Año IX
La Habana
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de 2010

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LÁZARA HERRERA

Hasta el sol de hoy

Eileen Sosin y Rachel Domínguez • La Habana

Fotos: Cortesía de la Oficina Santiago Álvarez

 

Como abanderada de la obra del gran cineasta que fue Santiago Álvarez, la cual —insiste— está viva aún, Lázara Herrera tiene mucho que contar. Fue, además, su leal compañera durante aproximadamente 30 años. Eso puede ser demasiado tiempo, sobre todo por los testimonios y anécdotas que comparte con quienes se interesan por el artista y el hombre. Nadie puede negar que, como directora de la oficina del Festival de Documentales Santiago Álvarez in memorian, desempeñe un rol trascendental para preservar y promocionar su obra tanto la documentalística, como los más de mil quinientos números del Noticiero ICAIC.

Es extrovertida y le gusta conversar, sobre todo de Santiago. Por ello, a partir de ahora será la propia Lázara quien exponga argumentos, opiniones y puntos de vista sobre el cineasta y su quehacer tras las cámaras.

¿Cómo conoció a Santiago?

Precisamente en esta misma oficina. Por aquel momento yo trabajaba en el departamento de Relaciones Internacionales del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP); allí servía de intérprete a las delegaciones extranjeras que visitaban al país, puesto que no existían aún los Servicios de Conferencias de Cuba.

En el año 1968, con motivo del 1ro. de Mayo, llegó una delegación de Vietnam a la cual serví de intérprete. Santiago iba a trabajar con ellos y por esa razón tuvimos que reunirnos un par de veces para ultimar detalles sobre la programación de la visita. Así nos conocimos.

A mí me gustaban mucho los noticieros. Cuando estaba becada, iba frecuentemente al cine con mis amigos, porque se podían ver cosas que no ponían en la televisión. La primera vez que lo vi me pareció un hombre muy simpático y jovial; durante la entrevista los vietnamitas se “desmonñingaban” de la risa con todo lo que él decía. También recuerdo que la oficina era una locura de libros y latas de cintas por todas partes.

Santiago era un conversador muy grato, muy agradable; tenía un registro de lenguaje muy alto, pero no era pedante. Además era bastante “sato”.

Cuando terminó la entrevista, nos acompañó hasta la salida del edificio y, antes de que el Cadillac en el que nos íbamos arrancara, le guiñé un ojo. Así comenzó todo... hasta el sol de hoy.

Y usted vivió a su lado casi todas las emisiones del Noticiero...

Eso sí. Santiago se hizo cineasta en el Noticiero ICAIC. Cuando Alfredo (Guevara) decide crearlo, hace 50 años, había un contexto político que lo hacía necesario. Escogió a un hombre que no sabía de cine; pero que tenía talento, inteligencia, cultura y era un hombre políticamente seguro. Santiago creyó en su tarea. Había que hacerla, y hacerla bien. El Noticiero fue su escuela y la de muchos de sus compañeros. Por eso se sentía orgulloso de haber logrado formarse cortando películas y viendo mucho cine, tratando de crear algo que fuera distinto. Buscaba buenos narradores como lo fue Julio Batista y Ernesto López, jugaba con la música y con la edición de forma que todo se integrara perfectamente.

Hay noticieros antológicos como es el número 421, que fue sobre el fenómeno Black Panters. Es una mezcla ingeniosa entre el narrador, la banda de sonido y la imagen. Eso lo logró el tiempo, la práctica, asistir a las salas de cine a ver la reacción de la gente ante el trabajo.

Me gustaba muchísimo venir cuando Santiago editaba con Miriam Talavera. Lo que me encantaba era cuando mezclaban imagen y sonido, aunque a veces lo acompañaba a alguna filmación.

 

Los noticieros siempre tocaban temas neurálgicos de la actualidad tanto de la cubana, como de las latinoamericanas, ¿cómo era el proceso de organización y realización de cada noticiero?

Santiago no hacía guiones ni nada. Él se mantenía constantemente informado, se pasaba la noche, por ejemplo, escuchando la radio. Tenía la capacidad de, entre muchas cosas importantes que estaban sucediendo en el mundo, elegir la que sabía que iba a “dar el golpe”. Oía muchas noticias, radio internacional, leía cuanta prensa le caía en las manos, recorría el Granma de arriba abajo; si Fidel hablaba, leía el discurso varias veces y señalaba los párrafos que le interesaban. Ese era su método.

Mucha gente pregunta: “¿cómo Santiago adivinó que iban a bombardear Hanoi?” Él estaba en México y constantemente escuchaba información sobre la guerra de Vietnam. Un día pide autorización para ir a Vietnam, va con Iván (Nápoles) y empieza a recorrer esa ciudad. Sabía que aquello iba a ser, lo leyó entre líneas. Además, los vietnamitas dormían la siesta y a esa hora Iván y Santiago salían con el traductor en el carro a recorrer la ciudad con la cámara. Y, ¿a qué hora bombardearon? A las 3 de la tarde, los sorprendieron durmiendo.


Con Ho Chi Minh

Otro de los noticieros que más me gusta es uno que se hizo dentro de una UMAP, con entrevistas a las personas que estaban allí. Incluso ponía música de los Beatles cuando no se podía poner en la radio. Él era el que metía siempre el dedo en la llaga, el que podía hacer el noticiero y ponerlo en el cine cuando ningún otro periódico o periodista tocaba estos temas. Santiago no les temía a los problemas, eso era característico de él. Fue apologético y fue crítico también, decía que había que hacer crítica honesta, decente.

¿Usted cree que en estos momentos se pudiera rescatar el Noticiero ICAIC?

Ojalá lo tuviéramos, pero no creo que se vaya a volver a hacer. Creo que es insoñable.

¿Por qué?

Es muy complejo. Primero, hay un problema de recursos reales; luego, hay que encontrar una persona que lo asuma con energía y honestidad. No estoy diciendo que no haya una persona como esa. No tiene que ser Santiago Álvarez, pero que como él sepa aglutinar a los talentos correctos. Tienen que confluir muchos elementos como pasó cuando se creó el Noticiero. Aquello era un hervidero de capacidades, distintas pero bien aprovechadas y dirigidas.

Ahora casi no se hace crítica, y nosotros necesitamos criticarnos porque cometemos muchos errores. Si no los criticamos, no vamos a saber cómo resolver nuestros problemas. Hay que discutir con la gente y exigir respeto. El día que se cerró el noticiero ICAIC, fue un error. Pienso que la cosa no es reabrirlo, sino nunca haberlo cerrado. Santiago sufrió mucho por eso, sabía que era un disparate. Pero era también lo más cómodo ante la falta de recursos, aunque esa no haya sido la única causa. Sí creo que ese espacio hace mucha falta y no solo en el cine. Ojalá pudiera ser.

Santiago luchó muchísimo. Después de que el noticiero desapareció logró tener un espacio en la televisión donde se reponían algunos números. Hay que ponerlo, así como los documentales que hizo. De lo contrario las nuevas generaciones se van a perder esa parte de la historia puesto que todos esos materiales están poniéndose viejos. De los noticieros hay digitalizadas unas setenta ediciones, pero solo eso.

A veces pienso que los muchachos están haciendo estos documentales agresivos, en ocasiones sin una buena investigación de fondo, porque no conocen del todo de dónde vienen en materia de audiovisual. Quizá tuvieran otro punto de vista (con más humor e ironía) si pudieran acceder a estos materiales. Los espacios en que hemos podido ver los noticieros han sido el Chaplin y en el Festival de Cine donde a veces hacen un espacio para poner dos o tres seguidos. Pero en la televisión son muy pocos lo que se ven y, aunque son más de mil, se ponen siempre los mismos.

¿Cuál es su opinión, en calidad de directora de esta oficina, sobre la documentalística joven en este momento?

Soy de la opinión de que en ese “reflejar la realidad” los puntos de vista no son totalmente genuinos. Creo que se han creado una especie de clichés (el funcionario recto, la prostituta, la emigración...) que convierten recurrentes a sus materiales y hay muchas otras cosas de las cuales hablar.

Pienso que necesitan ver mucho cine, documentales cubanos, extranjeros, todo. No hay que creer tanto en los premios, no son siempre justos y están condicionados por disímiles elementos. También hay buenos ejemplos: Buscándote Habana, Tacones cercanos o Ciudad del futuro. ¿Cuál de ellos he dicho que es un documental apologético y sin recursos inteligentes? Los tres están muy bien hechos, hacen pensar y eso es fundamental.


Con Alfredo Guevara

¿Cree que exista alguna influencia de Santiago Álvarez en los documentales hechos por jóvenes que se presentan en este festival?

¿La verdad? Muchos no saben ni quién es Santiago Álvarez. Hay que hacer mucho por eso todavía. Hay que ir a las escuelas, poner el cine de Santiago. Tengo compañeras que vieron el primer documental de Santiago aquí en el ICAIC y se graduaron en el Instituto Superior de Arte (ISA). Nosotros logramos tener un Aula Santiago Álvarez en la Facultad de Comunicación, logramos que se abriese una cátedra en su honor en Santiago de Cuba y también en la Escuela de cine.

Muchos de estos materiales se han deteriorado y, por supuesto, el proceso para salvarlos es muy costoso. Los primeros nueve noticieros fueron restaurados hace poco en México. También hay un proyecto en Venezuela con esta finalidad. Pero son mil cuatrocientos noventa y tres noticieros. Si hay una persona que puede restaurar dos hay que aceptárselo porque jamás vamos a encontrar el mecenas que quiera, y pueda, restaurarlos todos.


Lázara, Raúl y Santiago Álvarez

Esa es otra de las grandes batallas de esta oficina, creada por demás con ese propósito: no dejar que su legado muera. En el último noticiero, Santiago dice que tuvo dos grandes sueños en su vida: dirigir un canal de noticias de 24 horas en Cuba y crear un festival solo de documentales. Eso fue en julio de 1991. Estábamos en un evento en Guantánamo y dijo que quería hacerlo allí, frente a la base del imperialismo para combatir al enemigo. A finales de 1998, año en que murió Santiago, la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de Santiago de Cuba retomó esta idea y me hicieron la propuesta.

Surgió el Festival y desde la primera edición se recibieron materiales de otros países; el número aumenta edición tras edición. Creo que Cuba va levantando en ese sentido.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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