Año IX
La Habana
9  al 15
de OCTUBRE
de 2010

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El teatro cubano a todo color

Maité Hernández - Lorenzo • La Habana

 

Un parto con dolor, un grito desgarrante, un acto de rebeldía —como debe ser cada acto teatral— encarnados en Mariela Brito, es la imagen con la cual nos recibe Theater der Zeit en su suplemento especial dedicado al teatro cubano, y que ha sido posible gracias al empecinamiento y la perseverancia de Mhedi Moradpour, Yohayna Hernández y Karina Pino. Una feliz conjunción de la juvenilia teatral cubana y la alemana.

Escrita, concebida y diseñada —tanto en su estructura editorial, como en el amplísimo, variado y hermoso soporte fotográfico— para el lector alemán, la revista, sin embargo, no se abandona y se deja llevar por estereotipos, fórmulas y descripciones elementales de lo que es hoy el teatro cubano. Sus artículos, cuyos autores conforman una apretada representación del ejercicio crítico y docente en la escena nacional, a la vez que ofrecen los elementos necesarios y básicos para introducir a un público no informado en el quehacer teatral de la Isla, reflexionan, cuestionan y ponen en perspectiva su práctica.

De esta forma, la publicación sortea una trampa y una tentación: no ser un mero fresco del paisaje teatral cubano, y más que cubano, habanero. Es un viaje por las diferentes estaciones del teatro cubano más reciente, sin obviar las historias inmediatas que las preceden. No descarta la significación en Cuba del papel de las instituciones y su decisiva influencia en la producción, organización, distribución y formación teatrales. De ahí que la apertura del número sea un pormenorizado texto de Omar Valiño, director de Tablas-Alarcos, partner de esta especial entrega, en el cual va desbrozando lo que pudiera resultar obvio para una parte —no toda— del público cubano y que al lector alemán sitúa en una coordenada muy concreta e importante para entender las dinámicas de producción artística. Llamo la atención sobre este punto porque es algo que en la mayoría de las ocasiones, damos por hecho o dado, y es uno de los pilares fundamentales sobre los que descansa y se determina el andamiaje del teatro nacional.

Un bloque de entrevistas con artistas cubanos —Carlos Pérez Peña, Nelda Castillo, Alberto Sarraín y la referencia a María Elena Molinet—vienen a ilustrar, a través de sus biografías profesionales, diversas experiencias que han ido sedimentando y conformando el cada vez más tupido y complejo movimiento teatral cubano.

Por otro lado, el diálogo de Mhedi con Armin Petras y Philipp Löhle, invitados a la 4ta. Semana de Teatro Alemán en 2008, nos refracta la imagen que no vemos, la que se esconde de nosotros mismos. En esa conversación, no solo estamos siendo percibidos por el otro, sino también, revelados por nosotros mismos como voyeurs, sorprendidos, a la vez, ante algunos elementos ya naturalizados y afirmados por nuestra propia percepción.

Las problemáticas actuales de la escena nacional asumidas desde diversas perspectivas —tradición y ruptura de la dramaturgia, núcleos actuantes de creación, recepción, escenarios cubanos transnacionales, teatro y sociedad, papel de la crítica, tensión entre historia / nación / teatro— se confirman y recomponen en un diálogo crítico que el montaje de los textos visibiliza y potencia.

Sus editores han cuidado, celosamente, no corromper una interpretación crítica, sagaz y verosímil de la escena nacional a favor de mostrar el mejor rostro que el teatro cubano ha dibujado en los años más recientes. A través de sus páginas, el lector alemán se acerca a un teatro imperfecto, diferente, en su natural y legítima diferencia y otredad, de resistencia en muchos órdenes, y permanente y felizmente peleador e irreverente consigo mismo.

Destaco la voluntad de incluir, en ese concepto de nación que cada vez asumimos más desde una nueva ciudadanía cultural y política, al teatro cubano hecho, defendido y confirmado como tal por sus hacedores, fuera de los contornos geográficos del archipiélago cubano.

Cuando en 2006 se abría la 1ra. Semana de Teatro Alemán, entonces era un sueño pensar un proyecto de esta naturaleza. Como acciones promocionales de la escena alemana actual se habían realizado lecturas dramatizadas de autores contemporáneos, proyecciones audiovisuales de obras del repertorio actual, la antología de teatro alemán realizada por Omar Valiño y Maité Hernández-Lorenzo, siempre con el apoyo del Instituto Goethe, primero en la persona de Dietmar Geisendorf y la siempre fiel y entusiasta cubano-alemana Petra Röhler, y desde hace algunos años el optimista y compañero Christoph Bertrams; además de la Fundación Ludwig, hogar natural y propio de estos acontecimientos y, por supuesto, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas a través de la revista Tablas y su colaborador, el dramaturgo y asesor teatral Reinaldo Montero.

Pero esta revista acusa una realidad tangible, como la confirman las decenas de acciones entre montajes, lecturas dramatizadas, talleres, conversaciones, contactos de toda índole que han ido quedando y formando parte ya de una cultura de intercambio y enriquecimiento que viaja en ambas direcciones. La revista se instala entre nosotros también como un documento que marca una nueva fijeza en el campo de las múltiples y variadas intrarrelaciones y proposiciones que el teatro —en tanto acto hecho por hombres y mujeres de hoy, no importa dónde estén ni de dónde vengan— nos impone.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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