Año IX
La Habana
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de AGOSTO
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para sumarme al clamor mundial por la paz

Obama y sus niñas

Daniel Chavarría • La Habana

 

Hola Jiribilla, hermanos míos:

Quiero sumarme al clamor mundial por persuadir al Presidente Obama de mantener la paz y no traicionar las promesas que con tanta ternura dedicara a sus dos hijitas, al ser electo Presidente. Véanse los siguientes fragmentos de una carta que les dirigió en esos días:

Queridas Malia y Sasha:

Sé que se han divertido mucho estos últimos dos años de campaña, yendo a  'picnics', desfiles y ferias estatales, comiendo todo tipo de comida basura que seguramente ni su mamá ni yo les hubiéramos dejado comer (...) y eso no compensa todo el tiempo que hemos estado separados (...). Sé cuánto me he perdido en estos últimos dos años y hoy quiero explicarles un poco más por qué decidí llevar a nuestra familia en esta travesía.

Cuando era joven, pensé que la vida se trataba fundamentalmente de mí, de cómo me enfrentaría al mundo, sería exitoso y lograría las cosas que quería. Pero después ustedes dos llegaron a mi vida con toda su curiosidad y magia y esas sonrisas que siempre logran llenar mi corazón y alegrar mi día. Y de repente, todos los grandes planes que tenía para mí ya no parecían tan importantes.  (...)  Y me di cuenta de que mi propia vida no tendría mucho valor a menos que fuera capaz de asegurar que ustedes tuvieran la oportunidad de ser felices y sentirse plenas. Al final, niñas, es ese el motivo por el que decidí ser presidente, por lo que quiero para ustedes y para cada niño en este país.

Quiero que todos nuestros niños acudan a escuelas donde desarrollen su potencial, escuelas que sean un reto, los inspiren y generen en ellos una capacidad de maravillarse del mundo que tienen a su alrededor. Quiero que tengan la oportunidad de ir a la universidad, aunque sus padres no sean ricos. Y quiero que accedan a buenos trabajos, trabajos que paguen bien y les den beneficios como atención médica, trabajos que les dejen tiempo suficiente para estar con sus propios hijos y retirarse con dignidad. 

 

(...)  Y quiero que cada niño tenga las mismas oportunidades de aprender y soñar y crecer que ustedes, niñas, han tenido. Por eso he decidido emprender esta aventura con mi familia.

Estoy tan orgulloso de ustedes. Las quiero más de lo que pueden imaginar. Y doy gracias cada día por su paciencia, porte, gentileza y humor mientras nos preparamos para iniciar esta vida juntos en la Casa Blanca.

Las quiere,

Papá

Confieso que cuando leí la carta, Obama representaba para mí un gran enigma; pero me resultaba más simpático que cualquier otro candidato precedente y hasta supuse que la misiva ratificaba sus constantes alusiones al cambio. También detecté cuánto había de maniobra política en el texto, pero la admití como una movida normal de cualquier aspirante a la Presidencia de los EE.UU.  

Aunque la moral de la política norteamericana tolera engañar a su propio pueblo por servir los intereses de la pandilla satánica que domina el planeta, yo sigo alentando la esperanza de que este mulato, hijo de una blanca cristiana y un keniata musulmán, nos dé una sorpresa. Por su origen genético y su color, necesariamente debió conocer injusticias y humillaciones. Y hasta puedo esperar que no traicione la admiración y gratitud que debieron inspirarle Martin Luther King, Mandela y otros héroes de las luchas contra el racismo; pero sobre todo, me permito esperar que no traicione los compromisos con sus niñas, contraídos al iniciar su gestión presidencial.

Queridos hermanos de La Jiribilla: ayúdenme a levantar peticiones para que Obama relea su carta a Malia y Sacha y cumpla su humanitario programa de ayudar a los niños; y que cumpla también las solidarias palabras empeñadas en su discurso, cuando le otorgaron el Premio Nóbel de la Paz. Y ojalá despierte a la realidad actual, preñada de amenazas calamitosas, y valore las sugerencias de Fidel, la cabeza política más augural y certera de nuestra época.

Daniel Chavarría
10 de agosto de 2010

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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