Año IX
La Habana
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de NOVIEMBRE 
de 2010

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Por tubería

Daniel Chavarría • La Habana

 

Una vieja canción infantil de origen hispano dice:

Al ánimo, al ánimo,

¿con qué se hace el dinero?

Al ánimo, al ánimo,

con cáscara de huevo.

Sin embargo, a pesar del mucho ham and eggs que se consume en los desayunos gringos, el gobierno de Obama no ha aplicado la infantil receta; y en vez de cáscaras de huevo han preferido su descaro tradicional y están fabricando dinero por tubería, miles de millones de relucientes dólares.

Es su fórmula para ir atajando el mal trance, sin importarles evidenciar antes el mundo que así responden a la negativa china de revaluar el yuan. De paso, enfrentan el reciente criterio compartido entre los presidentes de China y Francia, sobre la conveniencia de reestructurar la arquitectura financiera internacional y desafían a cuanto economista serio estudia los malabarismos bursátiles.  

En paralelo, enfrentan al euro, promueven inversiones de capital hacia los EE.UU. y exportaciones de productos norteamericanos. Además incrementan la confianza y los gastos del consumidor nacional. Ganancia por punta y punta.

Por cierto, esta máquina de fabricar dólares ya ha sido empleada varias veces desde la eliminación por Nixon del respaldo en oro; pero la actual crisis los tiene agarrados por los pelos y de qué manera.

En su arrogancia imperial no les importa que sus jugarretas monetarias las conozcan hoy en día hasta los indígenas de Sudamérica. Al comentar la devaluación anterior del dólar, el economista y profesor Rafael Correa, presidente de Ecuador, explicó que la diferencia por la disminución del valor del dólar, se la hacían pagar a los pueblos con sus intercambios comerciales, en especial si tienen atesorados sus fondos en esa moneda y más aún, cuando los guardan en bancos de Estados Unidos.

Está claro que los gringos necesitan el dinero para reponer fondos federales, que también gastan por tubería. Cuando se oyen las cifras de sus despilfarros en estos dos últimos años, parece que estuvieran contando las enormidades galácticas o las células del cuerpo humano.

Han destinado miles y miles de millones a rescatar de la quiebra bancos incapaces de reactivar la economía y a reforzar su carrera armamentista, que debe ser una carrera contra reloj, pues ya no tienen adversario militar.

Es lamentable que otros datos millonarios irrumpan en ese panorama, pues son de índole social, como los 8 millones de empleos perdidos, si se asumen las cifras oficiales, contadas por lo bajo. Además, 48 millones de sus ciudadanos dependen de la ayuda federal para costear necesidades de salud y tienen más de 50 millones de personas en el límite de la pobreza.

Encima de eso, y también para mostrarnos sus desgracias, algunas cifras tienen carácter manuable, como la que informa su descenso del lugar 24 al 48 en el índice mundial de calidad de vida y desarrollo humano, que reporta el PNUD.

Hablando de millones, los gastos electorales de la reciente campaña para la renovación de congresistas, ha batido records. Le han destinado no menos de 3 mil millones, y algunos aspirantes desembolsaron cientos de millones de sus fortunas personales.

¿Por qué un ciudadano gasta tanto de su patronio en las elecciones?

Vamos por partes, como hacía Jack el destripador.

Por principio, ningún capitalista regala dinero. Uno de sus axiomas clásicos lo asegura: el ahorro es la base del capital. En verdad, lo cierto es lo inverso de lo contrario. Eso mismo: el despilfarro es la base de la ruina.

De ahí es fácil deducir que los gerentes, los accionistas y las grandes empresas no gastan dinero en las elecciones, lo invierten. Y toda inversión espera su ganancia. Los capitalistas podrán creer en dios, pero el capital no cree en la parábola del hijo pródigo. Y nosotros no creemos en pájaros preñados.

En esa misma línea. La mejor recuperación de lo invertido no solo debe alcanzar grandes índices de rendimiento; sobre todo, debe lograrlo en el menor plazo posible. Por seguir otro de sus axiomas: la mejor inversión es la que logra mayor rapidez en la rotación del capital. Dicho de otra manera y con sus propias palabras: Time is money.

Bueno, ya está el dinero invertido, a la espera de su veloz regreso y en multiplicadas cuantías. Solo falta saber cómo y de dónde.

No hay que ser tan ingenuo de suponer que solo se trataría de conseguir influencias y beneficios sociales. El gobierno de George W. Bush puso en evidencia como ningún otro, las entretelas en el rejuego del capital electoral. Empresas vinculadas al vicepresidente R. Cheeney alcanzaron notoriedad por lograr los mayores contratos de su historia con los menores riesgos, y tómese a Hally Burton como botón de muestra.

De regreso a las cifras gigantescas, baste recordar que los miles de millones destinados a la reconstrucción de Iraq, han quedado atrapados en la magia negra del engranaje politiquero, como el de llamar contratistas a los mercenarios; porque decirles contratados ya sería suficiente eufemismo.

Y en Iraq ahora no aparece el dinero por ninguna parte. La entidad federal destinada a velar por el presupuesto y sus violaciones, incansable persecutora del exiguo dinero que gastan los que viajan a Cuba, se ha dado tranquilamente por vendida, digo por vencida.

Y todavía en este gobierno de Obama, hay varios que tienen la poca vergüenza de reclamar el combate sin tregua a la corrupción en Afganistán, donde han empleado el mismo escapismo pecuniario.

Por último, ¿dónde está el dinero?

Fácil: de regreso a su lugar de origen, sean ciudadanos o empresas, incrementado con ganancias dobles, procedentes de los propios negocios más las que añade la sempiterna reserva federal, al palanquear su maquinita de hacer dinero, al son de aquello que dice: Al ánimo, al ánimo, ...

12 de noviembre de 2010

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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