porque si el personaje es más inteligente que uno, el reto está en buscar información y prepararse; pero cuando es menos inteligente, uno debe olvidarse de la información que ya ha adquirido, lo cual es sin duda más complejo.

A tu juicio, ¿qué demanda de los jóvenes la pantalla cubana?

Que cumplan con el nivel actoral al que está acostumbrado el público cubano. Cuando se estrena una película cubana, la gente en la calle se pregunta primero quiénes trabajan en ella, y si conocen a los actores, probablemente esa sea una mejor carta de presentación para el filme que su propia trama. Si por el contrario, los protagonistas somos jóvenes que estamos comenzando, enseguida se manifiestan los temores acerca de la calidad de la película. Entonces, lo primero que se me ocurre responder en este sentido es que la filmografía cubana demanda de nosotros superación, para no traicionar a los excelentes actores que han pasado por ella.
 

¿Qué comentarios has recibido acerca de Boleto… y, en general, sobre tu trabajo en el cine?

Estoy muy contenta con los comentarios que he podido escuchar o leer sobre mi trabajo tanto del público, como de los especialistas. De la película hay muchas opiniones, a algunas personas les ha encantado, a otras no les ha gustado el final porque lo consideran demasiado trágico. Una anécdota que me ha marcado en ese sentido es la de una muchacha que me vio en un elevador, me reconoció y me preguntó que a quién se le había ocurrido una historia tan absurda. La muchacha no conocía que la película se basó en hechos reales y, por su experiencia, no podía imaginar que se dieron en verdad casos como estos, que una película pudiera mostrar pasajes de la vida cubana que algunos no consideran probables.

 
 
 
 


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Boleto al paraíso
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.