Año IX
La Habana
2010

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Chico y Rita, Ze do Caixao y los actores que se arriesgan

Joel del Río • La Habana
 

Entre la inmensa variedad de momentos notables que ofrece esta edición 32 del mayor evento audiovisual celebrado en Cuba, quise destacar tres: la presentación especial del filme brasileño Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver; el estreno, como parte de la Muestra de cine español de la animación “ambientada” en La Habana Chico y Rita, así como destacar la presencia de varios actores latinoamericanos consagrados que se decidieron a probar sus armas en la realización y concursan en la sección de Ópera Prima. 

La reencarnación de De Caixao en La Habana 

Opuesto a elitismos que solo encasillan el pensamiento y lo estancan, lo manipulan y lo restringen, el Festival ha programado, entre sus presentaciones especiales, la de Esta Noite Encarnarei no Teu Cadaver, filme brasileño de 1967 escrito, producido, dirigido y protagonizado por Jose Mojica Marins, una figura perfectamente reconocible en el cine de su país por el nombre de su alter ego fílmico el enterrador ateísta, blasfemo e inescrupuloso llamado Ze do Caixao.  

Antes de cumplir 15 años, Mojica Marins había filmado 20 cortos y fundado su propio estudio en un gallinero. En los años 60 dirigió cinco de las diez películas más taquilleras en Brasil, dentro de géneros tan dispares como el horror, el oeste, las comedias musicales y las pornochanchadas. Estuvo en la cárcel, se postuló al Congreso como diputado, fundó su propia iglesia y su escuela de cine, y tuvo 23 hijos con siete mujeres distintas. Según aseguran fuentes bien informadas, fue el cineasta más censurado y perseguido en la historia del Brasil y el único realmente independiente, indoblegable, empeñado en realizar un cine en apariencia intrascendente, funcional, barato, seriado, grandilocuente y narcisista, que apareció en la misma época cuando el cinema novo intentaba redefinir Brasil, y su historia, y su cultura en términos fílmicos.  

La película de Mojica Marins constituyó la segunda entrega de la trilogía macabra, y cuenta cómo su personaje, Ze do Caixao es indultado por falta de pruebas en el juicio por los asesinatos que le vimos cometer en el filme anterior (A meia noite levarei sua alma) y toda la gente del pueblo se esconde en sus casas aterrorizado por la noticia de que se ha liberado a este peligroso enfermo mental, a un asesino sin control que se siente superior al resto de la humanidad y que a lo largo de toda la película busca una mujer digna de darle descendencia. Así, el filme combina, en una combinación francamente inusitada, surrealismo y expresionismo, nihilismo nietzcheano y horror gótico, primitivismo subdesarrollado y fuerza anticlerical.   

Mucho antes que The Rocky Horror Picture Show, la película norteamericana elegida por muchos estudiosos como la primera en vehicular la posmodernidad irónica y hedonista a través de ciertos códigos del cine de terror, Mojica Marins, o Ze do Caixao, como lo conoce el público que le ha rendido culto, creó una serie de películas medio rudimentarias pero definitivamente bizarras, heréticas e inusualmente violentas para la época, protagonizadas por un personaje cinematográfico malvado y libidinoso, que se creía perfecto, incrédulo en la existencia de Dios y del Diablo, sin miedo a nada, ni siquiera a la propia muerte. Homólogo de Ed Wood, Mario Bava, Russ Meyer y Juan Orol, Mojica Marins se atreve en Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver a presentar una escena, la única rodada en colores, y summun del delirio terrorífico-camp, en la cual se sueña en el infierno, donde le esperan todas sus víctimas para torturar su alma, y se escucha la atronadora risa del demonio mayor, aunque debo reconocer que nunca, ningún cronista podrá describir con solo palabras la miscelánea de impresiones que provoca esta escena y el cine todo de un autor muchas veces despreciado y hoy rescatado del injusto olvido. 

Mojica Marins fue el antecesor e inspirador del movimiento cinematográfico underground que, tomando su nombre de un distrito de clase obrera de Sao Paulo llamado Boca de Lixo (Boca de Basura), se conocería como cinema do lixo. El grupo estaba conformado por creadores de izquierda opuestos al creciente refinamiento e intelectualismo del cinema novo y que, por tanto, intentaban realizar un cine más cercano al público, barato, provocativo y genérico, como el que hacía Mojica Marins, un creador fundamental en la historia del cine de terror latinoamericano, icono de la cultura popular brasileña. 

Chico y Rita: requiebro fílmico a la Cuba legendaria 

Cada vez que se escribe sobre Chico y Rita suele decirse que se trata de un afectuoso homenaje, pintoresco y colorido piropo, a la música, la cultura y al pueblo de Cuba, visto desde una perspectiva idealizada, amorosa y cómplice. Es preciso repetirlo ahora, cuando la película va a debutar, dentro de la Muestra de cine español, en la misma ciudad que la película ilustra con tanta belleza. Aparte del garbo visual y sonoro que nadie le discute, el filme llega aquí precedido por el prestigio y el aplauso. En todas partes se elogia la singularidad de un experimento interesado en vincular la mejor tradición del musical vernáculo —aquel encargado de exaltar los valores de las sonoridades autóctonas—  con las más evolucionadas técnicas de la rotoscopía, el procedimiento que dibuja cuadro a cuadro de una animación a partir de los fotogramas ya filmados con actores reales.  

En la Escuela Internacional de San Antonio de los Baños y con las voces y presencias de los actores cubanos Limara Meneses, Emar Xor Oña y Mario Guerra, se rodó Chico y Rita, que nos devuelve en plena forma a Fernando Trueba probando suerte en novedades para él desconocidas como la animación. Sin embargo, al director le sobraba currículo y sensibilidad para enfrentar un proyecto como este luego de realizar películas del prestigio de Belle Epoque y el excelente documental Calle 54, que subrayaba la influencia de la música cubana en la norteamericana. Similar operación de salvamento y recordatorio verifica Chico y Rita, seductora recreación de una historia de amor marcada por la imposibilidad y el lamento, como los buenos boleros. Chico es un pianista soñador; y Rita, excelente cantante. Ambos habitan un ambiente parecido al que describe la canción “Copacabana”, de Barry Manilow. La pareja de jóvenes decide formar un dúo, pero se atraviesa en sus vidas afectivas y profesionales un productor norteamericano. Mientras se desenvuelve la historia de amor, desde La Habana hasta Nueva York, el espectador asiste también al momento de fervorosa comunión musical entre Cuba y EE.UU., vía jazz latino. 

La película destila gracia y singularidad en cada secuencia, incluidos los créditos. Está dedicada a Bebo Valdés, compositor de la banda sonora, y aparecen tres notables profesionales en el rubro de codirectores, acreditados por la realización de este empeño laborioso y complejo. Fernando Trueba se hizo acompañar por el afamado pintor, ilustrador y dibujante Javier Mariscal, admirador de la cultura cubana y responsable, en general, de la apariencia y el diseño visual. Al dúo se unió Tonio Errando, hermano de Javier Mariscal y uno de los que generó la idea de rodar primero la película con actores cubanos y en Cuba, y luego dibujar sobre ese “original” esta historia de amor sincopada por la música cubana, y por el aporte criollo al llamado latin jazz.

Obra de arte, impecable, intensa, única y sensual son algunos de los adjetivos más comunes que recientemente le dedicaron los medios británicos a la película luego del clamoroso éxito entre la prensa y el público que conquistó la película a su estreno Gran Bretaña e Irlanda. Gary Giddins, uno de los más prestigiosos críticos de jazz y cine musical de EE.UU., publicó en Film Comment, una reseña en que califica a Chico y Rita “como una de las mejores películas de ficción sobre jazz, por no decir que no puedo pensar en ninguna otra más verdadera y sobrecogedora”. Hay que verla sin excusas ni pretextos. Chico y Rita contiene demasiadas cosas que nos interesan.

Arriesgada duplicidad de algunos famosos 

La historia del cine registra centenares de casos y en esta edición del Festival repunta, quizá de manera casual, el fenómeno de los actores devenidos cineastas. Muchas veces estar solo delante de la cámara resultaba poco para sus desbordados talentos, o es que cumplieron cabalmente su papel interpretativo y decidieron probar nuevos métodos y canales de expresión. Pueden encontrarse ejemplos ilustrativos en todas las cinematografías. Vienen a la mente Charles Chaplin, Orson Welles, Laurence Olivier, John Cassavetes, Ida Lupino, Robert Redford, Woody Allen, Liv Ullmann, Nikita Mijalkov... Porque además de la versatilidad y el talento, a veces el redoblar las funciones tiene que ver con el imposible de pagar dos salarios, y de diferenciar las funciones de actor y director en el cine independiente, o al interior de las cinematografías tercermundistas y menos desarrolladas en cuanto a posibilidades presupuestarias y cantidad de producción. 

El cine argentino ofrece amplia nómina de actores-directores, desde Hugo del Carril hasta Fernando Birri y Leonardo Favio. Nacido en Montevideo, Daniel Hendler es de ascendencia judío-polaca y tuvo formación en teatro. Precisamente su debut en la dirección, Norberto apenas tarde (2010) es la historia de un vendedor tímido y sin trabajo que comienza a estudiar actuación para ganar confianza en sí mismo. Hendler debuta como director luego de adquirir fama internacional trabajando en ambos márgenes del Río de la Plata. En 2001 obtuvo la distinción como mejor actor por el filme uruguayo 25 Watts en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, más el Oso de Plata en Berlín por El abrazo partido (2004) y la distinción a la mejor interpretación en Lleida por El fondo del mar (2003). Anteriormente había colaborado en el guión de El nido vacío (2008), del director Daniel Burman, cuyas películas Esperando al Mesías (2000) o Derecho de familia (2006) llevan a Hendler, en papel destacado. En 2008 también fue premiado en Lima y Biarritz por su actuación en Los paranoicos.

A diferencia de Hendler, el peruano Fabricio Aguilar siempre tuvo clarísima su vocación de cineasta, pero estudió Ciencias de la comunicación, y antes de dirigir su primera película Paloma de papel, con cierto prestigio en el circuito de festivales especializados, y de producir la ópera prima de Frank Pérez Garland, Un día sin sexo, se consagró a los papeles de galán joven en telenovelas y teatro. Ya famoso, y con 30 años, debuta en el largo de ficción, lo fascina la experiencia, y sin renunciar a practicar su oficio en televisión, reality shows, culebrones o programas de participación, continúa haciendo cine. Tarata es su segundo largo, y narra la historia de una familia cuya cotidianidad se ve afectada por el atentado terrorista en la calle Tarata. Gisela Valcárcel, una de las conductoras más populares del país, debuta en el cine con una actuación elogiada por los críticos peruanos.

En tanto cinematografía poderosa dentro de su área geográfica, la mexicana también ostenta un grupo destacado de actores-directores: Emilio “El Indio” Fernández, Alejandro Jodorowsky, Julián Pastor y Alfonso Arau, entre otros. Diego Luna es actor de televisión desde que tiene siete años. Participó en numerosas telenovelas antes del éxito mundial conquistado, al lado de Gael García Bernal, en la comedia Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón. Luego, llegaron De película, La tarea, Nicotina, Frida, Open Range, al lado de Kevin Costner; The Terminal, con Steven Spielberg, Milk, Rudo y cursi...  Hizo en teatro Las obras de William Shakespeare y debutó con un documental sobre el boxeador Julio César Chávez, mientras inauguraba Producciones Canana, también junto con Gael. Diego Luna cuenta en Abel la historia de un niño precisado a asumir responsabilidades de adulto luego de pasar por una institución mental.         

Hendler, Aguilar y Luna están compitiendo por los Corales en ópera prima con Afinidades, el primer largometraje de ficción que dirigen los cubanos Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, mundialmente conocidos gracias a sus espléndidas interpretaciones del dueto protagónico en Fresa y chocolate. Juan Carlos Tabío, codirector del filme junto con Tomás Gutiérrez Alea, volvió a llamarlos para rendir sendos e intertextuales homenajes al filme clásico sobre la intolerancia en Lista de espera (2000) y El cuerno de la abundancia (2008).

Ahora decidieron volver a unir esfuerzos, delante y detrás de las cámaras, en esta historia sobre la crisis de dos parejas y la socorrida “solución” del intercambio sensual. Entre los cubanos también destaca Jorge Molina, conocido sobre todo por sus personajes secundarios para Fernando Pérez y Daniel Díaz Torres, egresado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión y realizador de varios cortos al margen de las instituciones cinematográficas oficiales. Molina presenta, en la competencia para debutantes, Molina’s Ferozz, un reciclaje de la Caperucita roja que juega con lo grotesco y lo sicalíptico.  

En otras secciones del Festival, puede localizarse algunos otros creadores ilustres en los terrenos de la interpretación (Hanna Schygulla, la musa de Rainier W. Fassbinder concursa en cortometrajes con Lucero) decididos a incursionar en los arriesgados menesteres de la realización; pero en Ópera Prima se concentra la mayor parte.
 

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