La Habana. Año IX.
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de 2010

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Timeo danaos et dona ferentes
(Temo a los griegos, hasta cuando hacen ofrendas)

Daniel Chavarría • La Habana

En su Eneida, Virgilio pone este verso en boca de Laoconte, sacerdote troyano, cuando alerta a sus compatriotas sobre los peligros que podía esconder el caballo de madera, supuesta ofrenda votiva de los griegos a sus dioses. (En este pasaje, muy citado en la literatura y oratoria de la posteridad, “ofrendas” suele sustituirse por “regalos”.)

Este mundo automatizado de hoy me abruma con novedades que no entiendo, dígase, por ejemplo, Internet, cuya irracional empiria normativa me niego a memorizar. Más allá de un trasteo de supervivencia en el correo electrónico, el ciberespacio, su alcance y sus nautas me acomplejan, y cada día siento crecer mi extemporaneidad y mi déficit de información.

La primera vez que oí mencionar a Wikileaks, supe que había publicado cerca de medio millón de documentos sobre las guerras en Irak y Afganistán.

Quedé anonadado; y pese a mi ignorancia, entendí que tan colosal acopio de documentos no circularía en soporte papel, como hace apenas 20 años, sino en el vehículo etéreo, ubicuo y global de Internet.

Un nieto mío de cuatro años, al que yo le explicaba la redondez del planeta con un globo terráqueo, quiso saber cómo hacían los de abajo para no caerse. Y con su misma incredulidad y sorpresa, yo me pregunté de dónde sacaba Wikileaks tanta información. ¿Cómo la obtuvo? Y no me conformé con saber que correspondían a las llamadas “filtraciones”.

Tampoco me satisfizo el dato de que varios y anónimos sponsors, los dotaban de buen dinero. Semejante ocultamiento podía significar protección a inocentes o escamoteo de pruebas a otros inocentes.

Cuando se divulgó que submarinos atómicos gringos y algunos israelitas habían atravesado el Estrecho de Ormuz para ocultarse en aguas estratégicas del Golfo Pérsico, surgieron interrogantes sobre las fuentes de la noticia.

¿Sería una indiscreción? ¿De quién? ¿Motivada por qué intereses?

Y de pronto advertí que el debate sobre el origen de la noticia, solapaba el cuestionamiento en torno a la legitimidad de la violación territorial a los iraníes. Y a la postre, tanto se repitió la información, que en vez de impugnar el hecho por ilegal, el mundo terminó por aceptar la presencia de los submarinos como algo natural. Lo importante pasó a ser quién se había ido de lengua.

Tales maniobras reiteran la tradición gringa de espiar a don Raimundo y todo el mundo; y después, lo hecho hecho está, y a llorar a la iglesia.

Y seguí sin entender aquella noticia, como mi nieto no entendía la estabilidad de los habitantes patas arriba en la mitad inferior de la Tierra.

Ahora mismo, tampoco tengo certeza sobre la credibilidad de las últimas informaciones de Wikileaks. Se dice que hay un funcionario preso por pasarlas desde el aparato de la inteligencia yanki, y procedentes de embajadas y estaciones de la CIA. A esto se añade una cascada de dimes y diretes, chismes e indiscreciones que salpican a varios jefes de estado, a ambos lados del Atlántico.

Ha sido costumbre gringa poner a sus embajadores y funcionarios en otros países a dar órdenes y a espiar a diestra y siniestra para sacar ventajas y aplicar su chantaje político. Remember Watergate? ¿Por qué formar ahora tal escandalera y asombrarse de que mantengan su vieja práctica?

Yo reconozco sentirme mayoreado por la andanada de tecnología, por mis déficits e inseguridades, pero no me chupo el dedo. Puedo vislumbrar la jugarreta de sembrar cizaña y desconfianza sobre ciertos líderes, sin excluir a sus mejores aliados. Eso es tan viejo como la técnica de mandar jinetes a cruzar un río por cierto vado, y luego atacar por otro. En la guerra caliente, eso recibe el nombre de “maniobras de distracción”; en la fría, se llama diversionismo.

La gran prensa, los entretenidos en descifrar e intercambiar fabulaciones, no prestan la necesaria atención a la cumbre sobre medio ambiente que ahora se celebra en Cancún. Allí, los más desarrollados se abroquelan en los supuestos acuerdos de Copenhague, y se niegan a reducir ni un adarme la emisión de sus contaminantes. El cambio climático en sus países ahoga o congela a sus ciudadanos, pero los gobiernos siguen en sus 13.

Quizá por eso mismo el dispositivo de divulgación usado esta vez por Wikileaks es más que llamativo y hasta sospechoso. Se proyecta más allá de las fronteras cibernéticas y alcanza espacios vedados a las grandes mayorías, carentes de Internet. Julian Assange prefiere expandirse en los cinco periódicos de mayor circulación mundial; alcanzar a un vasto público amaestrado como el perro de Pávlov, y de paso, tornar más rentable su chismografía.

Eso, en el orden económico.

Y en el político ¿a quién le conviene? “Cui prodest?”

Luego me entero que Julian Assange, creador de Wikileaks radica en Suecia, donde se lo acusa de varias perversiones sexuales.

¿Así que el australiano radica en Suecia?

Otra noticia me informa que el sitio web del ex brillantísimo “hacker”, opera con algún tareco sueco, o dispone de un acceso de entrada o algo similar. En fin, que el indiscreto Wikileaks se extiende de una punta del planeta a la otra, como corresponde a este mundo globalizado.

Y ahora, la Interpol tiene circulado a Julian Assange, por vía electrónica, of course. Esto me recuerda que Bin Laden alternaba entre New York y una cueva de Afganistán, de donde se asomaba cada tanto para revelar algún mensaje. De una punta del planeta a la otra, como corresponde a este mundo globalizado.

Este viraje de la tortilla empieza a inquietarme. Si Wikileaks, además de fama y aplausos entre los disconformes y chismófagos, se acreditara como verídico y valiente, podría convertirse en una temible amenaza.

¿Qué pasaría si Assange se aparece entonces con un testimonio apócrifo, fabricado por la industria yanqui de maledicencia, donde se acuse al presidente Chávez de financiar el programa nuclear de Irán a cambio de armas atómicas?

Semejante peligro para la seguridad hemisférica y en particular para los EE.UU. requeriría eliminarlo sin demora, y desde Colombia, claro.

No logro soslayar la idea de que es imposible asimilar y responder casi un millón de documentos. ¿Tal cúmulo de revelaciones no podrían servir de cortina de humo para esconder aviesos propósitos?

Ya ocurrió con la perestroika.

¿No será también Wikileaks un caballo de Troya y Julian Assange otro “astuto Odiseo, ducho en ardides”?

6 de diciembre de 2010

 
 
 
 
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.