Año IX
La Habana
21 al 27
de AGOSTO
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El tema Rita

Sigfredo Ariel • La Habana

Fotos: Ramón Fajardo, Centro Argeliers León y Archivo

 

1.

Hace unos diez años la disquera EGREM preparó una selección de grabaciones de Rita Montaner por su centenario. Abarcaba desde “El manisero” (1928), de Moisés Simons hasta “La chismosa” (1941), de Juan Bruno Tarraza. El disco compacto nunca se fabricó, quizá por el consabido “eso no es comercial” que tan a menudo paraliza para siempre cualquier proyecto, en especial aquellos que documentan la memoria.  

Lo raro es que la portada del inexistente CD se encuentra reproducida, junto con la de otros discos presumiblemente “comerciales”, en el gran cartel de publicidad que la empresa ha instalado en su Casa de la Música de la calle Galiano. Allí estuvo el Jigüe antes Radio Cine, y en su origen Regina, teatro en el cual Ernesto Lecuona hizo muchísimas temporadas.

El 27 de septiembre de 1927, en ese escenario, vestida de calesero, Rita cantó por primera vez “Ay Mamá Inés”, de Grenet, en el sainete “Niña Rita o La Habana de 1830”. Y el mismo día, en la segunda tanda, tocada de indígena, interpretó “Canto Siboney”, de Lecuona, en el cuadro más aplaudido de la revista La tierra de Venus, número que después todo el mundo graba, incluyendo al recién fundado Sexteto Nacional de Piñeiro, que llevó “Siboney” al lenguaje jovial del son con el canto principal de Abelardo Barroso.  

Sobre la puerta de cristal ante la cual ahora mismo se aglomeran los fanáticos de la timba y el reguetón, Rita sonríe desde la portada de un disco que no existe: por esa puerta pasó durante muchos años el público habanero que la adoró. El actual apenas ha oído hablar de ella.

2.

La leyenda Rita Montaner perdura en nuestro imaginario a partir de historias e historietas más o menos apócrifas relacionadas con su “carácter fuerte”, sus rivalidades con otras figuras de la época, su amistad con Chano Pozo y sus broncas con Bola de Nieve; su enfrentamiento a la corrupción gubernamental y su rechazo violento a la segregación racial. En alguna medida se insiste en su carrera como actriz de cine (la televisión cubana ha exhibido con frecuencia La Única y El romance del Palmar), mucho menos que en su trabajo en la música, que permanece poco examinado y lo que es peor, poco comprendido. Sobre la Montaner ondean lugares comunes vencidos por la desinteresada repetición: en especial el más bien idiota “nadie como ella”, que nada dice.      


Romance del Palmar, 1939

Cuando en 1929 se presentó en París en el teatro Palace junto con un grupo de músicos cubanos, su actuación hizo exclamar al joven Alejo Carpentier:

“Rita Montaner se ha creado un estilo; nos grita, a voz abierta con un formidable sentido del ritmo, canciones arrabaleras, escritas por un Moisés Simons o un Eliseo Grenet, que saben, según los casos, a patio de solar, batey de ingenio, puesto de chinos, fiesta de chinos y pirulí premiado.”

Poco antes de presentarse en París, Rita había hecho decenas de grabaciones en Nueva York para la firma Columbia acompañada por dos pianos —Rafael Betancourt y Nilo Menéndez– o una pequeña orquesta. A esa serie pertenecen sus primeras versiones de “Canción azul”, “La gitana”, “Traje de soirée”, “Galanes y damiselas”, “El calesero”, “Noche azul”, “Pavo real”, “Allá en el batey”, “Tus ojos azules”, “Canto indio” y “Canto negro”, de Ernesto Lecuona; “La reglana”, “Espabílate”, “¿Por qué me tratas así?”, “La mulata”, “Lamento esclavo” y “Hatuey”, de Eliseo Grenet; “Palmira”, “Vacúnala”, “Con picante y sin picante”, “Chivo que rompe tambó”, “Serenata cubana”, “¿Qué es el danzón?” y, por supuesto, “El manisero”, de Moisés Simons.

También a finales de la década de 1920 Rita grabó, entre otras, “Te odio”, “Carabalí” y “Vete a colar café”, de Félix B. Caignet; “El quitrín” y “Negra mandinga”, de Jorge Anckermann; “Júrame”, de María Greever, y “Lupisamba o yuca y ñame”, de Sindo Garay, quien formó parte, con su hijo Guarionex del grupo de artistas cubanos que actuaron junto con ella en París en 1929.

Rita interpretó durante toda la vida muchas de las composiciones que aparecieron en sus primeros discos que no solo contienen “canciones arrabaleras” (rumbas, afros, guarachas, pregones, tangos-congos, revesinas), sino romanzas, boleros, criollas y canciones. Su repertorio se desplazará definitivamente hacia las primeras sobre todo cuando al decir de Carpentier: “su voz adquiría en elocuencia, en poder de expresión lo que el tiempo le restaba en frescor...”.


Rita Montaner, 1929

En fecha reciente, el norteamericano Robin Moore opinaba en su muy documentado libro Música y mestizaje. Revolución artística y cambio social en La Habana. 1920-1940 (Editorial Colibrí, Madrid, 2004) que Rita Montaner —como parte de un grupo de figuras como Ignacio Villa y Eusebia Cosme— “tuvo un papel mediador entre ‘la calle y la élite’, difundiendo géneros estilizados de la música afrocubana similares a los que se escribían y tocaban entre las clases medias blancas, aunque interpretándolos de un modo diferente”. Este modo “diferente” es descrito por el autor, páginas adelante, como “un estilo ‘sofisticado’ y a la vez con un toque de ‘autenticidad’”.

Actuaciones teatrales, espectáculos de cabaret y programas radiofónicos, entre ellos Sensemayá, emitido por la emisora CMCF en 1935 con Rita, Bola de Nieve y el compositor y director de orquesta Gilberto Valdés contribuyeron a la difusión de este “modo diferente” que estilizaba expresiones musicales, lenguajes y también rezos y cantos religiosos afrocubanos (de ahí el toque de “autenticidad” al cual se refiere Moore), a diferencia de letras y melodías procedentes del escenario zarzuelero que idealizaban o caricaturizaban situaciones y personajes de la época colonial.

En la primera edición de La música en Cuba (1947) Carpentier valoró esperanzada y positivamente la obra de Gilberto Valdés, en especial sus canciones populares inspiradas en lo afrocubano como “Baró”, “Sangre africana”, “Tambó”, “Bembé”, “Ogguere”, y “Ecó”, en un capítulo que extirpó en ediciones posteriores del libro.


Concierto en el Anfiteatro de La Habana con la música de Gilberto Valdés.
Cantantes: Rita Montaner y Alfredito Valdés. Orquesta dirigida por el autor.

A partir de 1935 Rita Montaner comenzó a cantar composiciones de Gilberto Valdés. Dos años después se presentó en tres conciertos con ese repertorio en el Anfiteatro de La Habana acompañada por una orquesta de 70 músicos dirigida por el autor, el cantante Alfredito Valdés y un coro de 20 voces.

Sobre la interpretación de la Montaner ha dicho Luis Carbonell, testigo especial:

“En realidad era un verdadero espectáculo oír a Rita en piezas antológicas de Gilberto Valdés como ‘Bembé’, ‘Ecó’, ‘Tambó’, ‘Ogguere’, ‘Mango mangüé’ e ‘¿Ilé-nkó?-nbé’. Son obras que se caracterizan no solo por sus dificultades técnicas, sino por presentarlas también en la línea melódica, el ritmo y la extensión, como es el caso de ‘Sangre africana’, que aproximadamente requiere de dos octavas de tesitura, algo ya muy difícil para una cantante. A la música negra de Gilberto Valdés llegó a extraerle unos matices, un brillo, un tono, que honestamente no he escuchado en otra intérprete.” (Fajardo, Ramón. Rita Montaner. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1993). 

Resulta dramático que apenas hayan testimonios de la colaboración Valdés-Montaner, sino en grabaciones dispersas, no profesionales, hoy en manos privadas o empolvadas en herméticos archivos amenazados por el deterioro y la desaparición. Gilberto Valdés es un compositor olvidado, su gran intérprete, Rita Montaner, también, en ese sentido, lo es.

No existen o, al menos no se conocen, grabaciones de obras que en su momento fueron consideradas trabajos extraordinarios de la cantante (por ejemplo, los varios lieder de Lecuona que ella estrenó, entre ellos “Funeral” o las canciones con texto de Juana de Ibarborou).  

Existen fragmentos de “una” “María la O” extraídos de la banda sonora de la fallida película (1947) de Adolfo Fernández Bustamante que solo a trechos permiten suponer lo que pudo haber hecho Rita con esa partitura de Lecuona en el escenario cuando estrenó esa zarzuela en los años 30.

De su trabajo en la radio, en el papel de Lengualisa (La chismosa), se han rescatado algunos programas con libreto de Francisco Vergara y la participación de Alejandro Lugo en los cuales se burla abiertamente del presidente Grau y fustiga al entonces jefe de la Policía Nacional.

En su Discografía de la Música Cubana Cristóbal Díaz-Ayala, entre muchísimos “descubrimientos” que le debemos, da cuenta de la existencia de una decena de grabaciones realizadas en 1943 por Rita en Buenos Aires para el sello Odeón, con la orquesta y el piano de Bola de Nieve. Entre otros títulos incitantes, la serie incluye: “Camarones y mamoncillos” (Miguel Matamoros), “El zun zún” (Lecuona), “Ogguere” (Gilberto Valdés), “Si me pudieras querer”, “Drume mobila” y “El reumático”, (de Bola): una audición pendiente.

No hay noticias de que hayan quedado kinescopios de programas de televisión en los que aparezca, como Rita y Willie, con Guillermo Álvarez-Guedes, ni del multitudinario homenaje televisado que le ofrecieron sus colegas poco antes de que falleciera, víctima de cáncer en la garganta el 17 de abril de 1958.


Una de sus últimas fotografías

Hay trozos grabados de La médium, de Menotti en un equipo doméstico en 1956 y existen unos pocos registros sonoros de mediocre calidad de “Qurino con tré” (Nicolás Guillén-Emilio Grenet), de “Ecó”, de Gilberto Valdés y de “Adiós (linda morena)” (Enrique Madriguera), entre otros extraídos de actuaciones suyas en programas de radio. Casi nada más.  

A nadie se le ha ocurrido hasta hoy “limpiar” de ruidos y saltos esas grabaciones y enfrentarse verdaderamente a quién fue en la música Rita Montaner. En su caso, han ganado la batalla, —o, al menos, mucho terreno— el cuento de pasillo, la bobería aficionada, el elogio hueco. Ahí está Rita, en las cintas o en las estrías de acetato, en espera de que la descifren. Y ha aguardado por décadas.  

3.

Una tarde lluviosa en Radio Ciudad de La Habana “salió” el tema Rita. Esperábamos que la parte técnica estuviera lista para grabar el libreto que se acababa de ensayar. Algunos de los actores del reparto contaban que hacía 40, 50 años, por lo menos la habían conocido, trabajado con ella o apenas visto en los pasillos de CMQ. Narraron anécdotas que habían vivido o que les habían contado. En la mayoría de los cuentos, La Única no siempre quedaba como una persona equilibrada y bondadosa. Hubo quien llegó a decir “no la resisto, nunca la pude resistir”.  

De pronto un estruendo removió las paredes del estudio, parpadeó la luz y terminó la conversación. —Está bueno ya, dijo la anciana actriz Parmenia Silva, quien actuó muchas veces con Rita, sobre todo en teatro. —Está bueno, chica. Ya te vamos a dejar tranquila. ¡Tú no cambias!

Y luego volviéndose, seria, resignada, hacia el grupo: —Vamos a ver si podemos grabar, caballeros... si ella quiere. Rita es así.

Y nadie más volvió a tocar el tema. La grabación del programa se realizó sin contratiempos, casi sin cortes.

Luego supimos que un rayo había caído en lo alto del edificio N, muy cerca del transmisor, que quedó inservible. De milagro no lo destruyó por completo, dijeron al día siguiente los hombres que vinieron a reparar los daños.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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