Año IX
La Habana
10 al 16
de JULIO
de 2010

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francisco Blanco:

Un octogenario atrapado por Internet

Paquita Armas Fonseca • La Habana

 

Galería de Imágenes:  Homenaje a Francisco Blanco
Selección de imágenes de la serie ¡Ay, vecino!

 

Francisco Pascasio Blanco Ávila, nació en La Habana, en 1930. Pero este hombre que así se presenta en su web ¡Ay, vecino! es conocido en el mundo gráfico por Blanquito. Y como anda en pos de las ocho décadas y lleva más de 60 años publicando sus dibujos, en este Aquelarre se le ha rendido un homenaje especial: en el vestíbulo del teatro Carlos Marx se inauguró una muestra con parte de su obra.
 

Defensor sistemático de la historieta, ha sido maestro de múltiples autores que hoy publican sus dibujos. Fue director del semanario Palante y editor de las revistas Pablo, Cómicos y Mi Barrio. Es autor de historietas humorísticas didácticas  como Matilda y sus amigos, Pol Brix contra el ladrón invisible, Los siete samuráis del 70 y Trucutuerca y Trescabitos. Tiene publicados numerosos libros y cuando la mayoría cuelga los guantes, Blanquito se entusiasmó con Internet.

¿Desde cuándo dibujabas? ¿Por qué?

Desde niño. Sobre el suelo de la sala en casa, y en el pupitre para no aburrirme en el colegio. No pocas veces me castigaron  por no atender a la clase o por caricaturizar a la maestra.  Sin embargo, siempre saqué buenas notas en primaria.

¿Cuándo publicas por primera vez y por qué del deporte?

Esta anécdota está explicada ampliamente en mi blog. Se lo debo a Pepe Agraz, director de la revista FOTOS, quien descubrió mis aptitudes en 1948, porque yo era aprendiz de linotipo en el taller donde él imprimía la publicación. Años después ya como operario de El Mundo, colaboré algún tiempo en las páginas deportivas de ese diario. Con su intervención revolucionaria a fines de febrero de 1960, pasé a sustituir al veterano Antonio Prohías, que en breve se iría  del país. También en el blog publiqué esa despedida. Por entonces simultaneaba con el Departamento de Dibujo de Prensa Latina.

¿Qué te llevó a crear las historietas didácticas?

Siempre y después como autodidacto me encantaban los "cómics" de cualquier tipo, aventuras, acción, cómicos, etc. Practiqué todas las modalidades. La historieta didáctica es más rígida, tienes que adaptarte a un guión muy estrecho y siempre trato de ponerle la mayor cantidad de fantasía para hacerlo más ameno. Pero es más difícil de lograr. Sin embargo, sientes una gran satisfacción cuando logras llegar donde el academicismo no puede. Hasta idioma se puede estudiar por cómics. Lo que nunca pude lograr en matemáticas y otras asignaturas de ciencias exactas en mis días de estudiante, hoy Universidad para Todos lo hace más comprensible. Es la apoyatura gráfica que antes no existía en las aulas.
 

Cuéntame alguna alegría que te haya dado ¡Ay, vecino!. A propósito, ¿cuantos años llevas publicando esa historieta?

La primera tira de ¡Ay, vecino! se publicó el 27 de abril de 1967 en Palante. Esa idea me vino una noche de repente, como una caricatura más. Creo que por vivir en un primer piso constantemente estoy viendo lo que ocurre en los balcones frente a mi casa. Lo curioso es que al terminar la primera tira, me surgió otro argumento y así uno tras otro hasta completar cinco dibujos. Había salido el sol sin darme cuenta. Desayuné y  me dirigí al director Guillermo Santiesteban  a "venderle" la idea de una sección fija —máxima aspiración de todo humorista gráfico—, pero me lo negó alegando que con dos personajes en dos balcones era imposible construir una saga permanente. Esa limitante me motivó y al día siguiente me aparecí con otras cinco, con lo que creí haber ganado la partida. Falso: Había logrado el espacio, pero él consiguió diez ediciones de un tiro, con lo que aseguraba un buen "colchón" semanal para la publicación. Algo muy importante que comprendí años después como director de la misma publicación. Todavía hoy, cada vez que Santiesteban me ve, me recuerda aquel incidente y que no puede creer que ¡Ay, vecino! lleve ya 43 años consecutivos saliendo. Yo tampoco me lo explico.

Cuando la mayoría de la gente piensa en retirarse, descubriste Internet, ¿cuánto te ha cambiado esa tecnología?

Llegué tarde a Internet, pero es una magnífica herramienta. Lamento que para muchos sea solo un entretenimiento. Cuando pienso en los tiempos de goma y tijera, de ampliación por cuadrícula, y otras torturas artesanales, siento no tener ocho años en lugar de los 80 que me persiguen.
Claro, esto no tiene nada que ver con el talento. Si no tienes la musa que te sople al oído, jamás harás una obra de arte. Hay que tener muchas horas de vuelo para lograr sacar los diez mil dibujos malos que uno lleva adentro. Recuerda que la vocación es un trípode en el que descansan lo volitivo, lo afectivo y lo cognoscitivo. Si le falta una sola pata, el aparato se cae.

En cuanto a Mi Computadora,  gracias a la ayuda de mi hijo que la entiende mejor, he podido lograr algunas "cositas", pero soy muy bruto para guardar, archivar o navegar; doy "teclazos" a menudo que me borran lo bueno y, sin embargo, lo malo se queda allí en la pantalla riéndose de mí, y cuando me pongo nervioso, me bloqueo y tengo que levantarme de la silla porque no doy pie con bola. Aun así no puedo despegarme de ella: es el juguetico que nunca tuve de niño, y que me hace olvidar la vejez, porque no pienso en ella.
 
Solo puedo decirte que tengo dificultad para conseguir los materiales de dibujo y  donde vivo, —cerca de la Esquina de Toyo—, se me hace imposible llevar los originales a la redacción por dificultades con los  ómnibus P articulados que paran donde menos te lo imaginas. Ojalá pudiera, pero ya  no puedo caerle atrás como antes. Si no fuera por Internet, hace rato que Blanco hubiera colgado los guantes definitivamente.
 

¿Cuántos visitantes ha tenido tu ¡Ay, vecino!?

En cuanto a "impactos" —según los teóricos— voy por unos nueve o diez mil. No es un récord, pero parece un buen average teniendo en cuenta que comencé el blog en agosto de 2008 con mi primer trabajo "El regreso del caballero" cuando visité la casa natal del popular gallego, y la exposición que monté en el Museo Etnográfico y Comarcal de Fonsagrada, coincidió precisamente con el  9 de agosto, Día del inmigrante. Lo que nunca hizo en vida el Caballero de París lo realizó su fantasma durante aquellas festividades.

¿Cómo se siente un casi octogenario?

Ya te lo dije: estoy como  un niño con juguete, aquí tranquilo con mi computadora.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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