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Bitácora y anclajes de 2010 (I)

Cruzada Teatral: veinte años andando
entre el mar y la montaña

Maité Hernández-Lorenzo y Omar Valiño • La Habana
Fotos: Elio Miranda
 

El rápido 2010 se despide, es buen momento para repasar sus múltiples estaciones teatrales. Si en algunas entregas de este año han aparecido menciones a distintos eventos, procesos y espectáculos sobre los que ahora volveremos, sépase que estos nuevos abordajes son, totalmente, otros.


Para Armando Morales, que estuvo y no estuvo esta vez, en sus 70
 

Volver a la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa es siempre un acto energizante. Es difícil encontrar un acomodo en la ciudad, en la dura rutina del día a día, luego de una estancia entre lomas, campamentos itinerantes, comidas con olor a leña, de viajar en la cama del camión, de la convivencia, etcétera, etcétera, etcétera. Todavía algunos nos preguntan por qué volvemos, cómo es posible que aún tengamos fuerzas para tal aventura.

Lo que en un principio se concibió para solucionar las difíciles condiciones de trabajo en la ciudad y la ausencia de sedes en medio del recién comenzado período especial, hoy se ha establecido como uno de los proyectos más sólidos en el panorama del teatro comunitario de la Isla. Durante este lapso, sus organizadores, esencialmente los mismos desde las primeras ediciones, nunca interrumpieron su celebración, y fue la respuesta más eficaz e inteligente que ofrecieron ante la disyuntiva de sucumbir por la debacle económica y social.

La Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa elige como cifra el día del natalicio de José Martí. Por vigésima vez es punto de partida y apostolado de principios. Ha querido ser útil, servir sin pedir a cambio, desandar el rostro más humilde de la patria, echar su suerte con los pobres de la Tierra, encontrar a los niños con los ojos más bellos de Cuba.

Una vez estabilizada y mejorada considerablemente la economía de la provincia y, en especial, la infraestructura teatral 1, la Cruzada sale, sin embargo, cada 28 de enero y regresa cada 2 de marzo todos los años, luego de recorrer cinco municipios montañosos. Ni el cambio radical del panorama que posibilitó el parto de una idea tan feliz, ni las nuevas condiciones de trabajo y de reconocimiento de estos grupos ha conducido a la Cruzada a su término. Esta no es hoy una salida a la crisis ni una vía de escape ante la incertidumbre, tampoco el atractivo de la aventura y el contacto con la naturaleza llevan hoy el peso. En su crecimiento interno, se han generado otras necesidades y desafíos. La experiencia ha emergido como cuerpo autónomo y se ha revindicado en nuevas lecturas y finalidades.

A la altura de estas 20 ediciones, iniciadas en 1991, todo es memoria viva en la Cruzada. Demostración de cuánto se puede fomentar una tradición en unos pocos años. No queremos trazar aquí la trayectoria —sería brevísima además de imprecisa— de la Cruzada Teatral durante estas dos décadas. Nos parece mucho más útil, sin embargo, poner en valor algunos aspectos que denotan su profundo sentido y eficacia con los ojos puestos en el futuro. La enorme experiencia acumulada se renueva con el oxígeno de otros rostros integrados a los grupos guantanameros, en su inmensa mayoría graduados de actuación del nivel medio de las escuelas de arte. Ello ofrece un “marco” inmejorable, entre 35 largos días de convivencia, para un diálogo intergeneracional concreto, una suerte de pedagogía de/en el camino: humana, ética, profesional, social y política.

Como en cada parada anual en Yumurí, río divisorio entre Maisí y Baracoa y uno de los asentamientos históricos en el recorrido de la Cruzada desde su fundación, conversamos sobre la experiencia interna, bajo una lluvia bendita esta vez. Convocado esta vez bajo la mirada de las dos décadas, el coloquio se celebró con la presencia de artistas, periodistas, directivos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), del Director Provincial de Cultura y otras autoridades locales. El actor y director Uri Rodríguez, uno de los principales gestores del segmento teórico de la Cruzada, fue conduciendo el apretadísimo itinerario de 20 años de intenso laboreo.

Se proyectó el testimonio fílmico del historiador y pedagogo teatral Paolo Beneventi, que él mismo grabara durante la edición de 2007. De largo, es el mejor documento sobre la Cruzada en sus múltiples planos. La vida cotidiana durante el evento, la focalización sobre el tipo de trabajo que lo distingue, el estudio y la autorreflexión como punto insoslayable, la fiesta, el jolgorio del público, el intercambio cultural y social con el pueblo, encuentran su justa mención  ante un ojo sabedor y comprometido. A esta altura, se ha acumulado un cuantioso volumen de materiales sobre su quehacer. Fotografías, documentales, artículos, críticas, entrevistas; no obstante, falta todavía sistematizar y valorar la experiencia en un libro que hilvane y ponga en perspectiva la experiencia como proceso teatral en una interrelación artística y social. Sobre este punto, además del coloquio, también han tenido lugar seminarios internos en los cuales se discuten los espectáculos y otros temas de funcionamiento del propio evento.

Luego de presentar la primera multimedia contentiva de estos materiales, así como de artículos aparecidos en varias publicaciones especializadas y periódicas, se entró al debate sobre el papel jugado por la Cruzada en el contexto cubano y latinoamericano, y sobre su situación y proyección.

El coloquio en Yumurí reforzó también la evidente inyección vital hacia el interior de los colectivos líderes de la Cruzada —el Guiñol Guantánamo y el actual Teatro Ríos, antiguamente Polimita— de jóvenes egresados de las escuelas de arte. Esta numerosa presencia no solo ha venido a refrescar, en términos de energía, plasticidad, lenguajes e interrelaciones, a los propios grupos, sino, con igual fuerza, ha reforzado la dinámica de la Cruzada y por extensión, la del movimiento teatral guantanamero.

Ya no solo se escucha la tradicional “A Baracoa me voy aunque no haya carretera…”. Ahora esos jóvenes prefieren entonar una nueva melodía, con resonancias de la balada y el pop, compuesta por Mayelín Sánchez, exintegrante del Guiñol y puntal importantísimo en la trayectoria más reciente de ese colectivo. Otra sonoridad, otras voces comienzan también a colarse en la cotidianidad de la Cruzada.

Nunca antes habíamos notado, a pesar de los permanentes diálogos de los grupos en/con otros espacios de interacción, un cambio que marque una nueva etapa “cualitativa” en el conjunto de proposiciones de la Cruzada. Obviamente, esto no se debe solo a esa “inyección” juvenil. Es, de igual modo, el resultado de una acumulación consciente y crítica en un complejo proceso de apropiaciones y deslindes.

A lo anterior ha contribuido, de manera esencial, la permanencia y el magisterio de Armando Morales desde finales de los 90 en la Cruzada, el talento, la capacidad y la inclusión de algunos jóvenes en esos colectivos en diplomados y cursos de superación en el Instituto Superior de Arte (ISA), y la apertura de la Cruzada a otras experiencias y otras visiones. Esta suma derivó en la experimentación de nuevos lenguajes y puestas en escena más elaboradas en el contexto de la Cruzada.

Favoreció, igualmente, un vínculo más estrecho y provechoso con la crítica y con otras miradas ajenas al proyecto. Ese intercambio fue también un punto de partida para cuestionar y revalorar la Cruzada. Los seminarios internos, los foros de la crítica y la temporada de estreno de los espectáculos antes de iniciar el recorrido por los territorios, han incidido en la consolidación de la experiencia.

En esa renovación se advierte, asimismo, la consecuencia de los nexos con otros colectivos comunitarios de otros países. Desde hace algunos años, se ha estrechado el vínculo profesional con los colombianos Luz de Luna y Nuestra Gente y ello ha derivado también en un toma y daca reflexivo y productivo. Otra buenaventura, que mucho aporta a lo antedicho. Prodigar intercambios sobre oficios y artesanías del teatro, en medio del aprendizaje mutuo sobre las características de cada medio teatral respectivo, no es otra cosa que beneficio. En el intento por remodelar su mecanismo interno, “los cruzados” se han abierto, con total organicidad, a otras prácticas extranjeras. En ese trueque de vital importancia, han participado agrupaciones, actores, fotógrafos, profesores e investigadores de Bélgica, Italia, Dinamarca, Colombia, México, España, Chile. Y siempre, de algún modo, el intercambio ha viajado en ambas direcciones.

En ese amplísimo paneo se destacó el papel de la Cruzada como núcleo para dialogar con las expresiones culturales y tradiciones de cada asentamiento y región. Sin duda, esta ha impulsado y estimulado la creación artística en esas localidades, y ejemplo de esto son los proyectos socioculturales surgidos a raíz del contacto permanente con la Cruzada. Con desniveles en su elaboración y validez, estas iniciativas existen en varias comunidades operando hacia el interior de la vida y la cultura populares de esos asentamientos.

La confirmación de lo anterior la recibimos a nuestro regreso a Guantánamo luego de una semana en la Cruzada. En la UNEAC compartiríamos con un grupo de jóvenes integrantes de un proyecto sociocultural que había recibido un premio de esta institución y ese día disfrutarían de un almuerzo con sus directivos y otros artistas de la provincia. Se trataba de un proyecto de Monte Verde 2, hermoso paraje que visitamos durante la Cruzada de 1999.

Lo curioso de este encuentro es que esos jóvenes, hoy en su mayoría instructores de arte, habían sido testigos de la Cruzada Teatral durante toda su niñez. Con seguridad muchos de ellos compartieron con nosotros la jornada que pasamos entonces. Aquellos niños son hoy responsables de llevar adelante esta acción que, entre muchos objetivos sociales de gran urgencia en la zona, intenta rescatar las tradiciones populares del lugar. Entre ellas, la más reconocida y apreciada por todos, el Festival del Berro, debido a la cantidad de campesinos que se dedican al cultivo de este vegetal. 

El encuentro fue emotivo, hermoso y, al menos para nosotros, tomó un sentido profundo en medio de la conversación más o menos formal. Sin duda, la Cruzada se levantaba como telón de fondo en aquella escena y el empuje de la Escuela de Instructores de Arte encontró allí una verdadera utilidad. Era un ejemplar modelo del profundo diálogo entre arte y sociedad, entre cultura y ciudadanos.

 

Notas:

1 Durante nuestra estancia en Guantánamo, el Director provincial de Cultura nos mostró los espacios culturales y sedes, terminadas o en proceso constructivo, de todos los colectivos teatrales y danzarios de la provincia.

2 Monte Verde es una comunidad ubicada en el municipio de Yateras. Es uno de los puntos de difícil acceso en el recorrido de la Cruzada por ese territorio. Recibió la electricidad en el año 2000.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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