Año IX
La Habana
2  al 8
de OCTUBRE
de 2010

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Hijo ilustre de la colina universitaria

Eduardo Torres-Cuevas • La Habana

Foto: Oficina del Programa Martiano

 

La Universidad de La Habana estaba en deuda con uno de sus hijos más ilustres, con el doctor Armando Hart Dávalos. La universidad revolucionaria con uno de sus creadores y animador constante, el compañero Armando Hart Dávalos. Su devoción a esta institución ha estado unida a la historia revolucionaria e intelectual que ha palpitado en claustros y pasillos, en aulas y plazoletas, en la escalinata y en la calle. En sus aulas estudió, aquí se manifestaron sus primeras inquietudes revolucionarias. Aquí vino cuando el funesto golpe de Estado de 1952 para incorporarse plenamente a la lucha, ya iniciado en el ideario martiano. Al triunfo de la Revolución, como su primer Ministro de Educación, fue uno de los gestores de la Reforma Universitaria que abrió las puertas de la histórica Colina al pueblo, a la teoría revolucionaria y al calor científico hasta entonces al acceso de unos pocos. De entonces a hoy, nunca ha dejado a esta, su Universidad.

Pero si el Alma Mater reconoce la fidelidad de este hijo que la ayudó a transformarse y la ha nutrido todos estos años con su constante saber y saber hacer, no es solo por ello que se honra al honrar al doctor Armando Hart Dávalos con su más alta distinción, el Doctorado Honoris Causa en Ciencias Políticas. Son los méritos creadores del revolucionario, del intelectual y del hombre profundamente sensible a todo aquello que signifique una justicia, los que hoy, en esta histórica Aula Magna —la de Mella y José Antonio, la de Fidel, la que guarda los restos sagrados del que nos enseñó primero a pensar, Félix Varela, patriota primero— le hacen merecedor de este título, y de nuestro reconocimiento que va mucho más allá que el acto formal. Los aplausos que aquí se le han tributado son prueba irrefutable de ello.

En pocas vidas se da tanta coherencia entre la práctica revolucionaria, la producción creadora y retadora de ideas. Su vida activa dentro del panorama de la lucha con las armas y con las armas de las ideas, cubre toda la segunda mitad del siglo que termina..., y el Hart que hoy tenemos entre nosotros ya inserta sus trabajos y sus ideas en el siglo XXI. Pocas veces he conocido una pasión revolucionaria tan contagiosa, tan desbordante de inquietudes y búsquedas que lo llevan siempre a nuevos encuentros dentro de los caminos más difíciles de la producción del pensamiento teórico de la Revolución Cubana.

Pasión y fidelidad revolucionaria, sobre todo en tiempos difíciles, parecen ser dos palabras que definen los nortes inequívocos de la vida de este ilustre hijo de nuestra Colina. Vendrá luego la historia, con el decantar del tiempo, y estoy seguro de que entonces se tendrá toda la dimensión de los hombres de hoy. Pero a la hora de que el hoy sea pasado y el frío análisis en su conocimiento más profundo, permita reconocer los lugares de cada quién en una de las épocas más trascendentes de la historia cubana, Armando Hart tendrá el suyo, y por cierto, muy destacado. Urge no solo recuperar la memoria histórica de estos tiempos sino, más aún, crearla, rescatando lo que puede perderse irremediablemente en un olvido sin retorno.

Quien fue fundador del Movimiento 26 de Julio, coordinador nacional del mismo, el primer Ministro de Educación de la Revolución —bajo cuya dirección se realizaron hechos culturales trascendentes como la Campaña de Alfabetización, la Reforma Universitaria, el sistema nacional de becas, las facultades obrero campesinas— creador del Ministerio de Cultura, cuya dirección ocupó durante veinte años y que hoy se nos afana con la divulgación y el estudio de la obra cubanísimamente revolucionaria de José Martí, es ya una figura histórica aún por calibrar en toda su dimensión.

Quizá una de las fases más importantes de la obra de Hart es su producción intelectual. Para quienes la conocemos sabemos que esta brotó de la práctica revolucionaria. Reflexiones, interrogaciones, búsquedas, tanteos, propuestas dispersas en discursos, artículos, folletos, libros, son una inapreciable fuente por la que circula la historia ideológica y teórica de la Revolución Cubana. En ella palpita su fidelidad y cercanía, llena de orgullo, a Fidel. Es la historia de las ideas de una generación que tuvo en la justicia social, en la igualdad, en el internacionalismo, en Martí y Marx, en la Revolución Latinoamericana y en la solidaridad con los humildes y revolucionarios, la razón de ser, de hacer y de pensar. Una generación que hizo posible la Revolución pensada. Hoy la tarea sigue siendo difícil, quizás más que en otros tiempos. Pero ahí tenemos a Hart con la misma pasión creadora. Su Mensaje Educacional, aquel documento de fundamentación de la política revolucionaria en la enseñanza, a principios de la Revolución, sus libros Cambiar las reglas del juego, Cultura en Revolución y el para mí apasionante Aldabonazo, forman parte de la obra cultural de la Revolución.

Quienes hemos conversado con él en los últimos tiempos lo vemos enfrascado con los grandes retos que el pensamiento de la Revolución Cubana tiene ante sí. Sabe, como pocos, que en el rescate de las ideas martianas y en el de los clásicos del pensamiento revolucionario cubano, desde Varela y Luz; Mella y Rubén, hasta Fidel, está la fundamentación de las más profundas raíces de la Revolución Cubana y uno de nuestros más apreciados aportes a la causa de Nuestra América. Y emociona su entrega hoy al reclamo de Fidel: en la cultura y en las ideas están las raíces firmes que eternizan la causa de Cuba y, con ella, de Latinoamérica.

Que la Universidad de La Habana conceda el Doctorado Honoris Causa en Ciencias Políticas al doctor Armando Hart Dávalos, implica una lección de profundo contenido cultural y revolucionario. Sepa usted doctor Hart que, al menos, con ello queremos corresponder, en una pequeña medida, con la envergadura de su obra, incitando, retando, a que desde ya, se inicie el estudio de la misma, fruto de desvelos, amores, entrega, fidelidad, honradez, y capacidad analítica, crítica y creadora. En su modestia casi siempre olvida usted que es también un hacedor de nuestro pensamiento revolucionario, por ello, tendremos que ser otros los que no olvidemos a la hora de crear memoria, que usted forma parte de ese perenne flujo de ideas, y que sin su obra quedarían en la oscuridad importantes aspectos de esta historia vivida y pensada.

Versión de las palabras de Eduardo Torres-Cuevas en el acto de investidura a Armando Hart, con el Doctorado Honoris Causa en Ciencias Políticas por la Universidad de La Habana, el 27 de junio de 2000.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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